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CONFRONTACIÓN IMPLACABLE.

Mizael Sánchez Barajas | Sábado 09 Diciembre 2017 | 21:17 hrs

 

CONFRONTACIÓN IMPLACABLE.

“Nunca se miente tanto como antes de las elecciones”.

Otto Von Bismarck.

El rumbo del país puede estar en manos de dos personajes: Andrés Manuel López Obrador o José Antonio Meade Kuribreña; sería altamente improbable que ganara la contienda presidencial del 2018 otro personaje del escenario nacional.

El sistema político mexicano, se alineó con el exsecretario de Hacienda José Antonio Meade, conscientes y a sabiendas, que postular a un candidato de extracción priista difícilmente, cuando no imposible sería ganar de nueva cuenta la presidencia de la República; Enrique Peña Nieto tuvo la sagacidad de negociar con los sectores representativos del país la postulación inminente de Meade; la maquinaria electoral del régimen hegemónico ha sido puesta en marcha, el estado, los medios de comunicación y el poder económico nacional y extranjero cierran filas de cara a esta elección, que según los expertos se tornará una confrontación implacable; una lucha cuerpo entre la mafia del poder y la mafia del no poder, según dicho reciente de Diego Fernández de Cevallos.

En la coyuntura actual, los priistas habrían de apoyar a cualquiera con tal de impedir el triunfo de López Obrador; los resultados estarán a la vista el próximo primero de julio; lo que se avecina es una guerra sin cuartel que habrán de dirimir en el campo electoral, por una parte, el sistema político en su conjunto y en otra línea de combate, las huestes del dirigente de MORENA; otros contendientes tendrán el carácter de periféricos espectadores, esto, hasta lo observado en este punto del proceso electoral.

El sistema de partidos se resquebraja; el PRI, constituido en el sistema de partido único, desempeñaba la función de formar a la clase política del estado mexicano durante más de medio siglo; los sectores obrero, campesino y popular aportaban el voto corporativo conformando el poder legislativo, gubernaturas, presidencias municipales y congresos locales; toda una maquinaria diseñada para dotar al régimen de tintes democráticos; la clase política de altura pasaba lista en los Centros de Estudios Políticos de los estados y en el IEPES nacional; en fin, todo un dechado de virtudes democráticas de la clase priista.

El desgaste en el ejercicio del poder y los excesos electorales fueron menguando la otrora maquinaria aplastante de la denominada dictadura perfecta; los tiempos evolucionan, la sociedad toma conciencia de su papel en el ámbito de la política, dando como resultado plausible su participación en el campo electoral, incidiendo de manera indirecta en la toma de decisiones, definitorias del rumbo por el que transite el país; en la actualidad, el PRI ni los otros partidos están solos, los ciudadanos asumen el rol que les corresponde en el acontecer nacional.

El sistema político-económico en su conjunto cierra filas en torno a la candidatura de uno de los suyos: José Antonio Meade, personaje apartidista con identidad de centro-derecha, es hombre del sistema que conoce los entretelones del poder, con credenciales que lo acreditan como un experto en finanzas públicas y políticas macroeconómicas en el tiempo de la globalización.

El candidato López Obrador continúa encabezando las encuestas, apoyado en el discurso anti-sistema que le acarrean simpatías y adhesiones en amplios sectores de la población, desencantados de gobiernos priistas y panistas, causantes de sus desgracias e infortunios, esperanzados con el pregón populista de AMLO, que por lo demás, no resolverá los rezagos de la población marginada con políticas de asistencialismo inmediato, no justicia social; el país se encuentra en una encrucijada histórica: capitalismo aberrante o populismo irresponsable.

Según Nicolás Maquiavelo, la guerra es la continuación de la política, pero en otras condiciones; la que se avecina es una guerra soterrada; el sistema volcado en pos de aplastar a López Obrador, sin miramientos ni consideraciones de ningún tipo.

Otto Von Bismarck, el Canciller de hierro alemán parafraseaba: “las grandes cuestiones no se decidirán por medio de discursos y votaciones, sino con sangre y hierro”.

Ante la ausencia de política institucional, confrontación implacable.

 

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