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Internacional

Refugiadas sursudanesas tratan de sobreponerse a violaciones

Associated Press | Viernes 09 Junio 2017 | 09:45 hrs

Associated Press |

Uganda.- Joy Diko cuenta que los soldados del gobierno que asediaron su pueblo eran lo suficientemente jóvenes como para ser sus hijos.



Los adolescentes de las fuerzas armadas de Sudán del Sur, no obstante, no tuvieron piedad con nadie al reprimir una rebelión, irrumpiendo en viviendas y violando a mujeres y niñas, a veces días enteros.

Diko, una viuda de 60 años de aspecto solemne, escapó ilesa. Pero dice que los soldados sacaron a su hija adolescente y se turnaron para violarla mientras ella pedía ayuda a gritos.

La mujer es ahora una de unos 270.000 refugiados sursudaneses que viven en campamentos para refugiados de la vecina Uganda, incluidas cientos de sobrevivientes a violaciones que se reúnen periódicamente para tratar de superar el trauma vivido.

Se congregan bajo lonas que protegen del calor infernal y se apoyan la una a la otra. Aprenden cosas, como construir una cocina con arcilla. Trece de estos centros se enfocan en la violencia de género, por una iniciativa del Comité Internacional de Rescate.

La violencia sexual ha “alcanzado proporciones épicas” en Sudán del Sur, según investigadores de las Naciones Unidas.

Algunas mujeres dicen que hablar de sus historias las ayuda a salir adelante, pero que el drama vivido sigue presente.

“Veíamos cómo mataban a la gente y a veces había chicos que llamaban a una mujer de mi edad para que tuviese relaciones con ellos”, relató Diko, quien llegó a Uganda en septiembre. “Esperaría que esos chicos me dijesen ‘mamá’, pero veías que se metían con mujeres que podían ser sus madres”.

La guerra civil de Sudán del Sur llegó al pueblo de Kiko, Yei, en agosto del año pasado, tras un nuevo brote de violencia en la capital, Juba. Las fuerzas del gobierno persiguieron al líder rebelde Reik Machar, que se dirigía hacia la frontera, y cuando se internaron en territorio rebelde, Yei pasó a ser el epicentro de algunas de las peores atrocidades registradas desde que empezó el conflicto hacia fines del 2013.

De noche se escuchaban tiros y los soldados recorrían el pueblo, saqueando y violando. Un informe de la ONU de mayo dice que las fuerzas del gobierno mataron a 114 civiles en Yei el año pasado y violaron a mujeres y niñas frente a sus familiares.

Muchas de las mujeres que se refugiaron en Bidi Bidi, que recientemente pasó a ser el centro de refugiados más grande del mundo, estaban en Yei cuando comenzó la represión de las fuerzas del gobierno.

Si bien todos los bandos de la guerra civil han sido acusados de violar y matar, las mujeres que hablaron con la Associated Press dijeron que sus casas fueron tomadas por soldados pro-gubernamentales que tenían las marcas de los dinka, el grupo étnico del presidente Salva Kiir.

Las autoridades sursudanesas aseguran que están tomando medidas para contener las violaciones y algunas niegan directamente que haya agresiones sexuales generalizadas.

Hay un fuerte componente étnico en la guerra, que enfrenta a los dinka con los nuer, que constituyen el grueso de las fuerzas rebeldes y son leales a Machar. Otros grupos étnicos más pequeños quedan en medio del fuego cruzado.

El centro de refugiados de Bidi Bidi es ocupado mayormente por miembros de grupos minoritarios como los pojulu y los kuku. Casi no hay refugiados dinka.

Una mujer de 32 años, con cinco hijos, fue detenida por soldados dinka y no se tiene noticias de su esposo. Dice que fue violada por varios días antes de que se le permitiese irse. En septiembre, ya en Uganda, se comprobó que padecía de VIH, el virus que causa el sida.

Las mujeres dicen que tienen pocas esperanzas de regresar a Sudán del Sur, donde no hay indicios de que los combates vayan a amainar.

Lilian Dawa, refugiada de Yei que dirige uno de los centros de apoyo, dijo que las víctimas y las sobrevivientes de las violaciones se complacen de tener un sitio donde se las escuche y no se las margine.

Dawa tiene 25 años y un bebé. Dijo que su esposo fue atado a un árbol y baleado a quemarropa por fuerzas del gobierno sursudanés en el 2014. Contó que ella se encerró en su casa de Yei el año pasado, sin animarse a salir a cuidar el jardín por temor a los soldados violadores que merodeaban por la zona.

Ahora se siente alentada por lo que escucha en el centro de refugiados.

“La generación más joven va a cambiar el futuro de Sudán del Sur”, expresó. “Creo que si todos mandan sus hijos a la escuela, se acabará con el odio que hay ahora”.

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