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Internacional

El Estado Islámico mina las vías de salida de Mosul

El Mundo | Miércoles 19 Octubre 2016 | 23:07 hrs

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Irak.- Una ciudad sumida en un "silencio extraño y aterrador". Con todas las opciones de salida bloqueadas por los explosivos que las huestes del autodenominado Estado Islámico han plantado en los últimos días. "La ciudad está en calma. En las calles reina una tranquilidad incómoda y estremecedora", relata a EL MUNDO un vecino que resiste en el último bastión del califato en suelo iraquí.



Millón y medio de almas permanecen atrapadas entre los pliegues del callejero de Mosul, la segunda urbe de Irak convertida en una monstruosa trampa. "Los residentes estamos ansiosos y preparados para unirnos a la rebelión cuando las fuerzas de la liberación se aproximen a la ciudad. De momento, sin embargo, estamos tranquilos. Simplemente esperamos a la batalla por Mosul que se avecina", explica el hombre -que exige anonimato por miedo a las represalias- desde un enclave sujeto a un estricto apagón informativo desde que las huestes de Abu Bakr al Bagdadi irrumpieron en su geografía en junio de 2014.

El inicio de la ofensiva, lejos aún de internarse en su entramado urbano y atascada en varios pueblos al sur, ha obligado a la cúpula de la organización yihadista a diseñar una resistencia numantina. "Hay poca presencia de combatientes en las calles pero están tratando de redistribuirse estratégicamente como antesala a la contienda. Eso ha provocado que algunos barrios se hallen más o menos libres de sus soldados", reconoce el activista.

Los batallones más numerosos -compuestos por entre 80 y un centenar de uniformados- se han apostado en la orilla occidental, en barrios como Al Zaura o Mosul Al Yadida. En los distritos menos estratégicos monta guardia un mínimo de entre 50 y 60 efectivos. "Los soldados del 'Daesh' [acrónimo en árabe del Estado Islámico] están en un estado de máxima tensión. Patrullan las calles por la noche pero se pasan el día escondidos", narra Abu Ahmed, el nombre ficticio de otro residente en la ciudad en declaraciones a este diario.

La amenaza de la campaña militar lanzada a principios de semana al otro lado de las trincheras no ha ahogado la brutalidad que ha sojuzgado Mosul desde la llegada del IS. A la dolorosa retahíla de decapitaciones, ejecuciones sumarias, lapidaciones y amputaciones que ha padecido su población se suman desde el lunes la enfermiza caza de supuestos espías. "Es una situación terrible que empeora día tras día. Detienen a los civiles y les disparan a bocajarro si tienen la más mínima sospecha de que están colaborando con el ejército iraquí. Hace unos días ahorcaron a cuatro personas acusadas de colaboracionistas", detalla Abu Ahmed al otro lado del hilo telefónico.

La esperanza de liberarse del yugo yihadista y el regreso de la cobertura telefónica -bloqueada hasta ahora por el IS- han lanzado a algunos habitantes a enrolarse como informantes. "Colaboro con el ejército. Le paso informaciones precisas cada hora con el deseo de ayudar a la liberación de Mosul", reconoce el vecino antes de mostrar las azarosas condiciones en las que desarrolla su arriesgada labor. "Por ejemplo, para hablar ahora contigo, he tenido que subir a la azotea de mi casa".

La colaboración de una ciudad que, cansada de la marginación practicada por la élite chií de Bagdad, festejó hace tan solo dos años el desfile victorioso de los "muyahidines" (guerreros santos, en árabe) ha causado sorpresa entre los oficiales iraquíes. "No estaba prevista esta colaboración. El ciudadano se ha convertido en una preciada fuente de información para el ejército", admite a este diario Ali al Dajalki, portavoz castrense iraquí destinado en la base de Al Qayara, a 60 kilómetros al sur de Mosul.

A pesar de su anunciada derrota, la cúpula que administra el califato se niega a claudicar sin librar batalla. "Los rangos militares se han diluido pues todos los yihadistas se han vuelto combatientes decididos a encaminarse a las líneas del frente. Se están preparando para una lucha a muerte en Mosul", indica el primer vecino restando crédito a la información proporcionada ayer por el Pentágono alertando de "ciertas indicaciones de que los líderes han abandonado" la urbe.

El escenario de una batalla sangrienta -ejecutada hasta consumir el último hálito- es también compartido por Hashem al Hashimi, asesor en seguridad del Gobierno iraquí. "El avance ha sido muy escaso en las últimas dos jornadas. La operación podría prolongarse durante tres meses", pronostica en conversación con este diario. El más que probable desenlace no agota el vigor de los yihadistas. "Hace dos días a través de los minaretes de las mezquitas instaron a la población a mostrar obediencia y unirse a sus filas pero la gente ignora sus arengas. El Daesh ha optado por utilizar a los niños como soldados. Les llaman los pájaros del paraíso. Hay muchos jóvenes que se han incorporado a sus escuadrones tras haberles lavado el cerebro", opina Abu Ahmed, alarmado por la posibilidad de un asedio.

"Los precios de los alimentos -se queja- se han disparado en el margen izquierdo de Mosul desde el inicio de la ofensiva. Estamos indefensos y cercados. Nos usan como escudos humanos y no hay opción de escapar". Los acólitos de Al Bagdadi han extremado el control en los accesos en busca de desertores y civiles a la fuga. Y han esparcido por campos y carreteras los artefactos explosivos improvisados fabricados en el distrito industrial de Wadi Eqab, reconvertido en factoría de coches bomba y munición para kamikazes.

"El único camino de huida es hacia Raqqa [capital del califato] y de allí hacia zonas controladas por el Ejército Libre de Siria y luego Turquía antes de regresar a Irak. Es un camino largo y difícil", arguye desde Erbil un ex habitante que tiene a parte de su familia atrapada en Mosul. "Los caminos de salida están minados. Algunas familias intentan huir a Siria pero la ruta está también cerrada. Solo logran escapar quienes pagan sobornos a los soldados del 'Daesh'. Solo nos queda aguardar el destino que Dios nos tenga reservado", concluye Abu Ahmed.

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