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Estado

Cirujano de libros

Maricela Morones
El Diario de Juárez | Domingo 12 Febrero 2017 | 07:04 hrs

El Diario de Juárez |





Ciudad Juárez.- Aunque sus manos están temblorosas, a sus 58 años Juan Rubio se esfuerza por precisar cada detalle, cada centímetro de los libros que llegan a su taller.

Lentamente comienza a medir, acomodar y pegar. Para él no hay nada que se compare con el placer de tocar las hojas, los bordes de las impresiones, y sentir su olor y textura.

Hace más de 30 años aprendió a restaurar libros, y desde entonces ha sido su pasión.

Él, afirma, es uno de los tres restauradores que quedan en esta ciudad, y aunque la diabetes ha causado estragos en su salud, continúa con su actividad.

Actualmente Juan se dedica a encuadernar libros y tesis en la imprenta de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), labor que aprendió al maestro Vidal Meza hace ya tres décadas.

Relata que cuando empezó a trabajar en la institución, Meza ofreció un curso de encuadernado y restauración para los empleados.

“Yo entré para ver de qué se trataba y fue cuando encontré mi mayor pasión”, comenta.

Dice que uno de sus compañeros de clase fue el ahora actor Joaquín Cosío, pero fue Juan el único que continuó en la labor de restaurador.

Narra que uno de sus trabajos emblemáticos fue cuando restauró una biblia católica del siglo XVIII, cuyos textos estaban en latín.

“Todo lo que tenga que ver con Dios son trabajos hechos gratis, desde el corazón. Recuerdo que las hojas de esa biblia se comenzaban a deshacer con tan solo tocarla”, menciona.

Para el proceso de encuadernado de texto,  utiliza una tela plastificada que puede llegar a costar hasta en 300 pesos el metro. Bases de cartón, pegamento blanco y brocha son otros de sus materiales y herramientas.

En aproximadamente 30 minutos concluye el proceso de medir, acomodar y pegar. El próximo paso es dejar secar por un par de horas.

Juan dice que son incontables los ejemplares que ha restaurado, aunque en especial recuerda un libro escrito en alemán un año después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, que guarda un gran valor sentimental para su propietario.

“El dueño vino de Estados Unidos nada más para que yo le arreglara su libro y así lo hice. Con mucho cariño y paciencia logramos mantener lo mejor posible el texto y sus pastas”, refiere.

Dice que el tiempo en restaurar un ejemplar es variable. En el caso de la biblia del Siglo XVIII, recuerda, duró casi una semana hasta dejarla casi como nueva.

Su única ayudante ha estado a su lado durante estas tres décadas: se trata de Carolina Martínez, su esposa.

Juan le pide una herramienta y ella pacientemente la busca en un cajón repleto de utensilios con los que ha reparado libros por años.

“Ella siempre ha estado conmigo, me ayuda, yo creo que ya sabe restaurar muy bien también”, menciona mientras ambos sueltan carcajadas.

Dice que él quería instruir a sus hijos en el oficio, pero se enfocaron en otras actividades. Uno de ellos es médico veterinario. “Se les hace aburrido, pero para mí es mi mejor terapia. Por ejemplo si me siento medio apagado me pongo a restaurar o empastar y hasta me veo más recuperado”.

Afirma que está muy agradecido con la oportunidad que se le dio para aprender lo que hasta hoy le ha permitido sacar adelante a su familia.

Sin embargo algo que lamenta es que mucha gente le haya empezado a perder el cariño a los libros impresos.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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