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Espectaculos

'Baby: el aprendiz del crimen': balas, música y velocidad

Proceso | Viernes 11 Agosto 2017 | 20:05 hrs

Agencias |

En “Baby: el aprendiz del crimen” (Baby driver, 2017) la acción vertiginosa está marcada permanentemente por un beat. En los tiroteos, hasta las ráfagas de las ametralladoras suenan al ritmo de la música.

Todo, aquí, es insólito. El status cool, que suelen atribuirse algunos chicos, sube de nivel algunos grados, con este post adolescente, que tiene el nombre imposible de Baby (Ansel Elgort). Así dice que se llama, y esa es la denominación que le dan quienes lo rodean. Tiene oído exquisito para la música y hace sus propias mezclas en casa. Y por encima de todo, el muchacho destaca por una insospechada habilidad sobrenatural para conducir. Nunca ha existido, sobre la Tierra, alguien que tenga la intuición para colocarse frente al volante con una pericia nivel dios.



Pero, además, siempre está en control. Con una memoria superior y una apariencia de autista, muestra una absoluta indiferencia al peligro, como un niño que se acerca riesgosamente al fuego, por desconocerlo. Cuando suenan los tiros, se mueve como conejo asustado pero, extrañamente, evidencia nervios de acero y nunca extravía el objetivo. Permanentemente trae los audífonos conectados, escucha música de diversos géneros y necesita vibrar con una buena melodía para sacar humo de los neumáticos.

El virtuoso director y guionista Edgar Wright muestra una anécdota sencilla y agotadora, con mucho humor y una lluvia de balas. Crea un personaje magnético y original, al que le ocurren las peores calamidades, sin merecerlas. Aunque nada destruye a Baby, que parece hecho de concreto. Lo coloca en un escenario irresistible, en el que vive una vertiginosa desventura que parece un western urbano, con temibles pistoleros, asaltos a bancos, traiciones entre ladrones, y una chica bella y desvalida a la que hay que rescatar.

El conductor está atrapado, trabajando para un desalmado mafioso, a cambio de abonarle una antigua deuda. Para dejarlo en libertad definitiva, es requerido para un último trabajo que, obviamente, escapa de control. Hasta ese momento se había dedicado a facilitar la huida. Pero esta vez, es obligado a entrar en acción. Entonces, el muchacho maravilla debe emplear todo su arrojo, pero, principalmente, su talento sobre ruedas, para escapar de un destino en el que le espera la muerte.

Así como lo hizo con la estupenda “Scott Pilgrim vs Los Ex de la Chica de Sus Sueños” (Scott Pilgrim vs the World, 2010), Wright crea un casting de gamberros caricaturizados, que son tan letales como risibles. El equipo de chicos rudos está conformado por Kevin Spacey, como el implacable cerebro maestro, junto con el sanguinario Jamie Foxx y la pareja de sicópatas enamorados Jon Hamm y Eiza González, que constantemente se dan de besos y jalan del gatillo.

Es evidente la parodia a las cintas de prohombres, tipo James Bond, que usan tecnología para sus proezas. Baby, sin más recursos que su pericia, está en el lugar opuesto. Despojado de solemnidad, participa en asaltos como quien se sienta en una banca a tomar un helado. Va y viene sin miedos, ni remordimientos. No tiene ínfulas de héroe. Hasta que el amor le da un objetivo en la vida.

“Baby: el aprendiz del crimen” es una refrescante propuesta de acción, cargada de adrenalina, con mucha música y excelentes diálogos.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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