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Estado

Lo que sucedió cuando las fábricas se mudaron de Ohio a Juárez

Los Ángeles Times | Lunes 20 Febrero 2017 | 21:51 hrs

Los Ángeles Times |

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Ciudad Juárez.- En la penumbra, Chris Wade apagó la alarma del reloj.  Eran las 4:30 de la madrugada en un glacial invierno en Warren Ohio, afuera, una nueva capa de nieve cubría el patio.



“Gracias a Dios”, pensó Wade en silencio, ya que podría sacar una máquina para quitar la nieve y ganar dinero rápidamente.

Aunque el dinero nunca fue problema para Wade de 47 años, quien fue dueño de una casa con piscina cuando trabajaba para Delphi Automotive, una fábrica de partes automotrices que durante años fue uno de los empleadores más importantes en esta parte boscosa del noreste de Ohio.

Sin embargo, 10 años después de haber aceptado una indemnización debido al cambio de producción que llevó a cabo Delphi fuera de Estados Unidos, hacia México y China, la casa y la piscina se esfumaron.

Berta Alicia López de 54 años, es el nuevo rostro de Delphi.

Una reciente y fría mañana se despertó antes del amanecer en las afueras de Juárez, México y abordó un autobús sin calefacción que la dejó a una hora de distancia de la planta de Delphi.

López gana 1 dólar la hora ensamblando cables y aparatos electrónicos que eventualmente serán instalados en vehículos  --- el mismo trabajo que hacía Wade por 30 dólares la hora.

Como hija de un agricultor que creció en una zona rural pobre de México, López se siente orgullosa de tener un auto sedán Toyota y una casa de bloque y concreto.

Frecuentemente le agradece a Dios por el trabajo, aun cuando está en una problemática ciudad plagada de violencia del narcotráfico y de no tener muchas posibilidades de ganar más ni de progresar.

Los dos trabajadores viven a una distancia de 1 mil 800 millas, los separa una frontera y nunca se han conocido.  Sin embargo, sus historias abarcan un masivo cambio económico que ha acompañado al surgimiento del libre comercio.

En Estados Unidos, ese cambio ha contribuido a la pérdida de trabajos que en algún tiempo ayudaron a los trabajadores a comprar casas, pagar un seguro médico y enviar a los niños al colegio.

En México, generó empleos --- aunque no crearon el tipo de amplia prosperidad para la clase media que en alguna vez existió en Estados Unidos.

Sin embargo, hemos escuchado decir a Trump que los acuerdos de libre comercio y la globalización han producido ganadores y perdedores.

Durante años, Delphi redujo su fuerza laboral antes de que mudara la mayor parte de su operación al extranjero en el 2006.

“Vamos a luchar contra Delphi y otras empresas y a decirles, “No nos dejen, porque van a sufrir las consecuencias”, dijo Trump.

El presidente se ha comprometido a aplicar impuestos a las importaciones procedentes de México y a renegociar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, NAFTA por sus siglas en inglés, que eliminó la mayoría de las tarifas en el continente y desde el punto de vista de Trump, enriqueció a México a expensas de la clase media estadounidense.

Sin embargo, el verdadero legado del NAFTA, que entró en vigor en 1994, es más complicado.

Nadie pone en duda que la pérdida de la manufactura ha dejado una cicatriz notable en parte de Estados Unidos, especialmente en lugares como Rust Belt, en donde los empleos en esa industria que pagan sueldos más bajos con mayor frecuencia están reemplazando los puestos en las fábricas que tiene la clase media.

Sin embargo, muchos economistas aseguran que los cambios en la tecnología, junto con la competencia con China, son más culpables que el NAFTA.

El período en el que se registró el descenso más marcado en los empleos de la manufactura, que cayeron de 17 a 11  millones, fue entre el año 2000 y el 2010, atribuibles básicamente la libre importación de productos fabricados más baratos de China y al incremento en la dependencia de las máquinas para hacer el trabajo que en algún tiempo realizaban los humanos, de acuerdo a Gordon Hanson, economista y experto en comercio de la Universidad de California en San Diego.

Al sur de la frontera, el libre comercio ha ayudado sin duda a modernizar a México al crear millones de empleos desde la aprobación del NAFTA, impulsando el flujo de la inversión y ayudando a diversificar el sector manufacturero del país.

Los trabajadores mexicanos elaboran todo, desde lavadoras Whirlpool hasta jets Bombardier.

Sin embargo, los salarios han permanecidos bajos, tanto que México sigue siendo atractivo para la industria manufacturera, ya que de lo contrario estarían tentados a establecerse en China o en algún otro lugar de Asia.

Desde que el NAFTA entró en vigor, no ha habido cambio en el número de mexicanos que viven por debajo de la línea de la pobreza --- que es más de la mitad.

Actualmente, mientras Trump está presionando a las empresas para que cancelen sus planes de abrir nuevas fábricas en México y se ha comprometido a renegociar los acuerdos comerciales, está apareciendo un cambio más dramático en el horizonte.

Su administración ha propuesto un impuesto del 20 por ciento a las importaciones de México y otros países con los que Estados Unidos tiene un déficit comercial.

Economistas aseguran que ese plan representa una grave amenaza para México, que envía casi el 80 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos y cuyo peso se ha desplomado en medio de temores de lo que la administración Trump pueda hacer.

López tiene una idea vaga sobre Trump --- ya que se encuentra muy ocupada para enterarse de la política.

Wade comentó que el presidente desea regresar las cosas a donde estaban.

Aunque en algunas ocasiones se pregunta: “¿Será demasiado tarde?”.

Delphi empezó como Packard Electric, estableciéndose fuera de Warren en 1890 y dedicándose a fabricar focos, posteriormente extendió su actividad a las autopartes.  En 1932 se convirtió en una división de General Motors y eventualmente se expandió incluyendo fábricas en todo el país.

Las fábricas de la empresa establecidas en Warren, pagaban salarios acordes a la clase media y ayudaron a construir una ciudad próspera, con desbordantes calles alineadas a bellos edificios de ladrillo.

Los padres de Wade trabajaron para Packard, ganaban lo suficiente para llevar a la familia de vacaciones durante el verano y construir una piscina en el patio.

Para entonces, Packard había empezado a reducir su fuerza laboral en Estados Unidos y mudó parte de sus operaciones a México para aprovechar los bajos costos laborales en ciudades como Juárez, que estaba invitando a las empresas extranjeras a construir fábricas y a pagar un mínimo de impuestos.

A principios de los años 2000, después que a Packard le pusieron el nombre de Delphi Automotive Systems y se convirtió en una empresa independiente de General Motors, Wade tenía una casa con alberca.

Su esposa manejaba una Trailblazer de modelo reciente y él tenía una pick up Chevrolet nueva.

No tenía idea de lo que estaba por venir.

López creció en Bermejillo, un polvoriento poblado del Estado de Durango, en donde su padrastro pasaba los días bajo el sol, irrigando predios plantados con algodón y melones.

Su madre la sacó de la escuela cuando estaba en quinto grado.

“¿Para qué estudias si sólo vas a trabajar y a tener hijos?”, le dijo su madre.

Para cuanto cumplió 17 años, ya tenía un hijo, que fue el primero de los cinco que tuvo.

López tenía poca razón para pensar que ella sería diferente.

Sin embargo, el NAFTA les dificultó las cosas a los pequeños agricultores mexicanos, quienes se encontraron compitiendo con las importaciones de gigantes agrícolas estadounidenses, muchos de los cuales recibieron buenos subsidios del gobierno de Estados Unidos.

En lugares como Bermejillo, una generación de jóvenes se quedaron inesperadamente sin trabajo, y muchos se dirigieron hacia el norte, a Estados Unidos.

Otros se fueron a ciudades fronterizas como Juárez.

Cuando entró en vigor el NAFTA, Juárez se transformó de la noche a la mañana, de ser un oasis desértico mejor conocido por sus clubes nocturnos y casinos, en una red de edificios industriales de concreto, intersectados por caminos de tierra.

La población creció más rápido y las autoridades construyeron carreteras, escuelas y otras obras de infraestructura.

La migración a ciudades como Juárez también marcó un cambio cultural. Los padres de familia trabajaban todo el día, y al no tener familiares que los cuidaran, los niños usualmente estaban solos.

Cárteles de la droga, cuyo poder iba creciendo, lograron reclutarlos fácilmente.  Cuando la ciudad se convirtió en un campo de batalla de esos grupos delincuenciales, aumentaron los homicidios junto con los suicidios y la violencia contra las mujeres.

López trabajaba en una cafetería por 5 dólares a la semana cuando el chofer de un camión pasó por el pueblo y le dijo que había trabajo en las nuevas fábricas del norte.

Arribó a Juárez en 1996 en compañía de su esposo y cinco hijos.

Su hijo mayor, que en ese entonces tenía 16 años, quien no había encontrado trabajo en Durango, de inmediato se empleó en una maquiladora, como le llaman a las fábricas estadounidenses que empezaron a proliferar a lo largo del lado mexicano de la frontera.

Al igual que López, quien logró emplearse en Delphi, aunque en su primer día de trabajo estaba tan nerviosa que ofreció limpiar los baños en lugar de trabajar como obrera.

“Dios me ayudó”, recordó. “Aunque bueno o malo, por lo menos teníamos trabajo”.

Logró adaptarse a la fábrica y a vivir en una ciudad grande alejada de casa.

En el 2001 se suicidó su segundo hijo.

Estaba tan desalentada después de su muerte que por primera vez se quedó en casa y no trabajó.  Una de sus supervisoras en Delphi fue hasta su barrio y amablemente la convenció para que regresara a la fábrica.

López pensó en regresar a Durango, pero sabía que allí no conseguiría un buen trabajo.  Se resignó al hecho de que la fábrica en Delphi era probablemente el mejor lugar en donde podría trabajar y que ahora Juárez era su casa.

“Si no tenía trabajo no podría comer”, dijo.

En el mes de marzo del 2006, Delphi anunció que iba a cerrar o vender 21 de las 29 plantas en Estados Unidos, una medida que eliminó más de 20 mil empleos, aproximadamente dos terceras partes del total de su fuerza laboral.

Las operaciones fueron trasladadas a fábricas de China o México, en donde Delphi cuenta con 70 mil empleados que trabajan en maquiladoras de 20 ciudades.

La mayoría de las plantas en Warren permanecían abiertas, aunque con un menor número de trabajadores.

A los trabajadores les urgieron que aceptaran una indemnización y les advirtieron que si se quedaban, sus salarios bajarían de un promedio de 29 dólares la hora a 16.50 dólares.

En el Condado Trumbull, la ex fortaleza de manufactura y acero en donde se localizaba Warren, los despidos de Delphi se sintieron como patear a alguien que ya estaba en el suelo.

Los años posteriores a Delphi no fueron fáciles para Warren.  Poco después de ser despedido de la fábrica se divorció y estuvo a punto de ir a la cárcel después de haber sido detenido conduciendo ebrio y con armas en su auto sin tener licencia para portarlas.

Ahora trabaja arreglando techos durante el verano y limpia la nieve durante el invierno.  Después de una década, está ganando lo que obtenía cuando trabajaba para Delphi.

Aunque no tiene la seguridad de una pensión, vacaciones pagadas ni seguro médico. Si hubiera seguido laborando para Delphi, estaría a siete años de pensionarse.

Wade no quiere escuchar acerca de los trabajadores mexicanos que lo reemplazaron.  Se enoja cuando se entera de los bajos salarios que les pagan y también por los inmigrantes que trabajan ilegalmente en Estados Unidos.

Le gustó que Trump desafiara a México en ese tema.

Fue el tipo de cosas que logró persuadir a Wade, quien toda su vida ha sido demócrata y miembro de un sindicato, a darle su voto a Trump.

Muchas personas del Condado Trumbull se le unieron, ya que votaron a favor del candidato republicano por primera vez desde 1972.

Brian Lutz, delegado del sindicato que en algún tiempo representó a Wade, dijo que entiende el coraje de la gente contra la clase dirigente.

“Escucho todo el tiempo a la gente que dice ¿por qué debo seguir votando por un demócrata cuando mis compañeros de trabajo fueron despedidos y los demócratas no han hecho el trabajo para el que los elegimos?”, preguntó.

Recientemente, su sindicato negoció un contrato en donde los trabajadores empezarán ganando 13 dólares la hora.  Eso es aproximadamente 10 veces más de lo que López gana actualmente en la planta de Delphi en Juárez, dos décadas después de haber iniciado su carrera en ese lugar.

Una tarde reciente, al final de su turno en Juárez, cientos de trabajadores salieron de las instalaciones de Delphi e hicieron una larga fila para abordar los autobuses blancos que los llevarían a casa.

López abordó el número 6621, que se dirige hacia el este a lo largo de la frontera con Estados Unidos, pasa por docenas de fábricas y una serie de grandes tiendas.

Dejan a López en Tierra Nueva, un desarrollo de viviendas que surgió entre la arena en las afueras de la ciudad.

Con sobrepeso y padeciendo diabetes, pasa por donde se encuentra su Toyota, a la entrada de su casa.

Las advertencias que le ha hecho Trump a las empresas para que mantengan sus negocios en Estados Unidos están teniendo un efecto en la economía mexicana.

El mes pasado, después de haber sido criticado por Trump en Twitter, Ford anunció que cancelaba sus planes para construir una nueva fábrica con valor de 1.6 billones de dólares en México, optando por contratar trabajadores en Michigan.

Trump se adjudicó el crédito, aunque la empresa dijo que la demanda del mercado fue el factor más importante en la decisión que tomó.

La fábrica en México fue diseñada para manufacturar autos pequeños, pero debido a que disminuyeron los precios de la gasolina en Estados Unidos, la demanda cambió hacia modelos más grandes que son armados en Michigan.

Aunque algunas empresas que elaboran productos en México aseguran que no van a regresar a Estados Unidos.  Eso incluye a Delphi.

La empresa acaba de anunciar un plan para realizar más despidos en Warren, en donde sólo permanecen 1 mil 500 empleados.

Al hablar en la Conferencia Global Automotriz de Barclay que se llevó a cabo en Nueva York en el mes de diciembre, el director de finanzas de Delphi, Joe Massaro explicó lo que considera que pasaría en Delphi bajo algunos escenarios comerciales de Trump.

Si Trump cerrara la frontera con México totalmente, “en menos de una semana, todas las personas que votaron por él en Michigan y Ohio se quedarían sin trabajo”, argumentó Massaro, haciendo hincapié en el hecho de que muchas fábricas en Estados Unidos, incluyendo a las automotrices de Detroit, dependen de las partes que son elaboradas en México.

Si Estados Unidos se retira del NAFTA y empieza a cobrar nuevamente impuestos de importación a México, Delphi seguiría haciendo negocios con México, aseguró.

La empresa podría cobrarles el costo adicional a sus proveedores o consumidores o encontraría la manera de reducir sus costos de producción --- que podrían significar despidos y recortes de salarios en México.

López no sabe lo que eso pueda significar para ella y su familia.

De sus cuatro hijos, tres trabajan en fábricas.

En el último par de años, cada peso que le sobra lo ha destinado a pagar la colegiatura de la universidad a su hijo más pequeño, Sergio, quien está estudiando la carrera de Ingeniería en Computación.

Sueña con establecer una empresa de software que pueda competir con las empresas estadounidenses.

Ha observado la vida de su mamá y desea ganar más que los salarios de las maquiladoras.

“Es mucho trabajo por muy poco dinero”, dijo.

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