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Estado

El entorno que acechó a James

Sandra Rodríguez/El Diario de Juárez | Miércoles 28 Febrero 2018 | 08:50 hrs

El Diario de Juárez |

Ciudad Juárez.- Un hombre empezó a recorrer las calles del fraccionamiento Riberas del Bravo al caer la tarde del pasado domingo 21 de enero. Hugo Camacho, originario de esta frontera, conducía una camioneta Ford Ranger a poca velocidad y, al toparse a sus vecinos, se detenía a preguntar por un niño de siete años, chamarra y tenis que había desaparecido alrededor de las cuatro de la tarde.





Era su hijo James Camacho, enfermo de autismo y el menor de los tres niños que había procreado en Estados Unidos y con quienes había llegado hacía dos días procedente de Everett, Washington, para vivir en ese fraccionamiento ubicado en la línea fronteriza de Ciudad Juárez.



Como cada tarde en los fines de semana, dice uno de los vecinos a quienes se acercó el padre de familia a preguntar, en esa cuadra de la calle Rivera del Cañón es notoria la presencia de niños jugando, siempre al cuidado de algún pariente adulto.



El entrevistado –que pidió ser identificado sólo como Germán, de 28 años y empleado de maquiladora– estaba frente a su casa, en el parte sur de la calle, pendiente de sus cuatro hijos que correteaban, y no vio al niño de siete años pasar por ese extremo.



Vacío en un 36 por ciento por ciento, el fraccionamiento construido para obreros de las maquiladoras de esta ciudad no puede ser más peligroso para un niño en situación de extravío: sin alumbrado público, con campos de cultivo entre los diferentes bloques de cuadras y casi cinco mil casas deshabitadas.



Tan sólo a metros del extremo norte de la cuadra, a donde pudo haber caminado el pequeño James, hay un canal de aguas negras que corre a cielo abierto y sin protección alguna en los costados bordeados de maleza y basura a lo largo de varios kilómetros, atravesando las nueve etapas del conjunto habitacional.



Debido a que fue al caer la tarde del domingo, lo segundo que rodeó al niño fue la obscuridad total en la que se quedó la zona por la falta de servicio de las luminarias, el principal problema de inseguridad denunciado por los habitantes.



El tercer factor de riesgo, y uno de los más favorables para la privación ilegal de la libertad que está entre las líneas de investigación de la Fiscalía General del Estado, es el de las casas abandonadas que, sin vigilancia ni puertas ni ventanas, son potenciales escondites que usan tanto los niños para jugar como los adultos para delinquir.



En este fraccionamiento, que con 12 mil 500 viviendas es más grande que algunas ciudades del estado, la problemática abarca a unas cuatro mil casas; algunas llenando bloques de cuadras.



Otra fuente de peligro identificada por los entrevistados en Riveras del Bravo es la mezcla de viviendas con campos de cultivo, como el ubicado a unos dos kilómetros de donde salió el niño y donde fue encontrado su cadáver, abandonado entre matas de algodón ya cosechadas, el pasado martes 20 de febrero.



Ubicado a pocos metros de la línea fronteriza, en el extremo éste de la mancha urbana de Juárez, el campo es parte del rancho Imperial –de la familia del empresario juarense Valentín Fuentes– y, como se observó en un recorrido, está en el plano inmediato de vigilancia para la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, pero sin vigilancia de alguna autoridad mexicana.



La Fiscalía General analiza a la fecha evidencias encontradas en las inmediaciones del lugar, como un par de cobijas halladas entre los surcos, junto a un ducto de cemento, para determinar qué fue lo que le ocurrió al niño en los días previos a su muerte por hipotermia.



“La consecuencia (de la problemática urbana) ya la vimos. Por eso es importante que si, los papás están en la vivienda y no tienen alguna reja para que los niños estén seguros dentro de su casa, bajo llave, que jueguen en el patio que no tiene salida; o si no, adentro”, dijo Alejandro Ruvalcaba, vocero de la FGE Zona Norte.



“Si los niños quieren salir, dense el tiempo los papás de salir con ellos, y estar ahí en supervisión. Peor cuando no hay luz en la colonia, las cosas están vacías, los campos cercanos y totalmente obscuros. Si un niño se pierde en la obscuridad, no va a saber ni para dónde irse”, agregó el funcionario.



De EU a la frontera



James Camacho llegó a Estados Unidos junto con padre Hugo Camacho y sus tres hermanos, de 10 y 13 años.



De acuerdo con Teirasa Mower, madre de los tres niños, Hugo le solicitó consentimiento para viajar a Ciudad Juárez con los tres niños por motivos que no le informó.



Estos, sin embargo, dijo, no tienen que ver ni con la deportación ¬ni con la falta de empleo, debido a que el padre de los niños cuenta con documentación para cruzar la frontera y, hasta antes de viajar a Ciudad Juárez, tenía empleo en una fábrica de acabado de productos de metal, en Everett, una localidad ubicada al norte de Seattle.



Ahí, comentó la mujer, y debido a que ella carece de vivienda y se aloja en una casa de campaña en Marysville, Camacho vivía con los tres niños en un departamento.



Al llegar a Juárez, el padre se instaló en la calle Rivera del Cañón con los niños y una mujer identificada en medios como Verónica Lozano. 



La vivienda está ahora en rehabilitación para ser vendida por la compañía inmobiliaria y todo indica, consideran los trabajadores, que fue ocupada de manera ilegal, o por “invasión”, por la familia méxico-estadunidense.

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