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Espectaculos

Cómo "Alien" destruyó mi niñez

Agencias | Miércoles 27 Abril 2016 | 06:34 hrs
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Ciudad de México.- Así me afectó de por vida esta obra de sci-fi y horror. En casa siempre hubo películas. Algunas se compraban originales y muchas otras eran copias que hacíamos de las que rentábamos en Videocentro y Blockbuster. Por la cantidad que llegamos a tener, los videocasetes con hasta tres filmes cada uno se volvieron parte de la decoración.



Me gustaba grabar películas, ese proceso de preparar las dos videocaseteras y quedarme durante toda la reproducción para vigilar el tracking y ajustarlo cuando comenzara a dar problemas. Evidentemente fue por hacer esto que vi bastantes durante la niñez, la mayoría rentadas por mi abuela, quien -quiero pensar- se percató del gusto que generé hacia ellas y comenzó a llevar, sin importar que estuvieran llenas de muerte y sangre, cintas de género, aquellas que finalmente tuvieron mayor impacto en mí. Tenía siete años y mis fascinaciones ya eran la original y technoir Terminator (aún más que la secuela) y la ultraviolenta RoboCop; las repetía hasta el cansancio e imitaba sus escenas y diálogos con mi primo. Pero poco después llegó a casa una película que habría de destruirme la infancia, de cambiarme panoramas y de enseñarme que en lo desconocido habita el horror más puro y petrificante: Alien: El octavo pasajero.

Alien se mantiene como mi saga fílmica favorita y constantemente revisito las tres primeras entregas, así como la precuela Prometeo, para volverme a maravillar con sus premisas, secuencias, ambientes, música y esas lecturas variadas que ofrecen y que las colocan encima de cualquier producto similar. E insisto, todo por culpa de la original Alien de Ridley Scott, película que pisoteó mi niñez, se limpió el trasero con ella y me expandió perspectivas al enseñarme que:

1. En el espacio nadie puede escucharme gritar. Es algo verdaderamente aterrador.

2. La música puede ser tan poderosa y discreta, simultáneamente, como para hacer de auténtica pesadilla una secuencia de créditos iniciales.

3. El futuro es sucio, industrial, usado y desgastado, alejado de las fantasías sci-fi más naive y optimistas.

4. Las corporaciones (¿del futuro?) son entes que solo velan por sus intereses, a costa del bienestar de sus trabajadores.

5. Mientras menos explicaciones haya es mayor el terror contagiado.

6. La maternidad es un asunto lleno de sangre y dolor.

7. En las inteligencias artificiales yace el fin de la raza humana. Es más, ya lo dijo Stephen Hawking.

8. El sexo es la metáfora absoluta sobre el sufrimiento y subyugación (naves alienígenas cuyos accesos -que parecen vaginas- llevan a habitaciones llenas de huevos, violación oral, fecundación no consensuada, un monstruo de cabeza fálica con una segunda mandíbula que penetra a sus víctimas y un ultraje vaginal con cola puntiaguda).

9. Los diseños biomecánicos del maestro H.R. Giger son realmente alienígenas y conceptuales. Quizá él mismo era un ser de otro mundo.

10. El erotismo puede ser sensual o monstruoso.

Ver Alien a los siete años y obsesionarme con ella fue lo mejor que pudo pasarme a esa edad. "Seguro soy mejor que los otros niños", me decía. No recuerdo ni una señal de que así haya ocurrido.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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