• Martes 18 Septiembre 2018
  • 10:34:20
  • Tipo de Cambio $18.25 - $19.10
  • 22°C - 72°F
  1. Martes 18 Septiembre 2018
  2. 10:34:20
  3. Tipo de Cambio $18.25 - $19.10
  4. 22°C - 72°F
  5. Siguenos en Facebook - eldiariodechihuahua.mx
  6. Siguenos en Twitter - eldiariodechihuahua.mx

Nacional

Los niños que desafiaron a “Ingrid” y “Manuel”

El Universal | Sábado 30 Abril 2016 | 16:10 hrs

El Universal |

Guerrero.- Josías recuerda el sonido de las aspas de un “helicótero”. Los chicos de tercer grado ven el ensayo del bailable del 10 de mayo en unas escaleritas que sirven de asiento en la Primaria Benito Juárez de Azinyahualco, en la sierra de Chilpancingo.



El niño de nueve años gira el dedo índice para imitar las aspas. Se acuerda cuando trasladaron a su tía embarazada y él veía a las personas chiquititas desde el cielo: su pueblo quedó atrapado por las lluvias de Ingrid y Manuel hace más de dos años.

Azinyahualco es un pueblo de casi 400 habitantes a tres horas de la capital. Hay montes, veredas, flores rojas, amarillas, azules, un río y mucha agua: aquí es un elemento abundante y políticamente importante. La gente usa las plantas como remedios medicinales, son milagrosas; toman de la tierra su mayor sustento. Venden jitomates, comen pan, huevos de gallina y beben mucha Coca-cola.

En 2013, la comunidad serrana fue evacuada y declarada zona de alto riesgo por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred). Protección Civil estatal también ordenó reubicación inmediata y se incluyó en el “Plan Nuevo Guerrero”, que tuvo para reconstruir comunidades devastadas por los meteoros una inversión de 37 millones 715 mil pesos. En septiembre próximo se cumplen tres años y la reubicación, a ocho kilómetros del accidentado Azinyahualco no llega.

Heydi, una niña de ojos almendrados corrige a Josías: “¡helicóptero!”; juegan, dicen que les gustan sus nuevas escuelas de donde será su hogar, pero ya tiene tanto que no están seguros de querer irse. A la orilla de su escuela se observa una vereda; allí, “pasaban parados los árboles, piedrotas y mucha tierra”, dice Abel, otro niño de la Benito Juárez que rememora cuando la lluvia no tuvo clemencia y se tuvo que refugiar en un templo evangélico.

En el ejido se Zoyatepec debía estar en Nuevo Azinyahualco. La Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu) y el ayuntamiento compraron el terreno a particulares y al Ejido. Después de 10 meses abandonado, las 14 de las 93 casas que debían construirse se tambalean con el aire.

El material endeble de las construcciones de 8 metros por 6 no tienen castillos ni trabes y los tabiques de hormigón están pegados con cal. Los habitantes creen que es una burla. Además, los sellos de “Clausurado” por parte de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) por no contar con estudio de impacto ambiental previo a su construcción son visibles.

En varias supervisiones que los pobladores realizaron a la construcción, se percataron que los materiales no eran los adecuados para vivienda. Los castillos que van en las esquinas fueron colados con cemento sólido y cal, que sólo es apto para recubrir paredes.

En el predio hay ruinas, construcciones derruidas, y el recuerdo de los pobladores de que tuvieron que matar más de 200 víboras que tenían su nido en el terreno, como si de pronto esa fuera una señal para no moverse de su pueblo, al final medio destrozado, pero de pie.

El 20 de septiembre de 2013, a siete días del paso de la tormenta, un día después de que un alud de tierra sepultara parte de “La Pintada” en de Atoyac, la gente fue trasladada a albergues temporales; la mayoría a pie: mujeres adultas, enfermos y niños como Josías, en helicópteros.

En el terreno nuevo lo único bien plantado son las escuelas construidas por el Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa (Inifed), pero de nada vale la pena porque lo primordial que son las casas, como en otros fraccionamientos; por ejemplo, el de Papagayo, en Acapulco, no sólo no han sido entregadas, sino que la Sedatu justifica que están en terrenos inaptos.

En Azinyahualco, el preescolar los pobladores lo rehacen con madera. Los niños toman clases improvisadas en la escuela de su comunidad. Ellos desconocen de tragedia mientras juegan en la tierra o corren libres por los campos. En su pueblo hay jitomates, se siembra calabaza y hay gente que hace pan, deliciosas piezas que luego venden en comunidades como El Ocotito, más cercanas a la capital.

La Sedatu se comprometió con la comunidad a que en el espacio de nueve hectáreas construiría las casas; una iglesia católica y dos templos, el de Evangélicos y Testigos de Jehová, dos escuelas, la Comisaría, canchas para los niños; sólo las escuelas están conforme a las promesas, pero a una ya la están desvalijando: le robaron un aire acondicionado.

Los 150 niños se reúnen en la cancha de su escuela primaria, recuerdan varias anécdotas de la tormenta tropical Manuel en 2013, son en total 150 en la pequeña comunidad donde el ex alcalde, Mario Moreno lloró para que le cedieran su agua, según relatan algunos habitantes de los manantiales que de manera natural dan un verdor vivo a sus paisajes.

Cuando parecía que Azinyahualco quedaría sepultado entre los cerros que se derrumbaron en gajos en varias secciones, ellos corrían y se mojaban en la lluvia; algunos se enfermaron, otros tenían miedo porque “llovía y llovía”. Sus sonrisas dulces no saben de tragedias, no saben cuándo se cambiarán de hogar; tampoco se fortifican tanto, hoy comen gustosos paletas de dulce.

Los papás de estos pequeños han padecido la tragedia. Llevan dos años y medio esperando, han tratado con cuatro delegados de la Sedatu y esperan que la “Constructora 15” firme un finiquito a la Sedatu para que retomen la elaboración de su fraccionamiento.

El comisario de la comunidad Juan Torres lamenta que han tenido que poner de su bolsillo para ir la Ciudad de México, a Chilpancingo a Sedatu a cuestionar por qué no retoman la obra que inició en septiembre 2014. En octubre de 2015 suspendieron los trabajos “nos sentimos burlados”.

Cuando el río que se formaba entre el camino que da entrada a Azinyahualco, desde donde se ven águilas, chapulines y frutos que conocen desde la infancia los habitantes, Josías Abel, Heydi y otros de sus amigos se metían a bañar; ahora las aguas bravas, aunque no muy hondas no lo permitirían. El camino se desordenó, se llenó de piedras y troncos de árboles rotos por la furia de la naturaleza.

Lo que era un bonito paisaje para los niños se convirtió en un refugio temporal. Sus papás temen a que en esta temporada de lluvias no les vaya tan bien. Josías aún tiene presente el sonido fuerte de la lluvia que pega en las láminas de sus casas; otros niños dicen que dormían junto a mucha gente “todos en el piso”.

Juan Torres y Bernabé Torres, de la Mesa Ejidal, comparten que los que más les preocupan son los niños. En el pueblo es necesaria la educación porque muchos jóvenes parten a Estados Unidos a falta de oportunidades. Eso podría explicar las casas estilo Californiano con maderas meticulosamente acomodadas y colores pastel redibujándolas, porque varios de ellos trabajan en la construcción.

Los Torres quieren un mejor futuro para los niños y temen el despojo de su Ejido de 908 hectáreas, porque el ex delegado de Sedatu, Alfredo Fernández Peri les advirtió que tendrían que ceder los derechos de su ejido al gobierno; allí, donde las mariposas y las águilas; el agua abundante y los pinos y Palo Rey se imponen a la vista.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






Estás utilizando AdBlocker D: Quizás te interese este artículo