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Estado

Cuando Villa gobernó Chihuahua

Juan de Dios Olivas/El Diario | Lunes 27 Marzo 2017 | 06:49 hrs

Agencias |

Ciudad Juárez.- A caballo, en orden y perfectamente disciplinados, cientos de jinetes armados ingresaron a la ciudad de Chihuahua aquella mañana. También columnas de soldados cuya marcha atrae a la población que se congrega para ver el espectáculo que formaban aquellos hombres.



Pocas horas después arribaría el general Francisco Villa y el silencio que guardaban los habitantes se transforma en gritos… ¡Viva Villa! ¡Viva Carranza! ¡Viva la Revolución!



Era el 8 de diciembre de 1913, el Centauro y sus tropas tomaban pacíficamente la capital del estado tras haberse apoderado también de Ciudad Juárez y derrotar días atrás en la batalla de Tierra Blanca a tropas federales del gobierno usurpador de Victoriano Huerta, que en febrero de ese mismo año, derrocó y asesinó al presidente Francisco I. Madero.



En Chihuahua, Villa protagonizará un capítulo poco conocido en la actualidad para los mismos chihuahuenses. Conforme al Plan de Guadalupe lanzado por los constitucionalistas, a cuyo bando pertenecía en ese momento, asume como gobernador del estado desde ese día y hasta el 7 de enero de 1914 cuando renuncia para continuar su campaña militar.



En ese período descrito por el historiador Friedrich Katz en su libro “Pancho Villa” como las “Cuatro Semanas que estremecieron a Chihuahua”, Villa ya como mandatario, ordena bajar el precio de la carne y se ofrece a un 85 por ciento menos de lo que costaba, aplica la misma política con el frijol, el maíz y quita los impuestos de importación en la Aduana de Ciudad Juárez a los productos básicos que consume la población.



En los siguientes días reabre el Instituto Científico y Literario, que 40 años después de transforma en la UACh (Universidad Autónoma de Chihuahua); crea el Banco del Estado, imprime sus billetes, acuña monedas de plata y expulsa a los españoles de la entidad acusados de apoyar al gobierno usurpador.



Decreta la ley seca para sus tropas y también instala el primer telégrafo inalámbrico del norte, reorganiza los ferrocarriles, confisca haciendas y firma el famoso contrato con la Mutual Film Corporation, compañía de Hollywood que grabará algunos de sus futuros combates.



La prensa internacional reseñaba su gobierno así: “Sentía una verdadera pasión por las escuelas y estableció cincuenta planteles de educación en la ciudad. Hizo que el Ejército hiciera funcionar los tranvías, la planta de luz eléctrica, los teléfonos y el agua potable. Instaló molinos de harina y mataderos de ganado. Cerró las cantinas e hizo fusilar a uno de sus propios soldados cuando lo encontró en estado de ebriedad”, publicó el New York Times años después.



Villa, tiene 36 años cuando asume la gubernatura. Su popularidad va en ascenso.







Villa, una especie de Robin Hood



El Salón Rojo del Palacio de Gobierno, fue el lugar donde el Centauro toma protesta en una ceremonia que fue interrumpida desde la calle por la algarabía de miles de personas, lo que obliga a Villa a salir al balcón a saludar y de nueva cuenta es aclamado.



El comerciante Federico Moye que para garantizar el orden había asumido la Administración estatal en forma provisional durante la transición entre el gobierno federal y el revolucionario, fue el encargado de entregar el poder.



Villa agradece a Moye y le promete que 200 soldados federales que se quedaron en la ciudad a resguardar el orden, serían tratados bien y se les permitiría irse a donde quisieran.



En su gabinete integra a miembros de la Junta constitucionalista que se formó en El Paso, Texas, en marzo de 1913 unas semanas después del golpe militar de Huerta contra Madero y que lideraba el periodista Silvestre Terrazas —director de El Correo de Chihuahua— a quien designó secretario general de Gobierno.



Sebastián Vargas fue nombrado tesorero general del Estado, cargo que había ocupado anteriormente durante el mandato de Abraham González mientras que Matías C. García, fue designado director general de Instrucción Pública, ambos claves en la política de su Administración.



El historiador Pedro Salmerón en su libro “La División del Norte”, afirma que el nombramiento de mayor peso fue el de Silvestre Terrazas, quien fungirá de facto como verdadero gobernador, aunque más adelante será el titular oficial del Ejecutivo en dos ocasiones, siendo el segundo periodista en ocupar ese cargo.



Terrazas será clave para controlar el terror que imponía en las clases medias la figura de Villa y la guerra de denuncias que se suelta contra presuntos enemigos. En una ocasión llevan ante el general a Guadalupe Galván, que había sido presidente de Valle de Allende, sus aprehensores buscaban que se ordenara su fusilamiento.



El secretario general de Gobierno es llamado también e interrogado: ¿Conoce usted a este señor?, pregunta Villa a Terrazas: “Si, general, es el señor Galván…” “¿Merece que se le castigue o que se le trate mal?”, “No señor”. “¿Entonces, merece su libertad?”, “Si señor…” “Bueno”, dijo el gobernador, “déjenlo libre…”.



Otros no correrían con la misma suerte.



Un gobernador para los pobres



Las primeras disposiciones que dicta el gobernador revolucionario fueron dirigidas a reorganizar la administración pública, los servicios ferroviarios y telegráficos, para fijar una política de precios de la carne vendida en los expendios municipales el cual baja de 1 peso a 15 centavos por kilo, relatan crónicas de la época.



“El gobierno está manejando el mercado de la carne y cada día se envía a un destacamento de soldados a uno de los ranchos de los Terrazas, donde reúnen un rebaño y lo llevan a la ciudad para matarlo. La carne se reparte en diversos mercados de la ciudad”, consignaba ese año los diarios de la frontera.



También se informaba que a personas desempleadas de las madereras y minas devastadas por la guerra en Madera, Pearson (Mata Ortiz) y Casas Grandes, se les entregaban diariamente raciones de alimentos con costo al Ejército Constitucionalista y por disposición de Villa.



Kats señala que las medidas adoptadas, que beneficiaron a los pobres y a los desempleados tuvieron otro efecto: Miles de chihuahuenses se unieron a la División del Norte, mientras que el impacto sicológico en la población fue total ya que nunca antes en la historia un gobierno les daba algo. Villa estaba convertido en una especie de Robin Hood que robaba a los hacendados para dárselo a los pobres.



Los decretos villistas



El 12 de diciembre, Villa publica el decreto de confiscación de bienes de los enemigos de la Revolución, dirigido a toda propiedad de Luis Terrazas e hijos, hermanos Creel, hermanos Falomir, José María Sánchez, hermanos Cuilty, hermanos Luján y J. Francisco Molinar. Los bienes serían administrados por el Banco del Estado creado por otro decreto ese mismo día.



La institución bancaria tendría capacidad de emitir hasta 10 millones de pesos, que resolverían el problema de la falta de dinero circulante que había colapsado los mercados y amenazaba con generar hambruna.



La emisión de billetes llenó las arcas de la División del Norte con plata acuñada que fue cambiada a los especuladores y que le generó un caudal que aumentó con el hallazgo de 590 mil pesos oro nacional descubiertos en una columna falsa del Banco Minero tras la aprehensión en el consulado británico del hijo de Luis Terrazas hijo, a quien mantiene prisionero y obligan a confesar el lugar dónde se encuentra ese tesoro.



Otro decreto, quizás el más polémico, fue el lanzado el 9 de diciembre, al día siguiente de rendir protesta como gobernador y fue para expulsar a los españoles a quienes concentra primero en la ciudad de Chihuahua. Como argumento, los acusa de apoyar a Félix Díaz (sobrino de Don Porfirio) y a Victoriano Huerta en el derrocamiento de Madero. En el documento oficial ordena la confiscación de las propiedades de los desterrados.



Tanto la orden de expulsar como la detención de Luis Terrazas hijo, provocaron la intervención diplomática de Estados Unidos —aunque de ese país no corre a nadie— y del cónsul británico Scobell, en cuya residencia oficial fue el arresto. A la protesta se unió su secretario general de Gobierno Silvestre Terrazas, pero la orden no cambió, Villa insistió en acusarlos de apoyar a Huerta.



“No han cambiado de carácter desde los conquistadores. Destruyeron el imperio indio y esclavizaron al pueblo. No les pedimos que mezclaran su sangre con la nuestra. Dos veces los sacamos de México y les permitimos regresar con los mismos derechos que los mexicanos y ellos usaron esos derechos para robarnos nuestra tierra, para hacer esclavo a nuestro pueblo y para tomar las armas contra la causa de la libertad…”



De Terrazas hijo, escaparía de la cárcel y huiría a Estados Unidos donde muere, a consecuencia de las torturas que recibió en cautiverio, diría su padre.



En el mismo mes de diciembre, Villa ordena el rescate del cuerpo del exgobernador Abraham González, asesinado en marzo de 1913 cuando era trasladado preso en tren a la Ciudad de México. Su cuerpo quedó inhumado entre las estaciones de Horcasitas y Bachimba de donde fue recuperado por los villistas y trasladado a la ciudad de Chihuahua.



El Centauro encabezó los funerales del exgobernador que en 1910 fue el que reclutó a Villa para incorporarlo a la insurrección que organiza Madero en contra de Porfirio Díaz tras el fraude electoral de ese año.



Finalmente el 7 de enero de 1914, a poco más de 4 semanas de convertirse en gobernador, renuncia a su cargo a solicitud oficial del primer jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza quien designa en su lugar a Manuel Chao.



“Soy el hombre que obedezco sus órdenes en cumplimiento de mi deber. La carta que usted me mandó referente a que se quedara el general Chao como gobernador, aunque era una carta-iniciativa comprendí que era una orden de usted. Ya pongo al señor general al frente del gobierno para tenerle menos molestias a usted cuando venga y para emprender la marcha al sur”, escribe Villa.



El historiador Katz relata que cuando deja la gubernatura, la mayoría de los observadores extranjeros coincidieron en señalar que las medidas que tomó tuvieron un impacto enorme en la entidad y aseguran que nadie había logrado sacarles más a los ricos de Chihuahua que el Centauro.



Días después de renunciar toma Ojinaga y obtiene el control total del estado para el villismo e inicia los preparativos para marchar al sur. En la ruta se encuentra Torreón que es tomado a sangre y fuego que le representa a Villa beneficios importantes, dado que ahí se encontraban las fábricas de armas del Ejército federal, además de ser un importante polo económico por el desarrollo de la industria del algodón.



Sin embargo, Zacatecas eleva el prestigio militar del líder de la División del Norte. Considerada como la más grande batalla del movimiento revolucionario, confirmó las notables cualidades bélicas del Centauro del Norte y de su contingente guerrero, además de propiciar la derrota definitiva del ejército federal y la renuncia del usurpador Victoriano Huerta.



Fuentes: Pancho Villa, Fiedrich Katz; Pancho Villa, Retrato Autobiográfico; Pancho Villa, Paco Ignacio Taibo; La División del Norte, Pedro Salmerón; www.inehrm.gob.mx; www.sedena.gob.mx)

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