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La desaparición de un taxista o cómo ocultar una ausencia

Miguel Chavarría/El Diario | Martes 13 Marzo 2018 | 20:10 hrs

El Diario |

Chihuahua, Chih.- Una mañana antes de despertar, Adela Olivas soñó que estaba acostada en la cama, al lado de su esposo. Cuando ella notó su presencia, le preguntó con euforia: “¿Dónde estabas, Álvaro?... ¡Dónde!” Pero él no contestó, se quedó quieto, mirando, frío, el techo. Cuando Adela abrió los ojos, Álvaro Núñez ya no estaba ahí. Seguía desaparecido.



Han pasado siete meses desde que la Fiscalía General del Estado (FGE) dejó de buscar a Álvaro Núñez, taxista de profesión, desaparecido el seis de mayo del 2017. Su hermano Jaime fue la última persona que lo vio manejando su taxi, cerca de la Central Camionera a las once de la mañana. Lo vio y lo saludó de lejos: tres personas estaban a bordo de su Nissan Versa azul. Álvaro debió regresar aquella tarde a su casa para ayudar a su esposa a vender ropa en un bazar.

Álvaro no volvió. Cuando los jefes del sitio de taxis para el que trabajaba notaron que el coche en el que viajaba aún no regresaba, comenzaron a llamar a sus dos teléfonos y a su radio. No hubo respuesta. El día siguiente, iniciaron las búsquedas de la familia en Chihuahua y Aldama con ayuda de otros taxistas. El Nissan Versa azul fue hallado en esa última ciudad, en un fraccionamiento de trescientas casas abandonadas que sirven como guarida para delincuentes de la región. El auto estaba calcinado, sin llantas, sin huellas, sin cuerpos. Sin Álvaro.

Una mujer de Veracruz, de nombre Paulina Alvatros, se comunicó con la familia días después: sabía quiénes eran las tres personas que estaban con Álvaro durante su último viaje. Eran Jesús Eduardo Padrón, Melvin Morales y Alejandro alias ‘El Pollo’. Pero sus huellas no pudieron ser encontradas en el vehículo por su estado de calcinación. Sin embargo, sí fueron identificables en la superficie de las llantas, que habían sido arrojadas a un predio lejano al coche. Según investigaciones de la FGE, las huellas dactilares coincidirían después con los nombres de los hombres que Alvatros le mencionó a la familia de Álvaro.

Los sospechosos a quienes se presumía como responsables de haber incendiado el Nissan Versa forman parte de la carpeta de investigación, sin embargo, hasta la fecha de esta publicación no ha habido ningún detenido involucrado en la desaparición forzada de Álvaro Núñez.

El 10 de mayo, cuatro días después de la desaparición, los hermanos de Álvaro celebraron a Teresa Ramos, su madre. Ellos aún no le habían dado la noticia a Teresa de que a uno de sus hijos lo habían desaparecido. Lo único que hicieron sus hermanos fue regalarle un pastel por el día de las madres: “Te lo manda Álvaro, mamá”.

La desaparición de Álvaro era un secreto que Teresa no debía conocer. Eran tiempos de enfermedad y había sido diagnosticada con cáncer de colón y sus hermanos no querían que la noticia terminara por agravarla. Los pasteles por parte de su hijo desaparecido siguieron llegando hasta en el día de su cumpleaños, el 1˚ de junio.  La madre del taxista creyó por meses que su hijo no estaba porque había emigrado a Estados Unidos a trabajar como albañil.

Pero todo acabó cuando uno de los hermanos dijo que “tiene derecho a saber”. Cuando Teresa se enteró de que Álvaro, el taxista, había sido desaparecido y que su auto había sido calcinado el día siguiente, dejó de comer, dormir y sonreír. Ocho días después, Teresa murió.

“Mamá, cuando mi abuelo estaba aquí, siempre había leche en el refri”, decía Valeria, de siete años. Ella aún no sabe que Álvaro fue víctima de una desaparición forzada. Alicia, su madre e hija del taxista, dice que se lo dirán cuando sepan del paradero de su abuelo. “Tenemos que aguantarnos las lágrimas para que no sospeche”, dice.

Valeria cree que su abuelo está trabajando en la construcción de una mansión en Dallas:

—¿Por qué no me hace una videollamada como lo hace mi papá? —pregunta Valeria a su abuela Adela.

—Es que en la mansión que están construyendo allá no hay señal, mija.

Aunque Valeria no sabe que Álvaro sigue desaparecido, ella está contenta: su padre —que vive en Estados Unidos,— está preparando papeles para conseguirle una visa. “Voy a buscar a mi abuelo”, le dice a su abuela Adela.

 

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