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Espectaculos

Tropicalizan a Sherlock

Excélsior | Domingo 31 Diciembre 2017 | 08:19 hrs

Agencias | Tomada del libro Elemental, mi querido Holmes

Ciudad de México.- La reciente publicación de Elemental, mi querido Holmes es un homenaje a Sherlock Holmes a 130 años de su creación. Pero también es una carta de amor de las letras mexicanas a un clásico que forma parte de nuestras primeras lecturas, un recordatorio a ese súper héroe cuyos poderes son el conocimiento, el raciocinio y la deducción, un personaje que resolvía los problemas a través de la ciencia.

Así lo comenta a Excélsior F.G. Haghenbeck, antologador y coautor de este volumen que incluye 11 historias mexicanas ligadas a Holmes, en la prosa de Antonio Malpica, César Silva, Vicente Alfonso y Naief Yehya, entre otros.

“Ninguno de los escritores incluidos se basó en un cuento específico; la mayoría tomaron el canon y sobre eso jugaron. Antonio Malpica, por ejemplo, explora la infancia de Sherlock; Vicente Alfonso unió a Sherlock y a Mark Twain en un bar; Iván Farías lo trajo a México para atrapar a Francisco Guerrero Pérez El Chalequero; y César Silva elaboró un cuento de Sherlock sin Sherlock, sólo por mencionar algunos”, explica el antologador.

No hay duda de que Arthur Conan Doyle sea un referente en las primeras lecturas de casi todos los escritores, añade. Quizá si les preguntas, algunos lo van a negar, pero no creo que comenzaran a leer con Arthur Rimbaud, Carlos Fuentes u Octavio Paz, sino a Emilio Salgari, Julio Verne y Doyle.

"Después de 130 años, Sherlock sigue siendo el mejor promotor de la lectura y no necesita esos anuncios en el Periférico donde se sugiere leer 20 minutos al día, sino que cualquier muchacho lo toma y se engancha”.

Porque en realidad la obra de Conan Doyle es de las pocas que no necesita cambio alguno, se mantiene muy actual y es leída sin ningún problema por los jóvenes de nuestro tiempo.

"La idea era retomarlo y jugar con las distintas visiones de Holmes; no sé si la palabra sea correcta, pero creo que lo tropicalizamos a través de la pluma de varios escritores mexicanos”, precisa.

¿Qué criterios utilizaste para seleccionar a los autores que participarían en este proyecto?, se le pregunta a Haghenbeck.

"Sería fácil decir que es porque son mis amigos, pero no es cierto. Antes que ser escritor, soy lector, y los pensé porque son escritores a los que admiro mucho y porque consideré que me iban a dar un cuento que, en conjunto, iban a tener la forma del libro que ahora tenemos, donde podrían mimetizarse un poco al estilo de Arthur Conan Doyle, sin dejar de divertirse”.

En esencia, apunta, se intentó que los autores incluidos presentaran un nuevo planteamiento, con decisiones un poquito arriesgadas, como en el caso de Naief Yehya, quien hizo una hermosa metaficción, donde el personaje principal es el mismo Arthur Conan Doyle, un relato muy interesante sobre la obsesión del autor con lo paranormal.

Pero el gran ausente de estas páginas es Ignacio Padilla –fallecido el 20 de agosto de 2016, a los 47 años–, el escritor con el que debimos abrir este libro. “Por desgracia, unos días antes del accidente hablamos por teléfono sobre Holmes y cómo iba a escribir su cuento… estoy seguro que hubiera sido maravilloso”.

FAMA INESPERADA

F. G. Haghenbeck coincide en que existen tres personajes universales que son reconocibles en cualquier parte del mundo: Superman, Mickey Mouse y, por su puesto, Sherlock Holmes. Sin embargo, considera que el propio Conan Doyle no midió el potencial de su personaje.

“Es muy interesante el hecho de que Conan Doyle aborrecía a Sherlock Holmes porque él quería pasar a la historia como un escritor de novela histórica. Por eso lo mató… y es de las veces que el personaje le queda grande al autor, es decir, que el autor no tuvo la capacidad de visión para comprender lo que había hecho”, asegura el compilador.

¿Te refieres a que nunca sospechó la trascendencia del personaje? “Sí, y por eso lo mata. Nunca tuvo la visión de pensar que dentro de 130 años su personaje iba a estar vigente, que se realizarían programas de televisión, películas y que diez  escritores mexicanos le harían un

homenaje”.

Al final, Conan Doyle nos obsequió al primer héroe moderno que se ha enfrentado a las adversidades con inteligencia o ciencia, sino que abrió también la brecha para la literatura policiaca, el género que definiría la segunda mitad del siglo XX, comenta.

Y al acercarnos a las mesitas de novedades de las librerías, encontraremos a los herederos de ese detective indómito que tenía tantas habilidades como debilidades, desde Agatha Christie, Raymond Chandler y G.K. Chesterton, hasta los actuales Paco Ignacio Taibo II, Leonardo Padura y Stieg Larsson, entre muchos otros, añade.

¿Existe alguna relación entre las 11 historias que compila este libro? “En realidad cada autor hizo lo suyo… pero sí prevalecen dos puntos: el tono en la prosa que evoca a Arthur Conan Doyle, con esa primera persona a flote; y el uso del raciocinio, el conocimiento y la deducción en los distintos relatos el problema siempre es resuelto a través”.

¿Por qué Holmes ha conseguido un lugar omnipresente en la historia de la literatura universal?, se le inquiere. “Quizá una de sus grandes virtudes es que no se trata de un personaje perfecto, sino al contrario: es grosero, rudo e incluso poco empático y hasta un poco racista y medio machista. Pero todo eso lo vuelve encantador”.

Incluso, el hecho de que esté metido en drogas lo vuelve más humano. Quizá hubiera sido un personaje muy aburrido si fuera tan perfecto como el Hércules Poirot de Agatha Christie.

Elemental, mi querido Holmes es publicado por la Dirección General de Publicaciones (DGP), contiene los relatos: Una fotografía, de Antonio Malpica; Desintegrados, de Cecilia Eudave; El suplantador, de César Silva; El caso del ladrón de tesoros, de Magali Velasco; y El caballero inglés, de F. G.

Haghenbeck.

Así como: Un forastero en la taberna, de Andrés Acosta; Un yanqui en el Templo de Wagner, de Vicente Alfonso; La mirada del asesino, de Iván Farías; Una excéntrica dama, de Karen Chacek; y La carta de sir Arthur, de Naief Yehya.

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