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Estado

Lloran a desaparecidos... aunque no tengan tumbas

El Diario de Juárez | Viernes 03 Noviembre 2017 | 10:06 hrs

El Diario de Juárez |

Juárez.- Mientras que miles de personas acudieron ayer a las tumbas de sus seres amados para llorar, cantar y recordar cómo eran en vida, Hilda Ávila Montes ni siquiera sabe dónde quedó su hermano, por lo que a falta de un recinto fue a rezar en la fosa común.

“Yo lo sigo buscando con vida, pero la verdad es que ni siquiera sé si está vivo. Y como aquí ellos tampoco han sido encontrados por sus familiares, vine”, dice la mujer mientras coloca sobre el terreno sin nombre una cruz con la interrogante ‘¿En dónde estás?’.

Relata que perdió a su hermano César Ávila desde hace siete años y su más grande anhelo es saber qué pasó con él.

Su situación, expresa, debe ser similar a la de algunas personas que tal vez estén también buscando a sus familiares, sin saber que están inhumados en el sitio en el que ella se encontraba ayer.

“Lo voy a seguir buscando hasta que tenga yo las pruebas de que murió, o que me dé un abrazo”, dice.

La fosa común es un predio designado para depositar los cadáveres que no fueron reclamados ante el Servicio Médico Forense (Semefo).

Se encuentra en un segmento especial dentro del Panteón San Rafael, uno de los más grandes de la ciudad y el único municipal que aún cuenta con espacio para abrir nuevas fosas.

Las autoridades indican que ahí yacen 2 mil 622 cuerpos sin identidad. Muchos de ellos fueron encontrados muertos en situaciones de violencia.

César Ávila nació y vivió en esta ciudad hasta que su hijo fue testigo de la masacre de enero de 2010 en Villas de Salvárcar, donde más de una decena de adolescentes fueron asesinados.

Debido a ello y por seguridad, decidieron irse al estado de Zacatecas.

Estando allá, afirma su hermana, militares lo detuvieron para interrogarlo y se lo llevaron. Jamás se volvió a saber de él.

Con sus propias manos y acompañada de su marido, Hilda excavó ayer sobre la fosa común para colocar tres cruces de madera, las cuales afianzó con el peso de un puñado de piedras.

Al pensar que su hermano pudo haber sido víctima de tortura, sus ojos se llenan de lágrimas.

“Somos familias buenas, trabajadoras de maquila. Las autoridades deben de buscar e investigar bien”, dice.

Asegura que seguirá buscando hasta que tenga fuerzas y enseguida dedica una oración en silencio sobre la tumba colectiva de personas que murieron sin nombre. (Karen Cano / El Diario)

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