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Estado

Colectores, un basurero subterráneo

Horacio Carrasco/
El Diario de Juárez | Domingo 11 Diciembre 2016 | 10:46 hrs

El Diario de Juárez |

Llantas inservibles, animales muertos, piezas automotrices y hasta colchones y muebles viejos, son arrojados al sistema de drenaje, especialmente en los colectores.





Peor aún, suman ya cinco los cadáveres que las autoridades prejudiciales han tenido que sacar de las tuberías sanitarias.



“Muchas personas utilizan el sistema de alcantarillado como si fuera basurero”, dice Raúl Luévano García, jefe de Operación de Agua Potable y Drenaje Sanitario de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS).



A la basura se suma el azolve por el arrastre –tierra y piedras– que deja el agua pluvial, favorecido por levantar y hurtar las tapas de las alcantarillas.



Como resultado, amplios tramos de colectores se hallan obstruidos y las aguas negras corren ahora por las calles, los arroyos y hasta por el río Bravo.



Por si fuera poco, hay 43 kilómetros de colectores con más de 40 años que presentan otro tipo de peligro: los hundimientos, pues ya están muy deteriorados.



Luévano García afirma que en los colectores se puede hallar “lo que nadie se imagina”.



“En lugar de hacer buen uso del drenaje sanitario, meten perros muertos presumiblemente para evitar los malos olores. Vierten basura, tablas, llantas, grasas y aceites vegetales y minerales, escamocha y toda clase de desechos”, afirma.



Pero arrojar basura al sistema de alcantarillado provoca taponamientos, derrames de aguas negras y afectan la operación de las cinco plantas de tratamiento de aguas residuales, advierte.



Y en los colectores, que miden 91 centímetros de diámetro o más, la gente tira objetos más grandes como autopartes y hasta colchones, lo que genera muchos problemas, continúa.



También se han localizado cadáveres humanos, al menos cinco, en el interior de las tuberías.



Del total de colectores que hay en la ciudad, unos 800 kilómetros –aproximadamente 20 por ciento– tiene un diámetro de 98 centímetros o más, da a conocer el funcionario.



Se tapan y registran hundimientos uno tras otro



Jorge Domínguez Cortés, presidente de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS), dice que existe la mala costumbre de que en cuanto llueve, mucha gente levanta las tapas de las alcantarillas para que se vaya más rápidamente el agua.



Pero eso lo único que hace es congestionar los colectores con arenisca, piedras, tierra, basura y otros desechos.



Esto se conjuga con otra mala práctica: el robo de las tapas de alcantarillas, que ocurre inclusive cuando el personal está laborando en los colectores.



“Por ejemplo, el día de la granizada, andando el personal trabajando, les desaparecieron dos tapas”, asegura el funcionario.



Existe un tercer elemento: lo viejo de los colectores, pues tienen más de 40 años, todavía son de concreto y su vida útil ya terminó en muchos casos.



Esto se manifiesta con una serie de hundimientos. Por ejemplo, tan sólo en noviembre se registraron 34. Es decir, hubo más de un colapso por día, y en lo que va del año se estima que superan los 340.



Según informes de la JMAS, en la ciudad hay unos 43 kilómetros de avenidas en riesgo de colapso, ya que por debajo corren colectores sanitarios muy deteriorados.



Esos puntos se ubican en unas 30 avenidas primarias y secundarias, donde el peligro de que se vengan abajo se debe a la antigüedad de los colectores.



La mitad está en tres colectores que son considerados de alta prioridad: Zempoala, Ejército Nacional y Manuel J. Clouthier.



Aguas negras por calles, arroyos y río



A consecuencia de la basura y el azolve, los colectores del norponiente, que se ubican en las zonas más altas de la ciudad, se encuentran taponeados.



Las aguas negras brotan de las alcantarillas y fluyen cuesta abajo por las calles, confluyen en los arroyos Colorado y Del Muerto, y se vierten en el río Bravo.



Los tres cauces se han convertido en focos malolientes e infecciosos.



El río Bravo lleva ahora las aguas negras domiciliarias de colonias como Puerto de Anapra, La Mesita, Felipe Ángeles, Puerto La Paz, Ladrillera y Josefa Ortiz de Domínguez.



También las de la Fronteriza Baja, Francisco Sarabia, Ampliación Felipe Ángeles, Renovación Siglo XXI y Sara Lugo, entre otras.



Jorge Domínguez Cortés, presidente de la JMAS, dice que actualmente permiten que las aguas residuales vayan a dar al río Bravo.



Afirma que es una solución temporal y fue la mejor opción para atender esta crisis, es decir, mientras se desazolvan los colectores del norponiente.



Tan sólo el colector Bernardo Norzagaray, que tiene un diámetro de 1.22 metros, está azolvado en 3.7 kilómetros de su extensión, informó Corazón Díaz, vocera de la descentralizada.



La tubería está llena de arena entre Arroyo de las Víboras y Viaducto Díaz Ordaz, lo que hace necesario tener a decenas de trabajadores con vehículos y equipo en labores continuas para rescatarlo.



Esta etapa inicial de la limpieza costará aproximadamente 1.5 millones de pesos y se llevará unas seis semanas, dio a conocer la portavoz.



Esta limpieza, añadió, es necesaria para conseguir que las aguas residuales dejen de brotar por las alcantarillas y evitar focos insalubres.



Aguas negras destrozan el pavimento



Pero los malos olores y la insalubridad no son las únicas consecuencias de las condiciones en que se hallan los colectores.



Martha Almaraz, quien reside en la calle Arroyo del Mimbre número 2215 de la colonia Felipe Ángeles, dice que su calle fue pavimentada hace tres meses y ya está dañada otra vez.



“Aquí el problema es que el drenaje se la pasa tirando agua y por eso el pavimento se desbarata”, expresa.



“Haga de cuenta que apenas lo echaron, iban en la orilla cuando aquí ya se había reventado. Vinieron de vuelta, le arreglaron y a los tres días estaba de vuelta dañado, no nos duró nada, nada”, señala.



El problema es que el agua del drenaje brota “como una fuente” por la alcantarilla, se remoja el asfalto y se deshace, indica.



Un vecino de la calle Zapotlán, entre Petunias y Árnica de la colonia Felipe Ángeles, quien pidió no publicar su nombre, dice que las aguas negras destrozan el asfalto que recién les pusieron.



La tubería en el centro de la calle está tapada, el agua negra brota por la alcantarilla y por el registro de un vecino, entonces se empapa el asfalto nuevo y ya surgieron hoyancos.



“Ese problema ya estaba desde que andaban allí y así lo dejaron, no lo arreglaron”, denuncia.



Había una alcantarilla en el centro de la calle y los trabajadores que pavimentaron decidieron cancelarla, subraya. “Pusieron tablas para sellarla, luego piedras y tierra, entonces todo eso se fue hasta el fondo y la tubería se tapó, por eso siempre brotan aguas negras y el pavimento se desbarata”.



Raúl Luévano, jefe de Operación de la JMAS, dice que en la ciudad hay 4 mil 399 kilómetros de atarjeas y colectores, y que existen 441 mil 163 descargas.



Con un promedio 100 metros por cada descarga, se tienen 3 mil 088 kilómetros de salidas de albañal que son las domiciliarias.



Si se cotejan estas cifras, pues es “un mundo de tubería instalada”, expresa el funcionario.



Informa que el personal de la JMAS realiza 52 diferentes tipos de acciones para atender los problemas mencionados en los reportes ciudadanos.



“Se cuenta con 109 personas en alcantarillado, integradas en cuadrillas, grupos de desazolve y equipos VacTOR, para darle servicio al desalojo de las aguas negras”, añade.



Revela que en el 2013 se hicieron 42 mil 609 acciones de ese tipo, en el 2014 fueron 52 mil 980 y en el 2015 sumaron 48 mil 632.



El 22 por ciento de los casos se resuelve con limpieza de línea general, el 18 por ciento con limpieza de pozo de visita y el 23 por ciento con sondeo en descarga de albañal.



Nuevos colectores en el poniente



Ramón Galindo Noriega, subsecretario de Gobierno estatal, afirmó que se pretende utilizar los recursos que aporte el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) para construir dos nuevos colectores sanitarios.



Sería una nueva tubería de gran tamaño para reemplazar el colector Bernardo Norzagaray, que corre por el Arroyo Colorado y sigue por la calle del mismo nombre y se azolva cada vez que llueve, y otra para sustituir el que se ubica en la colonia Puerto La Paz, dijo.

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