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Estado

Por accidente, llegan españoles aquí

Juan de Dios Olivas/El Diario | Jueves 12 Octubre 2017 | 08:30 hrs

Agencias |

Ciudad Juárez.- Indios mansos, sumas y júmanos habitaban esta región al momento de la llegada en 1492 de Cristóbal Colón a América y entraron en contacto con los españoles cuatro décadas después cuando por accidente llegó aquí el explorador Álvar Núñez Cabeza de Vaca.



Dedicados a la vida seminómada, practicaron la cacería, la recolección de frutos y en menor medida la agricultura. Su territorio comprendía desde las riberas del río Bravo (Ciudad Juárez) hasta las inmediaciones de Las Cruces, Nuevo México, donde en la actualidad todavía hay descendientes de ellos.



Sin embargo, la presencia de seres humanos en la región, se remonta a 12 mil años atrás y los primeros asentamientos a 4 mil 500 años. Vestigios se pueden encontrar fácilmente en piedras y cuevas de Samalayuca, de acuerdo con investigaciones históricas.



Serían las historias de fantasía que contaría Alvar Núñez y su sirviente Estebanico sobre el hallazgo de las míticas ciudades perdidas de la Cíbola y Quivira construidas de oro y plata, las que despertarían la codicia de la Corona española que enviaría más expediciones.



Con ello, se iniciaría la conquista del territorio del norte y la fundación de comunidades españolas que con el tiempo desplazaron a los pueblos originarios y sus costumbres o terminarían absorbiéndolos.



Los primeros habitantes



En 1582, cuatro décadas después de la llegada de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, llegó la expedición de Antonio de Espejo y encontró tres pueblos indígenas en la región con culturas e idiomas diferentes que ocupaban sus propios territorios en las riberas del río Bravo, refiere el historiador Martín González de la Vara, en Breve Historia de Ciudad Juárez y la Región.



Los primeros en localizar fueron los sumas que eran seminómadas y ocupaban un trecho entre las actuales poblaciones de San Elizario y el municipio de Ojinaga, practicaban la agricultura y tenían asentamientos con viviendas hechas de adobe.



También se dedicaban a la caza y la recolección para subsistir y construían habitaciones de ramas en el territorio en el que se desplazaban.



El segundo pueblo era el jumano, emparentado con los apaches, también nómada y se desplazaba en las planicies del norte del río Bravo y estaban en contacto frecuente con los indios sumas y en ocasiones con los mansos.



Más al norte de esos territorios, Espejo encontró al pueblo manso que en un principio recibió el nombre de tanpoachas o gorretas, pero después fueron llamados mansos por los españoles debido a que ellos mismos se autodenominaban de esa manera.



Los mansos no practicaban la agricultura ni tenían poblaciones permanentes ya que se dedicaba a la cacería, la recolección y a la pesca en el río Bravo.



Sin embargo, aunque eran considerados menos civilizados por no tener vida sedentaria, fueron quienes tuvieron más contacto con los españoles y quienes al final formarían el principal núcleo de la Misión de Guadalupe del Paso del Norte, comunidad que se convertiría en la actual Ciudad Juárez.



Encuentro de dos mundos en el Norte



Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el negro Estebanico y dos españoles más que habían formado parte de la expedición que encabezó Pánfilo de Narváez, que salió en 1529 de Cuba a la conquista de Florida, pero naufragó en las costas de Texas arribaron a esta región caminando.



Tras el naufragio, habían vagado por el norte de lo que hoy es México y por el sureste de Estados Unidos por siete años, hasta llegar a la confluencia de los ríos Bravo del Norte y Conchos; incluso se afirma que estuvieron en la región donde hoy se encuentran Ciudad Juárez y El Paso.



Algunos historiadores señalan que probablemente Cabeza de Vaca y el resto de los sobrevivientes del naufragio de Narváez, siguieron por el Conchos hasta la Sierra Madre Occidental, donde fueron a parar a la región de Sahuaripa, donde vivía la tribu de los Sisibotaris, que les brindaría protección.



De ahí llegaron a la recién fundada población de Culiacán, en 1536, donde narrarían historias de increíbles reinos con ciudades ricas en oro y plata que ellos a su vez no habían visto, pero aseguraban que las habían escuchado de los nativos.



Las noticias avivaron la codicia de las autoridades españolas y tres años después de que Cabeza de Vaca regresara con los suyos, el virrey Antonio de Mendoza organizó una expedición al mando de fray Marcos de Niza, la cual utilizaría de guía al negro Estebanico, para ir en busca de las míticas ciudades perdidas de la Cíbola y Quivira, cuya leyenda señalaba que tenían hasta calles de oro y plata.



Fray Marcos de Niza fracasaría en su intento y pronto sería enviada una segunda expedición que desmintió las leyendas.



Pese a que las narraciones fueron desmentidas, la expansión novohispana continuó. Los descubrimientos de minas de plata en Zacatecas, Guanajuato y Durango provocaron que los españoles siguieran avanzando al norte.



En 1562 crearon la provincia de la Nueva Vizcaya con capital en Durango y cuyos primeros gobernantes fueron mineros y comerciantes.



En 1595, la Corona otorgaría el derecho de conquistar Nuevo México al comerciante y minero Juan de Oñate, hombre con intereses en Zacatecas y Nueva Vizcaya, nieto de conquistadores que esperaba revivir la gloria alcanzada por sus antepasados décadas atrás y recibir por recompensa riquezas materiales.



Oñate fue autorizado para otorgar encomiendas a quienes sirvieran como soldados, a través de las cuales se les permitiría forzar a trabajar a los nativos a cambio de protección y cristianizarlos.



A principios de 1598, acompañado de 440 hombres, 130 familias a bordo de 83 carretas, con provisiones y siete mil cabezas de ganado, el conquistador Juan de Oñate inició una larga travesía hacia esta región por la ruta que bautizaría como “Camino Real Tierra Adentro”, que se convertiría en la principal ruta de comunicación y transporte desde entonces.



El 4 de mayo de 1598, Oñate cruzó el río por donde se levantaría el cruce que denominó “El Paso del Río del Norte”; y aunque no fundó ninguna población permanente, sí quedó señalado el carácter estratégico de la región, a la que más tarde, en 1659, llegaría fray García de San Francisco a fundar la Misión de Guadalupe de El Paso de El Río del Norte, que se convertiría en la actual Ciudad Juárez. 



Fuentes: Francisco R. Almada, Visión Histórica de la Frontera Norte de México; Luis Aboites, Breve Historia de Chihuahua; Martín González de la Vara, Breve Historia de Ciudad Juárez y su región; Fernando Benítez, La ruta de Hernán Cortez; http://www2.uacj.mx/cronologia/recinto_/deonate_juan.htm

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