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Ciudadanos luchando por recuperar la paz

Salud Ochoa/El Diario | Miércoles 11 Julio 2018 | 15:49 hrs

El Diario |

Negociar con un grupo de sicarios que iba a jugar basketball a un parque vecinal para que permitiera que los niños utilizaran el mismo espacio, parece surrealista. Sin embargo, ocurrió. Era 2009, cuando Chihuahua vivía una de las épocas más violentas de los últimos años. Los homicidios se multiplicaban exponencialmente cada día ya que, según datos de la Fiscalía General del Estado, el promedio diario de asesinatos era de 11 personas, lo que ocasionó que fueran más de 4 mil víctimas de asesinato por año en la entidad  y sumaran, de 2008 a 2011, 16 mil 456 homicidios dolosos.



La “paz” dejó entonces de ser un concepto abstracto para convertirse en una necesidad. Los ciudadanos, temerosos de salir a la calle y convertirse en víctimas colaterales de la ola violenta, abandonaron los espacios públicos que fueron ocupados por la delincuencia.

En este contexto, surgió la agrupación “Paz y Convivencia Ciudadana A.C” que en un inicio, y a decir de su fundadora Cecilia Olivares, solo contaba con “buena voluntad” y ganas de hacer algo para reconstruir el tejido social lastimado por la violencia.

“Iniciamos labores en 2009 queriendo prevenir la violencia escolar, ese era el objetivo. Empezamos a tientas y locas, con muy buena voluntad pero con mucho por aprender y poco a poco hemos ido avanzando”, indica.

En un principio la intervención se dio en 3 espacios públicos en los que encontraron no únicamente drogas, picaderos y homicidios sino también ciudadanos aislados, temerosos y afectados por las pérdidas.

“Empezamos en las colonias Cerro de la Cruz, Revolución y Quintas Carolinas, zonas de alta incidencia delictiva. Encontramos picaderos, sicarios que iban a jugar basketball a las canchas y dejaban sus armas en las camionetas. Nadie quería salir por el temor de ser víctima indirecta de algún evento delictivo. Fue muy complicado”.

En esa primera intervención, la agrupación elaboró un diagnóstico que sería utilizado para llevar a la práctica la labor de rescate de los espacios públicos, encontrando que problemas tan diferentes como lugares había, por lo que tuvieron que prepararse y adecuarse a las necesidades.

“Hicimos un diagnóstico y aprendimos que cada colonia era totalmente diferente. Había diferente tipo de población, problemáticas y necesidades. En el Cerro de la Cruz encontramos mucha gente adulta pero también mucha gente que había purgado alguna pena en el CERESO. En las Quintas Carolinas nos dimos cuenta que la gente, por cuestiones laborales, podía participar más en actividades en la tarde-noche. Quisimos responder a las necesidades de la comunidad y cada quien eligió que hacer en su parque. Fue la primera manera de hacer algo, poniendo el ejemplo”.

Sin embargo, el tener los espacios y conocer las necesidades de la gente no significaba que todo estuviera hecho. Había que buscar las vías para llegar a la población.

“Fue mucho tocar puertas, vimos que había que detectar liderazgos comunitarios porque queríamos un espacio público neutral que no obedeciera a ningún color partidista y pudieran caber todos. Allí no caben religiones ni partidos. En 2010 y 2011 había mucho duelo en las personas porque la mayoría había perdido familiares, amigos, hijos, padres o simplemente conocidos. Gente que estaba en duelo y que de alguna manera, por muchas ganas que tuviera de ayudar a la comunidad no podría porque nadie da lo que no tiene”, asegura.

La violencia estructural había dado paso a micro violencias vecinales que generaron la ruptura de relaciones durante años. Era necesario entonces recomponer el tejido social empezando de menor a mayor.

“Trabajamos haciendo estos círculos de paz, encuentros entre la comunidad, se fueron formando esas relaciones vecinales que estaban rotas. Encontramos familias enojadas por cosas sin importancia. La gente estaba dispuesta a cooperar porque se convirtió en una contención para la comunidad el poder expresar lo que en ese momento le dolía. La gente valoraba que el otro manifestara lo que sentía, eso permitió que las comunidades se abrieran y se unieran en lazos de confianza y lealtad”, dijo.

Ese primer proyecto duró 6 meses. En el siguiente encontraron el apoyo de la FECHAC y se dio la posibilidad de duplicar el número de espacios intervenidos de la mano de otras organizaciones de la sociedad civil.

“Iniciamos con 3 colonias y ya en el segundo doblamos a 6 espacios públicos junto con otras organizaciones, complementándonos para atender los diferentes tipos de violencia que habíamos detectado. Fuimos creciendo como organización, desarrollándonos porque empezamos de corazón, pidiendo prestado para capacitarnos. Tomamos un diplomado de ciudades seguras con maestros extranjeros y esos temas los bajamos y adecuamos con lo que decía la comunidad. Hemos ido aprendiendo sobre la marcha y creando este modelo del lado de la comunidad”, asegura.

Aún queda mucho por hacer

Nueve años más tarde, Paz y Convivencia Ciudadana, trabaja en 33 espacios públicos en colonia como Punta Oriente, Riberas de Sacramento y La Soledad, entre otras.

“Empezamos con 3 espacios públicos y ahora estamos en 33. Trabajamos con Seguridad Pública y Fiscalía para detectar los polígonos de mayor problemática. Mi preferida es Punta Oriente porque hay mucho por hacer por parte de todos, porque el problema es de todos. También en Riberas, Vistas Cerro Grande donde FECHAC determinó las principales problemáticas en capital social, salud y educación. Nosotros intervenimos en capital social. Los consejeros empresarios vivieron con nosotros la experiencia, anduvieron en las colonias y lo vieron de primera mano, nadie se los contó y gracias a eso se logró incidir en ellos, se cambió su visión de la comunidad y eso facilitó mucho las cosas a la hora de solicitar recursos. En ese momento participamos 42 organizaciones civiles cada una en un área determinada. Nos cayó el veinte que cada uno por su lado íbamos a lograr poco y no tendríamos el impacto deseado  y con esas cadenas de valor logramos mover indicadores. Ahorita tenemos liderazgos comunitarios, ya no queremos que a la comunidad de Vistas -por ejemplo- vayan a ayudarle solo con hules y despensas sino que crezca, que ellos mismos gestionen, que se apropien de los espacios, que los cuiden, que se organicen como vecinos para limpiarlos y mantenerlos. Esa misma organización se llevó a Riberas y a las otras colonias”, añade.

La sociedad evolucionó y la teoría de cambio también

resaltado

Hoy se busca prevenir la violencia secundaria jóvenes en situación de riesgo

El objetivo marcado inicialmente por Paz y Convivencia Ciudadana se logró a través de actividades deportivas, culturales, desarrollo humano, prevención de violencia, equidad de género, lúdico-formativas y justicia restaurativa. Sin embargo, al darse una evolución en la sociedad, el trabajo tenía que evolucionar también y plantearse nuevos objetivos.

“Ahorita nuestra teoría de cambio está encaminada a la prevención de la violencia secundaria con jóvenes en situación de riesgo. Antes les huíamos a estos muchachos e incluso hablábamos a la patrulla para que fuera por ellos, pero nos dimos cuenta que no podíamos estigmatizarlos porque definitivamente ellos también son parte de la comunidad y que igual puede ser el hijo de la vecina o el mío y que al retirarlos y no integrarlos estábamos incrementando esta etiqueta de que los jóvenes solo destruyen, se drogan, no estudian ni trabajan, ni hacen nada”, explica Olivares.

Ante esto, se puso en marcha un programa piloto apoyado por el Programa para la Prevención de la Violencia, que se aplica en las colonias Punta Oriente, Riberas de Sacramento, 11 de Febrero, Chihuahua 2000 y Villa Juárez y que aglutina a 15 jóvenes de entre 12 y 24 años con una atención integral.

“La colonia 11 de febrero tiene muchas carencias en materia de servicios e infraestructura, los jóvenes no tienen los espacios suficientes para desarrollarse. Al principio la coordinadora se quedaba hasta entrada la noche para que la patrulla no se llevara a los muchachos y eso logró que ella se ganara su respeto. Ahora, esos mismos chavos por los que antes llamábamos a la policía, han modificado ciertas conductas y son capaces de organizar igual un festival del Día de las Madres que un proyecto emprendedor. La imagen que teníamos cambió totalmente”.

En la colonia Punta Oriente, dice Olivares, lograron que se les otorgara una casa abandonada y fueron los jóvenes quienes la pintaron y restauraron para convertirla en “su espacio”, demostrando con ello que luego de ser los chavos que habían desertado de la secundaria y no hacían nada, ahora han modificado conductas.

“La meta del proyecto son 15 muchachos que se encuentran en condiciones de alta vulnerabilidad. Ellos rompieron con la escuela, la familia y el sistema en general. Pero tanto ellos como nosotros hemos logrado cambiar de mentalidad. Este modelo es un hibrido entre la “victoria emergente” y de “jóvenes constructores” puestos en marcha en la Ciudad de México y en Juárez. La captación de los chicos fue complicada porque tuvimos que ir a buscarlos a las tapias, a los arroyos donde se juntaban y si la intervención en un espacio público es de 4 horas, con ellos no fue así. Tuvimos que cambiar incluso el horario e ir a donde estaban las bandas para empezar por ganarse su confianza”.

Este proyecto piloto concluirá a finales de agosto próximo, pero, el siguiente arrancará prácticamente de inmediato porque, si bien es cierto que se ha logrado dar pasos importantes y tener logros, también lo es que la problemática continúa en diferentes sectores y la cantidad de jóvenes expuestos a ella, va mucho más allá que una o dos decenas. Prevenir la violencia y lograr la Paz sigue siendo el objetivo.

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