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Internacional

Siempre ‘showman’, Trump mantiene a Washington en suspenso

The New York Times | Miércoles 01 Marzo 2017 | 12:10 hrs

Agencias |

Washington— El discurso estaba escrito, la estrategia se había fijado. Y entonces el presidente Trump empezó a hablar y el plan se fue por la borda. A menos que ése hubiera sido el plan desde un principio.



Cuando Trump se sentó este martes en la Casa Blanca con conductores de televisión para una comida fuera de libreta, se esperaba que diera una previa sobre su primer discurso ante el Congreso. En vez de ello, de súbito mencionó una propuesta inmigratoria con potencial para permitir a millones de inmigrantes indocumentados permanecer legalmente en el país.

Dicha iniciativa agitaría la política en la capital, y Trump dijo a los periodistas que nada de eso estaba en el discurso redactado. Pero se dirigió a unos colaboradores y sugirió la posibilidad de que debieran incluirlo.

De nuevo, el presidente más inesperado había hecho trizas el guión y causado revuelo en su joven gobierno. De nuevo, Washington se quedó tratando de comprender cuál era la estrategia presidencial. ¿Se trataba de genialidad sin límites en un líder que improvisa? ¿O era simplemente locura, un indisciplinado aficionado político incapaz de resistirse a decir a sus invitados lo que cree que quieren escuchar aun a costa de su propia base política?

Finalmente, no lo incluyó en el discurso. Pero, a la altura de la ocasión, la noche del martes Trump se vio tan presidencial como siempre desde que asumió el cargo. Mencionó a Abraham Lincoln y a Dwight D. Eisenhower, habló sobre el Mes de la Historia Negra, condenó el vandalismo contra los judíos, celebró a emprendedores estadounidenses como Alexander Graham Bell y Thomas Edison, y prometió “renovar el espíritu estadounidense”. Siguió el texto escrito en pantalla más que en cualquier discurso importante de su presidencia.

Sin embargo, la paradoja continuó. Trump hizo un llamado a “dejar atrás las diferencias partidistas” apenas horas después de referirse como “incompetente” a la representante Nancy Pelosi, la líder demócrata del Congreso. Declaró que “el momento de peleas triviales ha quedado atrás” tan sólo semanas después de embarcarse por Twitter en una guerra con Arnold Scharzenegger por los ratings de un programa.

Y luego vino esa burbuja del proceso inmigratorio. Donald Trump el hombre espectáculo mantuvo la atención justo donde la quería –en él mismo. Para cuando el martes por la noche tomó el estrado de la Cámara Baja para lo que en términos prácticos fue el equivalente de un informe presidencial, había generado considerable suspenso en torno a lo que diría y las reacciones ante ello.

Alardeó de deportar “pandilleros, narcotraficantes y delincuentes”, diciendo que “mientras yo estoy hablando están yéndose los malos”. Presentó a los invitados del palco de la primera dama cuyas familias sufrieron en manos de delincuentes que se encontraban de manera ilegal en el país.

Pero habló acerca de “reformar nuestro sistema de inmigración legal”, diciendo nuevamente que Estados Unidos debe basar en los méritos su admisión de los extranjeros.

Para cuando se dirigió de regreso a la avenida Pennsylvania aún no estaba claro si todo esto fue una distracción intencional. Después de todo, ésta es una Casa Blanca que se deleita en lo que sus moradores actuales describen como la “cabeza falsa”, con el Presidente dando la impresión de dirigirse en cierto sentido cuando en realidad está avanzando en una dirección totalmente distinta, desviando incluso la atención de una polémica creando otra.

Lo anterior deja tanto a aliados como a adversarios preguntándose lo que cree realmente Trump. Por lo tanto, colaboradores, activistas, cabildeadores y legisladores buscan medios para influir en el voluble presidente, quien en ocasiones cumple con el deseo de su equipo de confundir y distraer, pero que también es propenso a sacar de la manga ideas dependiendo de su público.

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