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Espectaculos

Retrato Hablado: Ozzy Osbourne regresa con sus Tinieblas

Excélsior | Domingo 02 Octubre 2016 | 13:11 hrs

Agencias |

Ciudad de México.- Una persona cuerda no se presentaría así, pero Ozzy Osbourne no forma parte del grupo. Él se ha encargado de paralizar sus nervios, de hacer valer su mote como El príncipe de las Tinieblas con acciones tan macabras que espantarían a los más inocentes, así que se tomó la libertad, casual, de introducirse así en su libro I am Ozzy (Confieso que he bebido).

Pero el hecho de que sea adicto no necesariamente dice que es un mal ejemplo, al contrario, sin su existencia el heavy metal no sería lo que hoy atiborra estadios con Metallica; lo que animó a Lemmy Kilmister a formar Motörhead o a Dave Mustaine a convertirse en leyenda con Megadeth.

Su ADN data de la Segunda Guerra Mundial con sus padres, John y Lilian Osbourne, quienes crecieron iluminados por los bombarderos alemanes que descargaban ira en Coventry. Ellos vivían cerca, en Aston, donde Ozzy nació en 1948.

Creció en un ambiente de posguerra, era el cuarto junto a sus hermanas Jean, Iris y Gillian. Lo único que había en un ambiente de posguerra eran bares para cantar y consumir litros y litros de cerveza. Su padre no era alcohólico, pero le gustaba socializar con la bebida. Así fue como el pequeño comenzó a malearse.

Odiaba la iglesia, los domingos, a consecuencia de la misa, no era bueno en la escuela, la odiaba. La abandonó a los 15 años por ser un niño problema y su vida delictiva comenzó con hurtos de manzanas, pequeñas cantidades de libras y llegó hasta el allanamiento de morada, por el que pasó tres meses en prisión.

Gracias al Fab Four

Todo fiel a la palabra de Black Sabbath debe de estar agradecido con The Beatles, porque fue el disco With The Beatles el que sentó al maniático Ozzy, quien soñaba con ser algún día como John, Paul, George y Ringo. Comenzó su andar con un letrero pegado en una tienda. “Ozzy busca concierto”, con su dirección para ir a citas. Se vendió como cantante con amplificadores.

Así fue como llegaron a su casa Geezer Butler (bajista), Bill Ward (baterista) y Tony Iommi, a quien conoció en el colegio como un gran guitarrista.

Comenzaron como Polka, en un baile de salón. Ozzy compuso Black Sabbath, The Wizard, Evil Woman, Warpigs, siempre inspirado en horror y los crímenes de Charles Manson. Era el nuevo amo de las tinieblas, el mismo que alcanzó a firmar con la compañía Vertigo para lanzar el primer disco de la banda el 13 de febrero de 1970, cinco mil copias y tocadas cada semana le llevaron dinero, fama y mujeres, la perdición de todo rockstar.

Comienza la destrucción

Ozzy se sintió en el Olimpo y no paró hasta formar el segundo disco, Paranoid, que los llevó por primera vez a Estados Unidos, el país donde había una segregación racial pero que recibió con los brazos abiertos a Osbourne. Fue en 1971, en Denver, cuando su nariz recibió una línea directa de cocaína, cortesía de Leslie West, líder de Mountain.

Desde ese día Ozzy experimentó con todo lo que lo hiciera sentirse como dios. “Me enamoré de inmediato. Ha sido igual con cada droga que he consumido: cuando las pruebo por primera vez, así quiero sentirme el resto de mi vida”. Ésta es la respuesta, la extrasensorialidad le encantaba al británico y lo estimulaba a dar de las mejores presentaciones y los mejores discos de toda la historia del heavy metal.

No por nada su cuarto disco estaba previsto llamarse Snowblind, una analogía a lo bien que se sentía al inhalar coca. Los excesos terminaron por cobrarle factura, fue despedido de la banda en 1979 y casi salvado por su exesposa Sharon Osbourne, de quien recientemente se divorció por una infidelidad, pero ella ya lo perdonó por “amarlo

demasiado”, dijo.

Lo más grotesco estaba por venir, aun más que la anécdota que Iommi contó una vez, en la que Ozzy los espantó con un tiburón muerto al que mutiló y, con su sangre, pintó las paredes. “Dijo que les faltaba color”, compartió en una ocasión el guitarrista.

Lo mejor estaba por venir. Ya como solista hizo un baile sensual sobre la mesa del director del sello CBS Europa, estaba borracho, orinó su copa y lo besó, en un restaurante en Alemania. Se le prohibió hacer discos durante años.

Llevaron su proyecto al mismo sello en Los Ángeles y también se equivocó. En 1981, en una reunión para su proyecto Blizzard of Ozz, un bombazo en Inglaterra, Ozzy se aburrió, vio que los empresarios eran unos hipócritas y le pareció una buena idea arrancarle la cabeza a una paloma y escupirla. “Saquen a ese animal de aquí”, son las palabras que recuerda de ese día, en el que también orinó los lavabos.

Lo más legendario llegó hasta el 20 de enero de 1982 en Des Moines, Iowa; Ozzy la pasaba bien en la gira del disco y vio cómo un sujeto le arrojó un murciélago al escenario, pensó que era de juguete, y sus colmillos se hundieron en el animal. Se había comido la cabeza. La gente enloqueció: Ozzy Osbourne era el

maldito dios.

Su trasero fue vacunado contra la rabia múltiples noches por recomendación del médico.

Ozzy salió de gira con Mötley Crüe en 1983. Bark at the Moon se llamaba. De milagro salieron vivos, entre concierto y concierto se la vivían esnifando cocaína, a veces en el cuerpo de una mujer desnuda, bebían y se metían lo que encontraban.

La gente le pregunta a Ozzy si es verdad que una vez inhaló hormigas junto a los chicos de Crüe. “No tengo ni puta idea si es verdad, es posible, desde luego. Cada noche me metía cosas por la nariz”, se sincera.

Las Consecuencias

Lamentablemente sus adicciones en conjunto con una controversial receta que un médico le prescribió, en la que ingirió 13 mil dosis de 32 medicamentos diferentes, lo acabaron.

Hoy, al oído humano se le dificulta entender las oraciones del líder de Black Sabbath, balbucea, dice incoherencias, para un extranjero es algo complicado traducir su voz; a veces su humor es simpático, otros malo. Camina a pasitos cortos y seguros, gatea en los shows y está encorvado apenas a los 67 años.

Su fuerza es menor a la de gente como Roger Waters, de 73, ni siquiera Paul, de 74, o The Rolling Stones se ven tan mal como el viejo Ozzy, una leyenda metalera que antes tenía la pila de un demonio y actualmente anda con pantuflas acolchonaditas por su casa.

Volvió a Black Sabbath para grabar el disco 13 en 2013, luego de 35 años como solista y el próximo 16 de noviembre Black Sabbath visitará por última vez la Ciudad de México con su Final Tour, debido a que el cáncer de Iommi lo ha debilitado y Ozzy compartió que ya es necesario descansar de la intensidad

del grupo.

Después de tantos años, drogas y neuronas perdidas, la palabra descanso aparece en un Ozzy de 67 años.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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