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Nacional

Aquí es donde rebotan los sueños

Salud Ochoa/El Diario | Sábado 19 Noviembre 2016 | 09:14 hrs

Salud Ochoa/El Diario |

Frontera Tijuana-San Diego. Salud Ochoa/Enviada.- Sentado, bajo el techo de concreto de un mirador con vista al mar, Román dirige sus ojos hacia el Norte. A poco más de diez metros se encuentra la línea que separa a México de Estados Unidos y que en este punto se materializa no en uno ni en dos, sino en tres  “muros” construidos para evitar que los migrantes crucen la frontera.





Cientos de familias han quedado divididas por la deportación de indocumentados, que según los expertos durante el gobierno de Barak Obama suman más de 2 millones,  y por la imposibilidad de burlar las medidas de seguridad impuestas por los norteamericanos, que incluyen los tres muros mencionados, cámaras de vigilancia, decenas de policías de la patrulla fronteriza y hasta drones que sobrevuelan las 14 millas de distancia que van desde el puente de Coronado hasta el Océano Pacífico, en cuyas aguas el “muro” se adentra, pero no evita que las “Pangas” (pequeñas lanchas) se aventuren durante la  noche llevando hasta 14 personas que pagan un promedio de 10 a 12 mil dólares al “coyote” en turno.



Román es uno de esos hombres que cruzó la frontera de manera ilegal hace dos décadas, pero luego de 17 años en la Unión Americana, fue deportado y separado de sus 3 hijos. A pesar de ser originario de Jalisco, se quedó en Tijuana alimentando la esperanza de cruzar de nuevo.

“Mi familia se quedó allá y quiero regresar, pero no sé cómo cruzaré de nuevo. El triunfo de Trump me da miedo, sólo espero que no le pase nada a mis hijos. Espero que llegue la oportunidad de volver”, cuenta.

Mientras esto pasa, se ha empleado como vigilante en la zona comercial del sector, donde le pagan poco, pero sobrevive y todas las noches se asoma a mirar a todos los que llegan con la intención de cruzar.



“No tengo dinero para pagar el viaje. Tengo que esperar”, dice mirando hacia el muro donde se han escrito los nombres de los veteranos de guerra deportados y donde las madres de los llamados “dreamers”, se reúnen cada fin de semana y esperan que este 19 de noviembre, como una muestra de buena voluntad de la patrulla fronteriza, la puerta se abra y por unos instantes puedan tocar a sus hijos.



-El muro no detiene a la gente, sólo la desvía

-Este año se han deportado 50 mil personas

La migración de personas hacia Estados Unidos no se ha detenido, ha cambiado y eso demuestra que el muro no detiene a la gente, solo desvía su ruta, señala Vicente Calderón, periodista fundador de “Tijuanapress.com” quien durante años ha sido testigo del proceso. Para cruzar la frontera, dice, hay tres vías: por la garita, por el cerro o por el mar, pero a menor riesgo mayor costo.



“Los coyotes cobran de 2 a 3 mil dólares si se van por el cerro, pero el riesgo es muy alto; si se van por el mar, la tarifa oscila entre 10 a 12 mil dólares e incluso puede llegar a 15 mil y hay ocasiones en que cada lancha lleva hasta 14 personas por lo que resulta un gran negocio”. Michoacán y Zacatecas, son los estados que expulsan la mayor cantidad de migrantes en el país.

De enero a octubre del 2016, dice Calderón, se han registrado 50 mil repatriados y se espera que el proceso continúe sin que el gobierno local o nacional cuente con un programa serio para atender a esas personas.

“En el 2015 se repatriaron 60 mil y aunque no todos son mexicanos y algunos son enviados a su país de origen, otros se quedan en la ciudad, pero no hay una estrategia de atención y apoyo para ellos. Sí hay casas de migrantes, pero funcionan en base al trabajo comunitario y no cuentan con los recursos suficientes”.



-Del 2009 al 2014 se han deportado 2.4 millones de mexicanos

-Incertidumbre y temor ante llegada de Trump a la presidencia

-Llegan como un desecho del mercado laboral norteamericano: CBDH

En el período comprendido entre el 2009 y el 2014, el gobierno de Barak Obama ha deportado 2.4 millones de indocumentados la mayoría de ellos, mexicanos, señala Víctor Clark Alfaro, director del Centro Binacional de Derechos Humanos en esta ciudad y asegura, que hay temor ante la llegada de Donald Trump a la presidencia ya que “si con Obama, que dijo que no iba a haber deportaciones, se ha regresado a tantas personas, qué se puede esperar de quien ha asegurado que sacará del país a 11 millones de indocumentados”.



Diariamente, agrega, un promedio de 100 personas llegan a esta ciudad a través de dos puertas de entrada como “un desecho del mercado laboral norteamericano” que el sistema mexicano no tiene forma de “reciclar”.

En el lado Sur de esta frontera, el deportado, dice Clark, es el que fracasó en Estados Unidos, al que no quieren allá, pero tampoco acá, y al entrar a esta ciudad pueden suceder varias cosas: que se regrese a su lugar de origen, que se quede para intentar cruzar de nuevo o que se incruste en las filas de la delincuencia.



“Uno de cada 20 deportados terminará en condición de indigencia, sobre todo aquellos que han vivido durante muchos años en Estados Unidos. Los mayores de 35 años no tienen ningún futuro en este país. Los de menor edad son aquellos que cruzaron con sus padres aun siendo muy chicos, hablan spanglish, la vida los llevó a involucrarse en pandillas y en consecuencia son deportados, ellos suelen ser captados por la delincuencia”.

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