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La desesperación que lleva a cualquier parte

Francisco Córdova | Domingo 21 Mayo 2017 | 07:17 hrs

Francisco López/El Diario |

Francisco López/El Diario |

Francisco López/El Diario |

Chihuahua,Chih.- Buscar a una persona desaparecida en Chihuahua, es peinar los ríos, las brechas y fraccionamientos en total abandono; sospechar de la tierra removida, o los escombros, es resignarse a pensar cómo alguien buscó un lugar propicio para deshacerse de un cuerpo.



“Vivo o muerto”, lo que importa es encontrarlo, acabar con la desesperación, dice Adela Olivas, esposa del taxista

Álvaro Núñez, momentos antes de reiniciar su búsqueda, la número diez desde el 06 de mayo, último día en que fue visto.

“Quiero a mi esposo vivo, pero me hago a lo que mi Dios decida. Lo que quiero es encontrarlo, es mucha mi desesperación”, y ahí se le quiebra la voz, en esta palabra que durante toda la jornada traquetea en su mandíbula, que pasea por sus labios como los cigarros que enciende uno tras otro, buscando aliviar una ansiedad que sólo conoce quien vive la incertidumbre de perder a un ser querido.

Entre esa combinación de esperanza y resignación, inició a las 8:30, de la mañana de ayer, la búsqueda de Álvaro. El bosque de Aldama fue el punto de reunión al que llegaron agentes de Fiscalía de Ciudad Aldama y Seguridad Pública, así como la Legión Juvenil Lobos, quienes prestaron a tres ejemplares caninos, entrenados para rastreo por medio del olfato.

“¿Y los cadetes?”, pregunta Adela. “No vinieron porque tenían otro evento”, le contesta la responsable de Fiscalía. Ahora son menos que en otras ocasiones, pero a la familia no le interesa ya si apoyan mucho o poco, fueron familiares y amigos quienes, en una búsqueda similar, encontraron el automóvil calcinado, son ellos quienes “juegan a los investigadores”, dirá luego Daniel, el hijo de Álvaro, quien es joven y parece transmitirles energía a su madre y hermana.

Es también Daniel quien dice dónde buscar: en tal o cual brecha. Porque es la familia la que “convocó la búsqueda”, porque Fiscalía sigue buscando pero en base a sus líneas de investigación, con las que, dice Adela, son muy herméticos, pues no le han querido mostrar los supuestos videos donde se puede ver la ruta que sigue el taxi que trabajaba Álvaro.

Así pues, se dividen los asistentes en tres grupos; de los cuales sólo dos llevan perros. El recorrido inicia cercano a los ríos y arroyos, entre una gran cantidad de brechas que se bifurcan como laberintos, que se encuentran unas con otras, conducen a puertas de ranchos, u otras en las que definitivamente se da la vuelta, pues ya no se ve si terminan.

Son Daniel,  Adela y Alicia, hija también de Álvaro, quienes sí se detienen de vez en vez, cuando miran una abertura entre la vegetación espinoza del lugar. “Ahí hay unas bolsas”, le dice la madre a sus hijos, pero sólo encuentran basura.

Después de unas horas la ruta cambia, y los grupos se centran en buscar en el Vergel, donde encontraron el automóvil calcinado. Que según declararon los sospechosos que fueron detenidos vendiendo las partes de este, fue abandonado cerca del lugar, por lo que ellos sólo lo encontraron con las llaves, lo desvalijaron y luego le prendieron fuego. “Ahora están libres, por lo de la puerta giratoria, porque no hubo violencia, ni nada”, dice Alicia.

Ahora el laberinto es de tapias, casas abandonadas, llenas de excrementos, graffitis y donde encuentran hasta un indigente tapado hasta la cabeza con una cobija, -“un encobijado”-, que responde y dice no haber visto nada.

Después de seis horas, con el sol en su cenit, la búsqueda no cesa. Se analizan opciones. Hubo un trailero que vio a la unidad que conducía Álvaro salir a toda velocidad de un camino de terracería, ese es el único indicio que tienen.  De otra forma “buscamos a ciegas”, dice el encargado de la unidad canina, pero ahí tampoco encuentran nada.

Ya pasa de medio día y los tres grupos se vuelven a reunir en una sombra, comen y beben agua, los perros también descansan. ¿A dónde ir ahora?, es la pregunta que hacen todos. Es Adela, quien los anima a seguir la pista que le dieron dos videntes. “Me dijeron que está vivo, las dos coincidieron. Lo tienen en una bodega”, les comenta a todos, mientras narra a los amigos, al momento que en el cielo aparece el helicóptero de la Policía Estatal, el cual da unas vueltas por el lugar y desaparece luego de algunos minutos.

“Piénsenlo bien, para entrar a un lugar necesitamos una orden, y si le pido al juez una orden argumentando que los indicios los dieron dos videntes, me la va a negar”, es la respuesta de la encargada de Fiscalía y que sin embargo no desanima a los amigos y familiares.

“La desesperación me va a llevar a buscar en cualquier parte”, es lo que Adela contesta; que ella no se ha cansado, que quiere seguir buscando, donde sea, con el indicio que sea.

La última opción del día los conduce a un lugar cercano al Siroco, donde los perros podrían encontrar el rastro de su marido, “vivo o muerto”. No obstante, de nuevo, el resultado no es favorable, la incertidumbre queda y la desesperación crece. Así termina el décimo intento, pero mañana, dicen, continuarán las búsquedas.

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