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Internacional

Akihito, el emperador que no puede abdicar

Excélsior | Sábado 20 Agosto 2016 | 06:22 hrs

Agencias |

Ciudad de México.- El emperador japonés puso en predicamentos a su nación al expresar públicamente, de manera indirecta, su deseo de abdicar al cargo, pero a diferencia de otros monarcas que dimiten sin problema, Akihito no lo puede hacer porque eso representa una interferencia política.



Según la Constitución japonesa, el emperador no tiene permitido hacer declaraciones políticas y una expresión directa de abdicación se interpretaría como tal, de acuerdo con la cadena británica BBC.

Desde mediados de julio se rumoraba del deseo de

Akihito de buscar cómo abdicar, lo que causó considerable sorpresa pública. La medida no tiene precedente en la historia moderna de Japón, pues no existe una provisión legal para la abdicación, de acuerdo con la ley japonesa.

Se necesitaría un cambio en la Constitución para que un emperador renuncie a su cargo. De acuerdo con la agencia Kyodo, el gobierno que encabeza el primer ministro Shinzo Abe comenzó a estudiar desde hace meses la posibilidad de una abdicación y sus implicaciones legales.

En 2006 se abrió un debate sobre si una mujer podía ser emperatriz y, en 2011, el príncipe Akishino, hermano menor de Akihito, pidió que se discutiera imponer una edad de jubilación para el emperador, pero ninguna de las dos iniciativas prosperó.

"Estoy preocupado por la dificultad para cumplir con mis obligaciones como símbolo del Estado”, declaró el lunes 8 de agosto el monarca de 82 años, en un poco habitual discurso a la nación, y reconoció tener en ocasiones “algunas limitaciones”, como su condición física.

Akihito, quien tiene tres hijos, el príncipe heredero Naruhito, el príncipe Fumihito, y su hija Sayako, ha sufrido varios quebrantos de salud y tuvo que ser intervenido de un cáncer de próstata en 2003 y someterse a un bypass coronario en 2012.

Aunque en su discurso aseguró estar recuperado de sus cirugías y que está en buena salud, aceptó que su estado físico necesariamente está declinando con la edad.

Hirohito, el anterior emperador, murió de cáncer en enero de 1989 a los 87 años de edad tras varios meses de luchar por su vida. Su última presentación pública fue un memorial de guerra en agosto de 1988.

La Ley de la Casa Imperial japonesa data de 1947 y sólo prevé que la sucesión se dé tras la muerte del emperador en funciones, por lo que carece de estipulaciones sobre la abdicación.

LAS MÚLTIPLES FUNCIONES

El monarca no tiene poder político pero, como él mismo aseguró en su discurso, ha heredado una larga tradición y tiene varios deberes oficiales en representación de su nación, como recibir a dignatarios extranjeros, organizar recepciones y entregar honores.

La monarquía japonesa está entrelazada con el sintoísmo, y el emperador todavía encabeza varios ritos y ceremonias religiosas.

Pero desde que asumió el Trono de Crisantemo en 1989, Akihito adoptó un estilo más moderno, esforzándose por acercar más a la familia imperial con el pueblo.

Aunque la actividad del emperador se ha reducido en los últimos tiempos debido a su delicada salud, su agenda incluye cada año más de 250 encuentros oficiales y 75 viajes dentro de Japón y al extranjero.

Para aliviarle de tan pesada carga, la Casa Imperial nipona anunció en mayo que más de un centenar de dichos actos serían cancelados o asignados al príncipe Naruhito.

Akihito, emperador nipón 125, nació el 23 de diciembre de 1933, cuando Japón se encontraba en plena conquista militar en Asia, y tenía 11 años cuando su padre Hirohito perdió el estatuto divino, tras la capitulación nipona en agosto de 1945, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo con el diario The New York Times.

Cuando sucedió a su padre en 1989 al frente de la familia real más antigua del mundo, cuyos orígenes se remontan a 2,600 años, según la mitología, y al siglo VII d.C., según los historiadores, asumió con humildad y sabiduría sus funciones como “símbolo de la nación y de la unidad del pueblo”.

Así lo deja claro la Constitución pacifista de postguerra, que priva al emperador de los “poderes de gobierno”. Pese a esta limitación, Akihito ha sabido expresar sus opiniones de manera sutil durante los 27 años que ha ejercido el cargo en nombre del “cumplimiento de la paz” (era Hesei).

LEGADO DEL EMPERADOR

"No se identifica con un nacionalismo intolerante”, escribe Masayasu Hosaka, autor de una obra sobre Akihito y su padre, que destaca que Akihito rechaza el culto al emperador o la glorificación del pueblo japonés.

Un ejemplo de su forma de llevar su mandato lo demostró en 2011, cuando él y su esposa, la emperatriz Michiko, visitaron las zonas de Japón afectadas por el devastador tsunami. Además, en repetidas ocasiones ha expresado remordimiento por las acciones de Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

A lo largo del ejercicio de su cargo, Akihito, quien estudió Ciencias Políticas en la prestigiosa universidad de Gakushuin, en Tokio, se ha esforzado en cerrar las heridas abiertas por la guerra a través de peregrinaciones a los lugares de las atrocidades cometidas por el ejército nipón en Asia.

Antes de acceder incluso al trono del Crisantemo, vapuleó las tradiciones al casarse en 1959 con Michiko, una plebeya, hija de un comerciante de cereales que conoció en un club de tenis.

"El legado más precioso que dejarán Akihito y Michiko son sus esfuerzos para poner su prestigio imperial al servicio de los menos privilegiados”, resaltó Kenneth Ruoff, especialista de la universidad de Portland.

El príncipe heredero Naruhito, de 56 años, parece seguir la estela de su padre, ya que en varias ocasiones ha llamado a una nueva reforma para que la dinastía imperial entre en el siglo XXI, máxime cuando su rigidez le ha pasado factura sobre todo a su esposa.

"Habrá que redefinir los límites de las obligaciones imperiales para que se adapten a los cambios de nuestro tiempo”, declaró hace algunos años el príncipe.

Akihito también es un entusiasta del medio ambiente, ha dirigido investigaciones sobre peces y es miembro de la Ichthyological Society of Japan (Sociedad Ictiológica de Japón). Sus trabajos de investigación han sido publicados en revistas científicas.

Las condiciones para una abdicación deben ser consideradas de manera cuidadosa, por que los derechos del emperador japonés están restringidos bajo la actual Constitución, lo que incluye el de expresión y el matrimonial, explicó el experto en Leyes Shojiro Sakaguchi de la Universidad de Hitotsubashi.

Por su parte, la articulista Linda Sieg escribió en el diario Japan Today que la renuncia que el ahora papa emérito Benedicto XVI hizo en 2013, parece no haber influido al emperador japonés.

Sin embargo, quizá sí tomó en cuenta la abdicación que la reina Beatriz de Holanda presentó ese mismo año al cumplir 75 años de edad, resaltó la articulista.

Ahora Japón deberá posiblemente enfrascarse en un nuevo debate, como el que vivió con la controvertida reforma militar, para abrir la posibilidad de que el emperador deje el cargo en manos de su heredero Naruhito, antes de morir.

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