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Economia

El 'gasolinazo' arruinó los pronósticos para 2017

Excélsior | Jueves 26 Enero 2017 | 10:34 hrs

Agencias |

Ciudad de México.- El “gasolinazo” ha arruinado los pronósticos de inflación para este año. Además, vendrán más revisiones al alza, dado que todos los analistas se quedaron cortos respecto al pronóstico de inflación para la primera quincena de enero.



Algunos ya se ajustaron, como Santander, que ayer revisaba su estimación de 4.8% a 5.0%, o Banorte-Ixe, que puso su nuevo número en 5.7%. Aun así, todo queda muy lejos de aquel 4% que esperaba el consenso a principios de diciembre: la mediana de los analistas, actualmente, es de 5.0%.

En aquel entonces, llamadinero.com estimaba 4.5% y estaba en la parte alta. Ahora  prevemos que los precios se incrementen un 6.0% en este 2017, resultado en esencia de 1.5% registrado en la primera quincena de enero más nuestro pronóstico previo al “gasolinazo”.

Pero, además, también ha alterado las expectativas de alza de tasas de Banco de México (Banxico). Si a principios de diciembre la mediana de analistas se ubicaba en 6.38%, actualmente los analistas prevén que el Banxico tendrá que ser más agresivo y llevar las tasas a 7.0% al cierre del año.

El mayor costo del dinero junto con la erosión que la inflación generará en la capacidad de compra y el consumo ha hecho que los analistas revisen a la baja su expectativa de crecimiento para 2017 de 1.8% a 1.5%.  Nuestra estimación es, desde principios de diciembre, de 0.7%. 

La conjunción de la rápida depreciación del peso tras el triunfo de Trump y el “gasolinazo” hizo que el número de inflación para la primera quincena de enero fuera letal, peor a lo pronosticado: se incrementó 1.51 por ciento.

El dato sorprendió al mercado, cuyo consenso estimaba un aumento de 1.27%. NI el analista con el pronóstico más alto le llegó al dato publicado. La cifra, a su vez, significó un sustancial deterioro respecto a la tasa de 0.03% que se registró en la primera quincena de 2016, o respecto a la tasa de 0.13% observada en la segunda quincena de diciembre. Para que se hagan una idea, no se registraba un incremento quincenal tal virulento en la inflación general desde la primera quincena de 1999.

El número es horrendo: si partiéramos de cero, en sólo una quincena la inflación se ha comido la mitad del objetivo central del Banxico para todo el año, que es de 3.0%. Lo malo es que no partíamos de cero: la segunda quincena de diciembre terminó con una tasa anual en la inflación general de 3.24%. Los precios ya se ubicaban por encima del objetivo central, aunque todavía en una zona confortable, dentro del rango establecido por el Banxico de entre 2.0% y 4.0%.

Pues bien, el dato quincenal de enero destrozó el techo de 4.0% y llevó la tasa anual a 4.78%.

Esa tasa contrasta con otra de apenas 2.48% hace un año, por lo que el escenario inflacionario ha cambiado mucho de principios de 2016 a estos inicios de 2017. No se registraba una tasa anual quincenal tan alta desde la segunda quincena de septiembre de 2012. Y para una primera quincena de enero, no se había visto un número tan elevado desde 2009.



 



El efecto

Sin duda, la mayor parte de la culpa fue del “gasolinazo”, cuyo impacto se dejó sentir en la inflación no subyacente, ésa que concentra los precios de alimentos frescos y energía, y muy en especial en el rubro de “energéticos”.

Ese subcomponente aumentó  12.66% en la primera quincena. Desde el año de 1991 no había acontecido un aumento tan brutal de los “energéticos” en una quincena.

A eso hay que sumar que, junto con el incremento del precio de la gasolina, se elevaron los precios de algunos transportes: eso implicó que las “tarifas autorizadas por el gobierno” se inflaran 1.81% en la quincena, también un aumento nada desdeñable.

Quizás este componente todavía no ha incorporado plenamente el “gasolinazo” y puede seguir presionado, además de que su impacto puede contaminar otros componentes de la inflación, sobre todo mercancías.

El resultado fue que el componente que aglutina esos dos rubros, “energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno”, subió 8.88% en la quincena, algo no visto desde el año de 1996. La tasa anual pasó  de 2.46% en la segunda quincena de diciembre a casi 12% en la primera de enero.

Afortunadamente, el otro componente de la inflación no subyacente, el de “agropecuarios” se redujo en la quincena 1.02% ante el fuerte declive de las “frutas y verduras” (-3.31%).

Eso moderó el alza de la inflación no subyacente.  Aun así, el aumento fue de 5.03% en la primera quincena, también la más elevada desde 1996. Con esto, la tasa anual de la inflación no subyacente fue de más de 8.0%, y fue la causa de que la inflación general hiciera pedazos el límite superior de 4% del rango objetivo.

Si dijéramos que este “gasolinazo” fue una medida excepcional, de una sola vez, podríamos pensar que una vez absorbido ahí se quedaría. Pero nadie nos lo garantiza: se teme que el 3 de febrero el  gobierno  podría anunciar otro aumento en los precios de las gasolinas para ajustarlo a los niveles internacionales y recortar el subsidio.

Y a partir del  18 de febrero, los ajustes serán diarios: ahí empezará a moverse con las cotizaciones internacionales, sobre todo a partir de dos referencias publicadas por Platts: la gasolina Unleaded 87 para la Magna y la Unleaded93 para la Premium.

Su tendencia es difícil de pronosticar, pero su plan energético de “America First” que planea producir más energía a nivel nacional puede abaratar los precios de los combustibles en Estados Unidos, si bien hay que recordar que están cotizados en dólares y expuestos también a la variación cambiaria. Sea como sea, hasta principios de 2018, si nos va bien, no regresará la tasa anual de la inflación no subyacente a niveles más tolerables.

Más allá del “gasolinazo”, la inflación subyacente, esto es, el indicador que marca la tendencia sostenida y duradera de los precios una vez se extirpan sus elementos más volátiles de alimentos frescos y energía, también anda bastante presionada y a punto de rebasar esa tasa de 4.0%.

 eso se refleja sobre todo en las “mercancías”, que son los bienes comercializables sujetos a un mayor impacto por la depreciación del peso a la hora de ser importados o producidos con inputs extranjeros.

Sólo en la primera quincena, los precios del rubro de “alimentos, bebidas y tabaco” aumentó 0.82%, el aumento más alto desde enero de 2014, cuando la reforma fiscal golpeó a ese componente. Con eso,  la tasa anual ya es de más de 5.0%, y es previsible que siga trepando.

Al contrario que en 2014, cuando el impacto se debió a la subida de impuestos, aquí el impacto tampoco es de una sola vez, por lo que será difícil que la inflación de alimentos se reconduzca a tasas cercanas a 3.0% como se observaba al inicio del año pasado. 

La inflación de servicios es la que ha permanecido más aislada del “gasolinazo” y la depreciación del peso: en la primera quincena la tasa anual se ubicó en 3.02%. Aquí los precios están controlados, si bien también se ha acelerado respecto a las tasas cercanas a 2.0% de hace un año.

Gracias a la moderación de los precios de los servicios, la tasa anual de la inflación subyacente se mantiene por debajo de 4.0%, en 3.72%. Ahora bien, desde que tocara un mínimo de 2.23% en abril de 2015, es clara la tendencia al alza derivado de un peso más débil. De hecho, la tasa de 3.72% es la más alta desde mediados de 2010. Por tanto, apenas está iniciando el año y el “gasolinazo” hizo a los analistas volver a empezar. A  ver ahora con qué nos sorprende Trump.

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