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Espectaculos

Johanna Spyri eclipsada por Heidi

Excélsior | Domingo 11 Junio 2017 | 08:38 hrs

Agencias |

Ciudad de México.- Pocos son los que no reconocen el clásico “Abuelito, dime tú, por qué llovió, por qué nevó ”, la canción que entonaba Heidi, una niña que vivía en los Alpes Suizos junto con su abuelo.



Esta pequeña y todo lo que la rodeaba fueron creados por Johanna Spyri, una escritora suiza a la que la fama no le sentó nada bien.

Johanna Louise Heusser (su nombre de soltera) nació el 12 de junio de 1827, hace justo 190 años, en una aldea llamada Hirzel. Vivió la infancia y adolescencia con tranquilidad, pues fueron bastante comunes. Sin embargo, su etapa adulta estuvo enmarcada por la depresión y el desánimo causado por la fama de la niña de la pradera.

Al cumplir 14 años, sus padres, el médico Johann Heusser y la poeta Meta Sebweizer, la enviaron a estudiar a la ciudad de Zúrich,  donde vivió con otros familiares. Un par de años después se mudó a Yverdon, y tras licenciarse como maestra regresó a casa con sus padres para ayudar en la educación de sus hermanas menores (ella era la cuarta de seis hijos).

Aprendió a tocar el piano y el arpa. Pero, además de su pasión por la música, Johanna tenía especial fascinación por la naturaleza y la literatura. Mientras fue profesora de sus dos hermanas menores, leyó hasta el cansancio todo lo que llegó a sus manos.

Cuando cumplió 25 años de edad, en 1852, conoció a Berhand Spyri –amigo de su hermano–, quien era editor en un importante periódico.

Tras contraer matrimonio con él debió mudarse a la ciudad de Zúrich. Ahí padeció una severa depresión, debido a la nostalgia que le provocaba estar lejos de su lugar de origen.

En el intento de abandonar la enfermedad que la aquejaba se refugió, con algunas amigas, en actividades musicales y literarias. Pero no tuvo éxito. Fue entonces que nació su único hijo, Bernhard, en 1855. Sólo así desapareció la depresión.

Heidi y Johanna

Unos 15 años después de que naciera Bernhard, Johanna se inició como escritora. Redactó más de 50 novelas, entre ellas Heidi (1880) y Otra vez Heidi (1881).

Éstas narraban la historia de una niña que, al morir sus padres, quedó al cuidado de su tía Dete.

Ésta, sin embargo, encuentra un empleo y decide llevar a Heidi a casa de su abuelo, ubicada en la aldea de Dörffi, en la comuna suiza de Maienfeld.

En ese sitio, Heidi se enamora de la naturaleza (como Johana) y conoce a Pedro, un joven ovejero que se convierte en su amigo inseparable.

Aunque Heidi era feliz, vivía alejada de la civilización y no asistía a la escuela por decisión de su abuelo.

En Otra vez Heidi, la segunda parte de la historia, reaparece la tía Dete, quien lleva  a la niña de la pradera –como se lo conoce popularmente a Heidi– a la ciudad de Fráncfort, donde sería contratada como dama de compañía de Clarita, una adolescente inválida.

Estar lejos de la naturaleza, sumado al encierro y la rigidez a la que se enfrentó Heidi en la casa de Clarita, la deprimen, tal como le sucedió a Johanna, su creadora, cuando deja su pueblo Hiezel para mudarse a Zúrich.

Pese a que Heidi hace gran amistad con Clarita y su servidumbre, el padre de la niña adinerada decide, consciente de la depresión de Heidi, regresarla con su abuelo.

Heidi cambió la vida de Clarita, de tal forma que ésta la visita poco tiempo después en las montañas. Ahí conoce también a Pedro y al abuelo. Gracias a los tres y al amor que recibió, Clarita vuelve a caminar.

A la fecha, la historia ha sido traducida a más de 40 idiomas y adaptada al cine en más de siete ocasiones. Pero, en aquel entonces, cuando surgió, la popularidad de los cuentos abrumó a Johanna y la alejó de la vida real, negándose a hablar con su público o con los críticos y editores de periódicos.

Johanna fue autora de otros títulos como Una hoja en la tumba de Vrony (1871), que escribió para recaudar fondos a favor de la Cruz Roja Internacional.

Tras la muerte de su hijo y de su esposo, en 1884, se mudó de casa para seguir escribiendo historias. Finalmente, murió el 7 de julio de 1901, en Zúrich.

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