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REMINISCENCIAS DE MI PUEBLO

MIGUEL ÁNGEL ABUNDIS ORTIZ | Jueves 09 Agosto 2018 | 16:15 hrs
 

LA  ROCK-OLA

“Siempre supe que lo nuestro no podía durar, porque no sentías lo mismo que yo”

                                 MIGUEL  ÁNGEL  ABUNDIS  ORTIZ

Esta es la historia trágica de dos hombres de nuestro pueblo, que tuvieron la desdicha de estar enamorados los dos de una joven y hermosa mujer… el relato se inicia a finales de los años Cincuenta, cuando en nuestro pueblo todavía se vivía la vorágine de la fiebre del algodón y por lo tanto nuestros actores no podían estar al margen de dicho cultivo, ya que los dos eran “estibadores” o maniobristas de la extinta Sección 32 de trabajadores del algodón y su local estaba situado a un costado de lo que son hoy los locales de RADISA, enfrente de la plaza del Santuario (manejaban la carga y descarga de las pacas de algodón de 230 kilos) que se “comprimían” en los patios de “la comprensora” (SIC) de algodón, que estaba situada donde hoy es WALMART, enfrente de la estación del ferrocarril y por este medio se embarcaban a diferentes puntos del país “el oro blanco deliciense” para la fabricación de las telas usadas en la industria textil nacional.

Por lo regular algunos estibadores, no todos, se reunían alrededor de 12 hombres, que se juntaban  desde  el medio  día, los sábados a tomar sus cervezas en aquella cantina de barrio (muy cerca de su local sindical) llamada “Los  Dorados” y que enfrente de ella se encontraba el “Bar Lomeli” y las dos estaban situadas en el sector poniente (avenida Séptima y calle Sexta), casi junto a la primera Comisaria de Policía, donde se resguardaba el orden con aquellos parroquianos siempre dispuestos a discutir cualquier tema “alumbrados” por el alcohol  ingerido  a discreción y que sacaba de lo más hondo de su ser,  los complejos  por sentirse inferiores dentro de la escala social de nuestra comunidad. En “Los Dorados” existía en el fondo del salón en un modesto rincón una máquina tragamonedas, llamada también Rocola de la marca “Wurlitzer” que amenizaba con su música arrabalera, lastimosa y melancólica el ambiente que disfrutaban aquellos desdichados trabajadores y uno u otro se levantaban, se dirigían a ella con su mano tambaleante  con su tostón tratando de introducirlo en aquella máquina vendedora de ilusiones, pero, lo hacia tímidamente tratando que decidir bien para que la pieza fuera del agrado de la concurrencia y de él mismo y casi siempre se escuchaba la voz romántica de “Chelo Silva” entonando “Una Imploración” = te pido Señor… si es que te he ofendido…,“Hipócrita”, “Cheque en Blanco”, “Amor Burlado”, “Perdámonos”—que no nos impidan vivir nuestro amor-- acompañada siempre por el lastimero sonido melódico del Órgano, el Acordeón y el Saxofón, que daban aquel toque agridulce en aquellas melodías que fueron éxitos de aquellos ayeres.—Pero, también se escuchaban a “Los Alegres de Terán” con su clásica música  norteña , también en ese tenor “Los Montañeses del Álamo” y la inconfundible voz de “Pedro Yerena” con sus extraordinarios éxitos “Prenda del Alma”, “Libro Abierto” y su versión inimitable “Lámpara sin Luz” “porque el hombre empeña sus  anhelos poniendo a los pies de una mujer su vida, es posible que no halle ni un destello su ilusión perdida”…, “Los Rancheritos del Topo Chico” no se quedaban atrás con sus éxitos “Mis tres grandes amores” y “Dónde estás juventud”, estas eran las canciones que se escuchaban más en aquel ambiente lleno del humo de los numerosos cigarrillos, prendidos uno tras otro por aquellos parroquianos para amenizar sus pláticas, chistes y ya al calor de las copas sus confesiones amorosas, de amores idos, otros cristalizados, pero los muchos más, sus amores frustrados en el devenir de su incierta  y humilde vida.

Pues resulta,  que Ramón era un fortachón de estatura mediana moreno y bigotón, bueno para ”las vencidas”, de carácter hosco y gruñón y Juan  (Juanón) que era alto, bien parecido, blanco, de carácter jovial y bueno para el baile,  así  eran los dos  mancebos de aquella pandilla, que a pesar de estar casados se enamoraron de una atractiva joven llamada Lupita, prototipo de la mujer mexicana, morena, ojos inmensamente grandes y negros, con una larga cabellera peinada al estilo de “María Victoria” con vestidos ajustados al cuerpo para resaltar sus formas, que trabajaba de mesera en una fonda que estaba en el centro del pueblo que se llamaba “La Gitana”, la muchacha sabiendo que su escultural belleza era la atracción al sentir  las miradas lascivas de los clientes que iban a comer regularmente, con la esperanza de lograr la aceptación de una cita de la hermosa mujer que a todos los hombres hechizaba con su sonrisa y su trato amable, los hacía concebir ilusiones, pero a ninguno le hacía caso y según cuenta la memoria popular que era ella “La Querida” de un rico comerciante de la capital del estado y que los fines de semana se reunía con ella y hasta casa le tenía. Y fue un sábado ya prácticamente había caído la tarde y la cantidad de alcohol había rebasado los limites, por tanta cerveza ingerida por los dos galanes que  empezó la discusión por la selección continua en la rock ola de Ramón --_dale que dale-- con “Imploración” --y Juan “Con una lámpara sin Luz”, ambos temas musicales los hacían en ofrenda al amor que los dos sentían por Lupita, que a pesar de que nunca mencionaron en sus pláticas el amor hacia aquella joven, su instinto de macho joven presentía que tanto uno como el otro estaban hechizados por la magia de aquellos ojos negros y que sin querer los hizo rivales…y Ramón fue el primero que explotó y le reclamó con coraje a Juan con un “Ya chole con tu cancioncita” y lanzándole una bofetada en el rostro, que prendió la rabia de inmediato en Juan y este le respondió con otros golpes y Ramón al verse acorralado e impotente por los golpes de su oponente, se acordó del gancho de fierro con el cual movían las pacas y que estaba encima de la barra, lo agarró y lo clavó en el estómago de su rival, cayendo este muy mal herido y lanzando borbotones de sangre que lo llevaron a una lenta agonía en el piso de aquella  lúgubre cantina  de barrio…. a Ramón nadie lo detuvo y huyó con rumbo desconocido, jamás se supo de él … y la viuda de Juan se fue con su hija a Zacatecas a vivir a la casa materna… y esto también… fue  el  Delicias de ayer.

Y, es por esto y por mucho más…Que  Siempre…Te…Diré…Que… Son…Cosas de la Vida…..Andrés.

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