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Luchan por sepultar a mujer que "nunca existió'"

Francisco Cordova/El Diario | Sábado 03 Junio 2017 | 11:29 hrs

Juan Alanís/El Diario |

Chihuahua.- La vida de Ana María Chavarría, transcurrió a las sombras de un sistema para el cual nunca existió.  Sin acta de nacimiento y por consiguiente ningún documento oficial para su identificación vivió por 65 años. Hoy, cinco días después de su muerte, los trámites burocráticos la mantienen en el anfiteatro de Servicio Médico Forense junto a otros 28 cadáveres que permanecen sin identificar.



La inexistencia de un registro oficial ha hecho que los vecinos de la colonia Granjas Cerro Grande, que cuidaron de ella sus últimos días, se hayan visto  imposibilitados de brindarle la sepultura que desearían para el descanso de sus restos mortales.

La historia de esta mujer, quien en toda su vida no necesitó de un acta de nacimiento o documento oficial, estuvo rodeada de misterio incluso para su pareja, quien vivió 27 años a su lado, después de haberse conocido en Ciudad Juárez.

“Batallé nueve meses para poderme juntar con ella, nunca me quiso llevar a su casa. Sino que una vez, se subió a la rutera y paré un taxi y le dije: sígueme a la rutera esa, yo quería saber donde vivía, me contaba mentiras, me daba largas y yo quería estar con ella, le dije: ¿Te vas a juntar conmigo?, y ya vivimos en unión libre, porque nunca nos casamos, ni por el civil ni por la iglesia”, narró.

Para los habitantes de Granjas Cerro Grande, Ana María era una mujer que se ganaba con facilidad el corazón de las personas. Los niños de la cuadra se referían a ella como “abuelita”.

Afirmaba ser originaria de Lázaro Cárdenas, Michoacán, y tener dos hijos biológicos, Martí Juan y Lourdes Perales Chavarría.

Quienes la rodearon en sus últimas horas desconocen a ciencia cierta de que falleció, pero comentan que hace unos meses afecciones derivadas de la edad y de las condiciones de miseria en las que vivió, terminaron por llevarla al hospital. Ingresarla, por la falta de documentos, al principio también fue una barrera.

En el nosocomio fue desahuciada, y volvió a su casa hecha de láminas y con piso de tierra junto a su pareja.

Conmovidos, los vecinos acondicionaron un espacio para los dos ancianos en en la calle Primera, de la citada colonia.

Ahí era atendida por los propios colonos, quienes se turnaban para bañarla, cambiarle el pañal, aplicarle sueros, entre otros cuidados, basados en un sentido humanitario e impulsados por los buenos sentimientos que les generó Ana María durante los 20 años que habitó en la colonia.

Era un espacio chico, pero con paredes de block y un techo de concreto bajo el que hace cinco días murió.

Fueron sus vecinos, quienes se encargaron de pagar los servicios funerarios, sin embargo el día de ayer aún se encontraban en oficinas para conseguir una carta de identidad y poder realizar la misa y el entierro.  

“Creíamos que los gastos iba a ser lo más difícil, pero entre vecinos lo logramos y nos apoyaron en regiduría, y donde hubo las trabas fue en gobierno para poderle darle un entierro. No se nos facilitó nada eso. El lunes se la llevó la funeraria, la trajeron el miércoles y se la llevó Semefo ayer. No podemos enterrarla hasta que consigamos una carta de identidad que nos va a dar Fiscalía”, explicó Erick González, vecino de Ana.

Esa acta no aparece, ni aquí ni en en la ciudad de Lázaro Cárdenas, Michoacán.  Los colonos y el esposo de Ana María  desplegaron una pesquisa de sus hijos biológicos, quienes hasta donde sabe viven en Ciudad Juárez.  Creen que ellos serían quienes podrían proporcionar algún documento de identificación, sin embargo, no han dado con su paradero.

Víctor Manuel Valadez, encargado del área jurídica de la Dirección de Registro Civil, explicó que lo que imposibilita la inhumación, son cuestiones administrativas del panteón. “Nosotros apoyamos a los vecinos que acudieron a solicitar la localización del acta, y luego la solicitud de inexistencia de registro, para poder asentar la defunción con el nombre con el que se ostenta. No pudimos apoyarla porque no encontramos su registro ni tenía identificaciones o documentos, entonces el panteón, vía administrativa negó el trámite”, detalló.

Junto al cuerpo de Ana María, permanecen 28 cadáveres más, según datos del departamento pericial de Fiscalía General del Estado, esto en lo que corresponde al 2017. En 2016 se registraron un total de 79 de los cuales 55 han sido inhumados.

Se trata de personas que fueron fallecidas por muertes violentas, sospechosas o dudosas, certificados de hospitales ( a veces identificados más no reclamados) y hallazgos en vía pública por abandono social, añadió el portavoz de la Fiscalía.

Entre ellos existen personas que sufrieron enfermedades mentales, adicción, óbitos por abortos clandestinos, gente de la tercera edad de las cuales se tiene o no se tiene identidad, o son resultado del abandono social y nadie los reclama, por lo que el Estado genera mecanismos y condiciones, como la conservación del perfil genético para que si un día aparece un familiar pueda identificarse el cuerpo y darle cristiana sepultura de así desearlo la familia, concluyó.

En el caso de Ana María los vecinos esperan que, una vez saltadas las barreras del sistema, pueda descansar en paz.

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