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Nacional

Haitianos hacen de BC su hogar

Excélsior | Miércoles 02 Noviembre 2016 | 06:49 hrs

Agencias |

Tijuana.- Poco a poco los migrantes que han llegado a Baja California, principalmente los haitianos, comienzan a incorporarse a las actividades productivas del estado y piden trabajo en talleres mecánicos, restaurantes, bares y otro tipo de negocios.



Sin embargo, el caso más ilustrativo de la adaptación de los extranjeros a la vida en el estado es el del primer compromiso entre una mexicana y un haitiano.

Es la historia de Laura Jazmín y Leslie Eduard, quienes se conocieron cuando ella se incorporó como voluntaria en el Hotel del Migrante, en Mexicali, donde conoció al extranjero de 27 años.

Luego de apenas unas semanas  de noviazgo, Leslie Eduard, quien trabaja como electricista, le entregó a su novia un anillo de compromiso. Laura Jazmín, de 24 años, es madre de dos niños y trabaja en la empresa Sabritas.

Otros haitianos, como Abelson Luime, trabajan mientras logran cruzar a Estados Unidos. Hoy en día él es taquero, actividad en la que apenas lleva 12 días y que llama la atención por una particularidad: ellos casi no comen tortilla.

Bertrand Manuel encontró trabajo como mecánico y, como él, muchos otros extranjeros buscan una oportunidad para allegarse recursos mientras logran tener una cita ante un juez de asilo en Estados Unidos.

Otro migrante, Marcel Destineau, procedente de Haití, trabaja como mecánico en un taller de carrocería de la avenida Ocampo, uno de los barrios preferidos por los automovilistas estadunidenses para arreglar sus carros a un tercio del precio que les costaría llevarlos a un garage de Los Ángeles o San Diego.

Habla perfecto español y sus manos ya muestran las huellas del uso del thinner y la pintura. A Marcel lo acompañan dos o tres hombres que viven de lo que él gana y les comparte para que compren comida.

En la frontera, las tortillerías y loncherías ya se ven llenas de docenas de hombres de color que ya aprendieron a pedir “un taco de asada con todo” lo cual no sería extraordinario si no fuera porque ellos casi no comen tortillas.

Más herméticas en su comunicación, las mujeres haitianas apenas hablan de sus nuevos trabajos como cocineras y peluqueras, y es que, a diferencia de los hombres, apenas hablan español y eso les dificulta comunicarse con sus nuevos empleadores, aunque se valen de familiares o conocidos para ofrecer sus servicios.

Regine Nathou prepara platillos al estilo haitiano en una lonchería, y sólo pide a Hortencia, la dueña del lugar, los ingredientes con los que preparará las 60 o más órdenes que venderán: aceite, pollo, cola de buey, arroz, spaghetti, plátanos y todo lo que sea frito.

Por ahora, todos ellos están a la espera de la cita con un juzgado de asilo que les permita ingresar a EU y buscar reunirse con familiares o aventurarse a lo desconocido.

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