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Deportes

Kosuke Hagino culmina su obra con un oro en los 400 estilos

AS | Sábado 06 Agosto 2016 | 20:44 hrs

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Rio de Janeiro.- Después de ser bronce en Londres 2012, y de que Ryan Lochte y Michael Phelps hayan renunciado a estos 400 estilos que requieren un entrenamiento brutal, el japonés Kosuke Hagino ha logrado el sueño de proclamarse campeón olímpico. Y lo hizo en una carrera ajustada los últimos metros, pero siempre mantuvo controlada por el japonés (4:06.05), aunque llegó justo de fuerzas al final.



Hagino un gran dominio técnico, lo que le permite no tener puntos débiles en cualquier de los cuatro estilos. Lanzó la prueba su compatriota Seto, que fue bronce (4:09.71), quien le hizo de liebre en la posta de mariposa. Iba cómodo Hagino, en segundo lugar, controlando con la mirada al estadounidense Kalisz, quien había marcado el mejor registro al mediodía. Pero Hagino cambio de tercio en la espalda. Se puso primero y ya no dejó esa posición.

Los nadadores japoneses son los más pulcros en el agua, tienen un dominio de los estilos y de los gestos que compensan sus carencias musculares. Hagino, que ha tenido en Phelps un espejo, ha mejorado el nado subacuático copiando la técnico del estadounidense, apuntando su cuerpo hacia el fondo de la piscina para que la resistencia del agua sea menor y poder avanzar más rápido. Eso y su gran posta de braza le sirvieron para ganar la prueba, por delante de Kalisz (4:06.75).

El español Joan Lluis Pons, el más bajito de los participantes, nadó contra gigantes acuáticos a sus 19 años. Su final y su medalla la logró al mediodía, al batir el récord de España en dos segundos y colarse en una final inesperada, un sueño que le anima a seguir su puesta a punto con vistas a Tokio 2020. 'Joanllu', así le conocen amigos, finalizó la prueba en última posición, pero con un diploma olímpico bajo el brazo (4:16.58).

Horton devuelve a Australia a la cima del 400 libre

En los últimos 15 metros de la prueba, el chino Sun Yang, campeón olímpico de 400 libre en Londres, aumentaba las revoluciones de sus brazadas para dar alcance a un chico australiano de 20 años que nada como si no compitiría. Avanzaba Mack Horton con parsimonia, sin perder el estilo, sin apenas cambiar el ritmo ni la frecuencia, pero metiendo más pies. Y así, con ese mínimo margen, Horton se ha proclamado campeón olímpico de 400 libre por solo 13 centésimas.

Australia recupera el trono de esta distancia mítica de la natación, que tanto encumbró Grant Hackett a principios de siglo, cuando Horton era apenas un niño que soñaba algún día que ser como él. Pues ya puede presumir de una medalla de oro.

Los 400 libre siempre premian la serenidad y nunca la locura. Esa que le dio al británico James Guy, un gran nadador pero sin mesura, que salió como un torpedo. Lideró la prueba durante 300 metros, pero le faltó fuelle para seguir el cambio de ritmo de los medallistas y finalizó en sexta posición, a más de tres segundos de Horton. El australiano, siempre camuflado entre la quinta y la tercera posición, aceleró en los últimos 100 metros y se batió en un bonito duelo con el chino Yang, que ha llegado a tiempo para subirse a otro podido después de sus problemas de dopaje en 2014 (3:41.68).

El bronce fue para un nadador que representa el espíritu italiano. Gabriele Detti pertenece a una generación de fondistas, capitaneados por Gregorio Paltrinieri, que han devuelto a este país a la elite mundial. Apareció por detrás, reservando fuerzas, para hincarle el diente a un bronce que le sabe a oro (3:43.49).

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