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Deportes

Crédito erróneo; Lance Wyman no es el autor

Agencias | Sábado 01 Octubre 2016 | 07:35 hrs

Agencias |

Ciudad de México.- Este hombre se ha adjudicado, ya no digamos un logoti­po sino la creación de un programa que tomó mucho tiempo definir y establecer, de muchas au­torizaciones y de mucho de­sarrollo”, dice Javier Ramírez Campuzano, hijo del arqui­tecto Pedro Ramírez Vázquez (1919-2013), sobre las pala­bras del diseñador gráfico es­tadunidense Lance Wyman (Newark, 1937) acerca de que él fue quien diseñó el logotipo de México 68 y buena parte de la estética que se usó para la Olimpiada cultural de ese año.



Ramírez Campuzano afirma que ha ocupado los últimos dos años para do­cumentar que el diseño grá­fico, incluido el logotipo, de los Juegos Olímpicos de Mé­xico 68 nació en el despa­cho de su padre, quien fungía como “director de la orques­ta” y contaba con el apoyo “in­condicional” de los creativos Beatrice Trueblood y Eduar­do Terrazas. Wyman, agre­ga, sólo llegó a México “como ayudante, para hacer trabajos auxiliares, la talacha” y cuan­do ya estaba todo práctica­mente concebido.

Durante ese tiempo, el hijo del prolífico arquitecto tam­bién se ha ocupado de obte­ner las constancias jurídicas que le acreditan como titular de los derechos de autor de su padre y como su heredero le­gítimo, por lo que se dice listo para defender jurídicamen­te el proyecto publicitario de México 68 que surgió en el despacho de Ramírez Váz­quez. “Ya tengo que actuar” y “habrá que hacer lo que se deba hacer”, dice sobre el ca­mino que seguirá en contra de las palabras de Wyman.



CREATIVO. Javier Ramírez Campuzano afirma que el diseño gráfico de México 68 nació en el despacho de su padre.

TRES ELEMENTOS

En 2014, el Museo Universi­tario de Arte Contemporáneo (MUAC) organizó la exposi­ción De ida y vuelta. Wyman: iconos urbanos, curada por Pilar García y que tenía al es­tadunidense como protago­nista. “Yo no fui, pero me han dicho que de alguna manera se inducía que él era el autor del diseño y que todo gira­ba alrededor de él. Está mal, porque fue un trabajo colec­tivo: ni él concibió el progra­ma ni él lo decidió, todo fue desarrollado bajo un direc­tor de orquesta que era Pedro Ramírez Vázquez y dos ex­traordinarios lugartenientes”, enfatiza Ramírez Campuzano.

Wyman, por su parte, ofre­ció entonces decenas de en­trevistas en las que afirmaba ser el autor de gran parte del diseño de los Juegos Olím­picos a pesar de que en no­viembre de 1966, cuando llegó a México, sólo sabía que aquí “había piñatas”. En varias ocasiones ofreció detalles y explicó que él descubrió que los cinco aros olímpicos po­dían usarse para generar el 6 y el 8. “Me di cuenta de que había surgido una forma muy distintiva. Hice lo mismo con las letras de México para que tuvieran el mismo estilo. Ahí ocurrió la magia”, explicó en una de esas entrevistas.

El hijo de Ramírez Vázquez dice que en el archivo de su padre está la minuta de una reunión de octubre de 1966 en donde se estableció cómo de­bía ser el logo. Como su obra arquitectónica, explica, Ramí­rez Vázquez pidió que contu­viera las constantes culturales mexicanas: debía contener la fecha, el lugar y el evento, en un solo elemento: “el lugar era México, la fecha 68 y el evento los aros olímpicos; fue idea de él. Entonces, Terrazas le puso paralelas y Ramírez Vázquez dijo: ‘con paralelas puede ser huichol’ y le incorporaron dos líneas, pero pudieron haber sido dos o tres”.

Con esos elementos, “ya que habían empezado a hace carteles, Ramírez Vázquez le dijo: ‘aquí caben los aros y se le integraron, esto lo ha dicho Terrazas cuando se hizo la ex­posición Diseñando México 68: una Identidad Olímpica en el Museo de Arte Moderno (en 2008)”. Aún más, Ramírez Campuzano cuenta con la fi­cha del Registro Público del Derecho, número 50030 y fechada el 12 de julio de 1967, donde aparece el logotipo en verde y amarillo con la firma de su padre sobre el diseño.

Wyman también ha dicho que el logo surgió de un con­curso que el mismo Terrazas le comunicó que se llevaría a cabo en México por lo que contactó a otro diseñador, Pe­ter Murdoch con el que llegó al país en noviembre de 1967. Ramírez Campuzano dice que tal certamen jamás exis­tió: “Nunca hubo un concurso, eso es una mentira pavorosa, Trueblood y Terrazas viven, nunca hubo un concurso y este hombre se ha adjudica­do la paternidad de todo ese trabajo”.



SÓLO AYUDANTE

En la misma minuta de una reunión que refiere Ramírez Campuzano, a donde también asistió Mathias Goeritz, se de­cidió traer algunos diseñado­res para que auxiliaran “con la talacha porque no había tiempo de capacitar a jóvenes mexicanos”. Ramírez Vázquez había sido nombrado presi­dente del Comité Organiza­dor de los juegos en julio del mismo año y por entonces, dice su hijo, en México había una carrera de diseño indus­trial pero no tanto de diseño gráfico, por lo que ya no había tiempo de capacitar a jóvenes ayudantes.

Ahí, afirma, se decidió in­vitar a Murdoch y Wyman, pero cuando llegaron “ya es­taba prácticamente definida la simbología deportiva, mu­chas cosas, todo un progra­ma de identidad que tenía una función y un objetivo. Llega­ron 97 delegaciones y para el programa cultural se crea una simbología de eventos cultu­rales que eran el mismo nú­mero de eventos deportivos, esa simbología ya estaba dise­ñada cuando llega Wyman, si acaso le da un toquecito final, le echó un poco más de sal a la receta que ya estaba hecha”.

A Wyman, Ramírez Cam­puzano le reconoce el diseño de las contraportadas de los programas culturales de Mé­xico 68; respecto a los timbres postales que se diseñaron, dice que Trueblood le encargó al estadunidense dibujar los di­seños que ya estaban definidos y le permitió hacer el trabajo en su casa, pero que se eno­jó con él porque “les pone su nombre, sólo le pidió dibujar­los, si yo doy la receta de coci­na, la haga quien la haga, en la cocina que la haga, la receta es de una persona, pero él se asu­me como tal y no es verdad”.

Tampoco, agrega, perte­necen a él los diseños de las siluetas de las disciplinas de­portivas que se llevaron a cabo. La idea, asevera, surgió en octubre de 1966 y fue ins­pirada en las ánforas griegas “que tienen muchos corredo­res, que se les da vuelta y em­bonan, ellos pensaron hacer todos los deportes con este sentido. Se le dieron a Wyman y él los desarrolla así, lo más que podría decirse es que es coautor, pero en todo lo de­más no. El logotipo lo termi­nó un diseñador que se llama José Luis Ortiz y toda la sim­bología cultural la desarrollo una muchacha que vive en París, Beatriz Colle”.

En una carta de marzo pa­sado, Héctor Ortega San Vi­cente, quien fungía como Director Administrativo del Comité Organizador de Méxi­co 68, le confirmó a Ramírez Campuzano que a Wyman “se le contrató como persona físi­ca, como a algunos otros, para desempeñar trabajos auxiliares en el Departamento de Publi­caciones del Comité Organiza­dor” y todo desde el despacho de Ramírez Vázquez, que se ubicaba en Fuentes del Pedre­gal 170, en San Ángel.

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