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Espectaculos

René Avilés Fabila; sus amores literarios

Excélsior | Lunes 01 Mayo 2017 | 08:04 hrs

Agencias |

Ciudad de México.- A  los 31 años de ‘‘edad, en 1971, el escritor René Avilés Fabila (1940-2016) posó orgulloso y sereno frente a la tumba de Oscar Wilde (1854-1900), ubicada en el cementerio del Père-Lachaise, en París. El poeta y dramaturgo de origen irlandés fue uno de sus amores literarios.



Cuentista, novelista, periodista y catedrático universitario, el autor de las novelas Los juegos (1967), El gran solitario del palacio (1971) y Tantadel (1975), fallecido el 9 de octubre del año pasado, tuvo muchos amores literarios y “su pasión por la palabra escrita era inagotable”, recuerda su viuda Rosario Casco Montoya.

Wilde, Cervantes, Dostoievski, Kafka, Borges, Darío, Lorca, Reyes, Quiroga, Cortázar, Duras, Apollinaire, García Márquez, Roth, Nabokov, Capote, pero también Sinatra, Lennon y Presley, son algunos de los creadores de los que se nutrió y sobre los que escribió el excolaborador de Excélsior.

Ahora, unos 48 de estos artículos, mini ensayos y viñetas integran su primer libro póstumo, Retablos y altares de la literatura universal, que acaba de publicar la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

"Son sus escritores favoritos. Estos textos evidencian todo lo que leyó de ellos y cómo los admiraba; lo que aprendió con su obra, que realmente conocía, pues no sólo la leyó varias veces, sino que la analizó, revisó su estructura literaria, su lenguaje, para compartirla con sus alumnos. Es una forma de agradecer lo que le dejaron”, afirma Casco en entrevista.

La compañera de vida durante seis décadas del fundador y director del suplemento cultural El Búho de Excélsior (1985 a 1999) detalla que este volumen es un catálogo personal de preferencias estéticas –literatura y música, que incluye además un álbum fotográfico de sus familiares y amigos.

"Lo interesante de estos textos, publicados en diversos foros de periodismo cultural de 2009 a la fecha, es que en ellos no sólo habla de su escritor preferido, sino que introduce temas históricos, de culturas populares y hasta de política, relacionados con el autor”, agrega la economista.

Explica que Avilés Fabila alcanzó a seleccionar los escritos del título antes de morir y que ella y Praxedis Razo los ordenaron y decidieron el nombre. “Los retablos refieren a ensayos más genéricos, y los altares es el texto dedicado a una sola persona”, añade.

Casco destaca que, tras la relectura en conjunto de estos pequeños ensayos, concluyó que el autor de Los oficios perdidos (1983) creía en la investigación literaria, no sólo en la académica.

“Por ejemplo, la novela Réquiem por un suicida (1993) tiene detrás diez años de investigación: leyó mucho sobre el tema y entrevistó a diversos suicidas que sobrevivieron a su intento, incluso tenía cartas suyas. Este es un archivo que no he encontrado, pero sé que existe y será muy interesante estudiar ese proceso creativo”, indica.

Dice que este volumen de 236 páginas muestra al autor de 50 libros como “un lector ávido y curioso”, que se levantaba todos los días a las cuatro o cinco de la mañana con el objetivo primordial de leer, escribir y navegar por las redes sociales, “porque hasta el final fue un hombre de espíritu joven que le gustaba explorar lo nuevo”.

La BUAP, casa editora de algunas de sus obras, creó en 2014 la Colección Literaria René Avilés Fabila, que a la fecha ha publicado nueve títulos, entre novela, poesía y ensayo de autores menores de 30 años de edad. “Para él, éste era el mejor homenaje que le pudieron hacer: dar su nombre a un acervo dedicado a los literatos jóvenes”.

Rosario Casco adelanta que están preparando una segunda parte de este proyecto, ahora dedicado a los escritores mexicanos que René admiraba, cuyo título probable sería Retablos y altares de la literatura mexicana y esperan editar el próximo año.

La economista detalla que existe un libro inédito de cuentos de René Avilés, “que era un cuentista nato, lo suyo era este género, el microrrelato”, que también piensa publicar más adelante. “Le faltó tiempo. Ya quería dejar el periodismo y la docencia para dedicarse a escribir de tiempo completo”.

Legado literario y plástico

Además del medio centenar de títulos de su autoría, el también ensayista y promotor cultural legó a los mexicanos las mil 500 piezas de 250 escritores, entre libros y objetos personales, que integran el Museo del Escritor y una biblioteca de más de 25 mil volúmenes.

Casco Montoya piensa insistir, comenta, en la creación del Museo del Escritor. “Era un proyecto muy querido para él. Luchó por su apertura durante más de una década, pero no logró el apoyo requerido. La idea es que el museo incluya la biblioteca y que ambos den vida a un pequeño centro cultural”, señala.

Inaugurado el 6 de diciembre de 2011, en el Faro del Saber Bicentenario de la delegación Miguel Hidalgo, parecía haber terminado la búsqueda de un recinto que albergara este acervo de objetos personales, muebles, cartas, libros dedicados, fotografías, caricaturas y documentos de escritores de diversos países. Pero no fue así y se tuvo que cerrar en 2014 por falta de mantenimiento y difusión.

Ese año, René Avilés confesó a Excélsior que ya estaba cansado de perseguir funcionarios y empresarios para hacer realidad este sueño. “Definitivamente no les interesa. He hablado con tres presidentes de la República, con cuatro jefes de Gobierno capitalino, tres secretarios de Educación Pública federal, autoridades infinitas, con el multimillonario Carlos Slim y no pasa nada. Ya me aburrí”.

Y manifestó su deseo de adaptar para el museo un piso en la sede de la Fundación que lleva su nombre, ubicada en la colonia Narvarte, y “meter ahí lo que quepa”. Pero ya no le dio tiempo.

"Creo que vale la pena seguir luchando para que este museo y la biblioteca tengan su lugar propio, porque es su legado para los jóvenes mexicanos que siempre le importaron”, concluye la viuda del escritor.

Y recuerda que el autor de la novela El amor intangible (2008) y el libro de relatos La cantante desafinada (2014) también dejó un acervo de 250 obras gráficas, de autores como Raúl Anguiano, José Luis Cuevas y Sebastián, entre otros, que fueron portadas del suplemento y la revista El Búho y formaron parte de la exposición Los búhos de El Búho, que desea seguir promoviendo.

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