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Asentarse en la capital, una odisea rarámuri

De la Redacción | Miércoles 12 Septiembre 2018 | 08:26 hrs

Francisco López/El Diario |

Chihuahua.- Una serie de factores como la violencia, la falta de empleo y diversas carencias, según los propios testimonios de las familias rarámuri, los obliga a emigrar de sus comunidades serranas a la ciudad, dónde buscan una mejor calidad de vida; sin embargo, asentarse en esta capital es una odisea a la que se enfrenta la mayoría de ellos, mientras que algunos lugares se encuentran en disputa y carecen de nuevos espacios, surgen otros donde las carencias, el hacinamiento y hasta la drogadicción son una realidad diaria.



Asentamientos irregulares como Los Nogales o La Noria, este último a las faldas del Cerro Grande, que se encuentran alejados de la mancha urbana son un ejemplo de la precaria situación a la que se enfrentan al llegar a la ciudad.

Con construcciones de cartón y tablas, familias completas viven hacinadas en pequeños espacios y sin servicios básicos, en tierras de las que no poseen las escrituras.

Mientras tanto, llegar a asentamientos más organizados y donde se cuenta con mejor calidad de vida ya es casi imposible, debido a que estos ya no cuentan con espacios, tal como lo es el Carlos Díaz Infante, ya que se les prohíbe en su mayoría aceptar a nuevos inquilinos a pesar de que se trata en ocasiones de familiares.

“Aquí hay un reglamento que no debemos recibir gente de la Sierra mucho tiempo, pero yo no puedo rechazar a mi propia familia, si un día yo voy a la Sierra ellos no me dirían: tienes tal fecha en la que tienes que estar, busca otro lugar”, comentó una de las inquilinas del citado asentamiento, quien narró que salió de su comunidad debido a que su padre era violento, sin que hubiera autoridad que pudiera ayudarlas.

Personas de este asentamiento han levantado la voz, pues temen que cobros para pagar sus hogares puedan terminar en desalojos, por lo que realizaron un pronunciamiento el pasado domingo donde denunciaron presuntos desahucios de la asociación Asentamientos Tarahumares, quienes son propietarios de estos terrenos, por lo que se encuentran en una disputa en la que la Coordinación Estatal de los Pueblos Indígenas, Coepi, se comprometió a proporcionar asesorías legales y mediar en esta situación.

Asimismo, en sitios como El Oasis, la saturación de los espacios se ha convertido en una problemática, según se rescata en archivos periodísticos, al tratarse de uno de los más populares y donde no existen reglas estrictas sobre la ingesta de alcohol u otros comportamientos que ahí se llevan a cabo.

Otra de las problemáticas en las que se ven envueltos, sobre todo los más jóvenes, es el problema de drogadicción del que han dado cuenta asociaciones como los Centros de Integración Juvenil, así como los propios habitantes mayores a quienes preocupa la afición de los jóvenes por drogas como los inhalantes, sin que existan programas que impacten positivamente en su día a día.

Mientras que las denuncias de inseguridad en asentamientos de reciente creación como los que surgieron en La Noria, es también otra de las quejas más sentidas por sus habitantes, que en su mayoría son mujeres y donde este año aconteció el abuso sexual en contra de una jovencita de la etnia dentro de una construcción abandonada.

Para los rarámuri que al llegar a la ciudad no cuentan con un ingreso económico fijo, es difícil iniciar una nueva vida desde el momento en que no pueden acceder a viviendas dignas, lo que agrava su situación dentro de las ciudades.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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