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Internacional

El tren que llevó a Franco a ver a Hitler

Excélsior | Sábado 27 Enero 2018 | 08:55 hrs

Excélsior |

Soria, Esp.- A las afueras de un pueblo del interior de España, en medio del silencio y resguardado en una nave de los estragos de la nieve y del viento, aguarda desde años uno de los vagones de tren más míticos de la historia del país: el que llevó al dictador Francisco Franco en 1940 hasta Hendaya para mantener su único encuentro con Adolfo Hitler.

La imagen del vagón del que el dictador español descendió mientras el Führer  alemán lo esperaba en el andén de la estación de la localidad francesa contrasta con lo que hoy queda del vehículo, un esqueleto de madera cubierto de polvo y telarañas que espera fondos públicos para poder ser rehabilitado tras años de idas y venidas.

Este vagón fue único, el más importante que hubo en su momento. No sólo por haber trasladado a Franco, sino por la importancia que tuvo en una determinada época para desplazar a dirigentes”, explica Marisa Muñoz, la gerente de la asociación que actualmente lo gestiona y que busca fondos para finalizar su restauración. La llamada “entrevista de Hendaya”, en la que Franco y Hitler negociaron la posible entrada de España en la Segunda Guerra Mundial, no se celebró a bordo del vagón franquista, sino en el que

Hitler viajó hasta Hendaya, el Erika. Pero aquella histórica reunión quedó para siempre ligada al coche del dictador español que, bajo el nombre de SS-3, había sido utilizado antes por el rey Alfonso XIII.

Ahora, unas improvisadas escaleras permiten acceder a su interior para recorrer su salón central, con suelos de madera y puertas corredizas, la cocina y el pasillo con ventanales que da acceso a sus tres habitaciones, la principal con baño propio.

Se emplearon todo tipo de maderas nobles y marquetería. Fue concebido como un coche de lujo”, matiza Muñoz.

La historia del SS-3 es tan curiosa como su nombre: fabricado en 1929 por la Sociedad Española de Construcción Naval, fue adjudicado al Ministerio de Obras Públicas para los desplazamientos oficiales de las entonces más altas autoridades de España, a excepción de la familia real, que también lo empleaba en viajes privados.

Tras la Guerra Civil española (1936-1939), el régimen de Franco lo puso a disposición del dictador.

En la década de los 50 fue retirado de la circulación y, con el paso de los años, fue subastado y terminó en la finca de un anticuario al sur de Madrid. En 1984, el Museo del Ferrocarril de Madrid lo recuperó y lo trasladó a la pequeña ciudad castellana de Soria, una de las más frías y despobladas de España.

Allí, sirvió de hogar a un mendigo en la estación en la que permaneció abandonado hasta que la Asociación para el Desarrollo Endógeno de Almazán (Adema) firmó un convenio en 1997 para hacerse cargo de su restauración.

Lo tratamos de rehabilitar con un taller de empleo para personas que tenían problemas de empleabilidad”, explica Muñoz, gerente de Adema.

Los trabajos permitieron restaurar buena parte del interior, pero la falta de fondos en el marco de la crisis económica que golpeó España desde 2008 impidió culminar los trabajos. “Se paralizaron por cuestiones económicas, no teníamos financiación”, destaca la responsable.

Ahora, el Ayuntamiento local busca los 200 mil euros (unos 245 mil dólares) que calcula necesarios para culminar la reforma y para construir un pequeño museo de trenes en una comarca que en el siglo pasado tuvo mucho que agradecer al ferrocarril, ya que contribuyó a su desarrollo.

Sería un atractivo turístico de primer orden”, asegura José Antonio de Miguel, alcalde de Almazán.

El vagón era el buque insignia de la flota ferroviaria de lujo de España”, añade.

Para ello, el edil negocia con el gestor ferroviario español (Adif) para comprar el terreno de la antigua estación de tren de Almazán, hoy reconvertida en alojamiento turístico.

Allí, en una nave construida para albergarlo, se encuentra el SS-3. De estructura metálica y cerramiento de madera, el coche estaba forrado inicialmente de chapa metálica, tal y como se puede apreciar en las imágenes que se grabaron el 23 de octubre de 1940, cuando se produjo entre Franco y Hitler la “entrevista de Hendaya”.

Aquel día, el dictador español llegó a su destino ocho minutos más tarde de lo previsto, lo que irritó al Führer. Franco descendió del tren sonriente y, ya en el andén de la estación, ambos se dieron un apretón de manos que dejó una imagen para la historia.

El encuentro, sin embargo, fue más bien un desencuentro en el que no se llegó a un acuerdo para que España entrara en la Segunda Guerra Mundial, ya que Hitler no aceptó las contraprestaciones que Franco le exigía a cambio de su apoyo a los países del Eje.

Mientras el español hablaba, Hitler “bostezó 15 o 20 veces seguidas con una mala educación tremenda”, contó tiempo después en una entrevista televisiva, Ramón Serrano Suñer, el ministro franquista que acompañó a Franco en el encuentro de Hendaya.

El conductor del tren del vagón S-33 contó ese mismo día a su esposa que había notado “la cosa muy seria”. “Aquí no ha habido ningún arreglo”, relató ella después a la prensa.

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