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La epidemia del cristal en la capital

Miguel Chavarría/El Diario | Martes 13 Marzo 2018 | 08:16 hrs

El Diario |

Chihuahua.- Según Christian Moncada, el 'cristal' tiene sabor a malvavisco. “Sabe rico”, asegura. Cristina, por otro lado jura que sabe, huele y se siente —todo— a medicina. “Como si abrieras un frasco nuevo de medicamentos; todo es horrible”. Ellos forman parte de una población cada vez más adicta a esta droga, hecha con una mezcla de acetona, residuos de cocaína, ácido de batería para carros y raticida.

Para Luis Gonzalo Cervantes, psicólogo de la clínica de rehabilitación Doxa, esto (el cristal) representa la nueva epidemia en la capital.

“El problema fuerte de Chihuahua ya no es la heroína; es el cristal”, asegura Cervantes en entrevista con EL DIARIO. Desde el 2015, la droga —también conocida como foco o hielo— tuvo un repunte en la población que llega a Doxa.

De 78 mujeres en rehabilitación, 32 entraron siendo adictas al cristal, y de los 38 hombres que se atienden en la clínica Doxa, fueron 20 los que también la consumían.

“Esta epidemia se debe a los bajos costos (los cuales oscilan entre los 50 y 100 pesos) por la alta demanda. Hemos visto que incluso entre la población de consumidores de cristal hay madres de familia que usaban el 'foco' hasta para hacer las actividades del día como barrer, trapear”, destaca Cervantes.

Sucede lo mismo con los choferes. El jueves pasado el líder camionero Jorge Abel Meraz, alias “El Rojo”, fue detenido en calles de la colonia Quintas Carolina por cargar con 50 dosis de cristal. Al día siguiente, Guillermo Hernández, director de Transporte de la Dirección de Tránsito, casi en un tono de justificación sostuvo que “lo hacen para resistir largas jornadas laborales sobre la carretera. Ni siquiera se hidratan, no toman agua para no tener que ir al baño”, aseguró.

En efecto, la persona no se duerme, ni come y en poco tiempo presenta estragos en la salud como si hubieran pasado años.

“Te quita el apetito, no comes por días, pero defecas en exceso. Hubo un punto que lo único que sacaba era agua”, cuenta Cristina. Ella comenzó a probar esta droga cuando tenía 17 años. Tardó dos meses en intentar consumirla, sus amigos lo hacían enfrente de ella hasta que por fin tomó un foco, cocinó los cien gramos de cristal contenidos dentro e inhaló.

Carmen refiere que al respirar los vapores, “sientes mucha euforia, un impulso muy fuerte. Si a mí me dan ganas de robar ese carro que está ahí, lo primero que pensaría sería en cómo romper el vidrio, ponerle los cables y arrancarme. Lo haces porque sí: Piensa mierda y mierda harás”.

El cristal es una droga fuerte. Gonzalo Cervantes explica que “es muy estimulante, mucho más potente que la cocaína”. Uno de los efectos que tiene esa droga es que en algunas personas causa episodios de alucinaciones, “puede ser que pierdan la realidad. Veo rasgos de pérdida de realidad, de rasgos psicóticos”, apunta.

Cuando Cristina consumía cien gramos diarios de cristal, sudaba frío. Veía sombras y escuchaba voces ajenas a su mente: “¡Hey!.. ¡Oye!”, le hablaban.

Ella no recuerda cómo llegó a Doxa. El día anterior a su rehabilitación había tomado alcohol, marihuana, tachas y foco. Durante semanas desde que comenzó su terapia, la chica de 17 años que escuchaba voces en su cabeza, no recordaba las voces de sus padres, ni la apariencia de su hermana. “Todo por una sustancia”, se recrimina.

Pero Christian nunca vio sombras durante los ocho años de recaídas y consumo de hasta 500 gramos de foco que inhalaba a diario en su casa, con su esposa, allá en Ojinaga.

Durante ocho años que la consumió, Christian dejó de percibir los efectos del cristal. También dejó de sentir: “Podría ver a mi mamá llorando y a mí no me salían las lágrimas, no me nacía consolarla. Te hace frío, indiferente, bien cortante. Con la pareja igual, la ves como cualquier persona. Antes era bien detallista, llegaba del trabajo, veía a mi niña y le llevaba dulces. Con el tiempo se me fue quitando, ya no me nacía llegar y darle un abrazo. Nada”.

Para Christian, “escurrir la gota” e inhalar los humos del cristal le daba la misma sensación que a una persona sobria le genera tomar un refresco o un café. “No podía durar ni dos horas sin consumirla. Te entra una pinche desesperación bien fea cuando ves que se te va a acabar. Tuve muchas broncas por esa madre...”

Ante este escenario, Gonzalo Cervantes afirma que el gobierno “está un poco distante. Estoy de acuerdo en los programas de prevención, es completamente favorable, pero tenemos un problema mayor: la gente está perdiendo la vida”.

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