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Nacional

Terminan mexicanos deportados como indigentes, en Tijuana

Excélsior | Viernes 12 Mayo 2017 | 15:22 hrs

Excélsior |

Tijuana, BC.- Juan Carlos Álvarez Zamarripa vive en la calle cercana a la Garita de “El Chaparral”, en Tijuana, a un mes de que lo deportaron, por no tener documentos que acreditaran su legal estancia en Estados Unidos.



Sin importar los peligros y las inclemencias del tiempo, duerme en la banqueta y pide dinero a los transeúntes para comprar un poco de agua y comida.

Con una vida hecha en los suburbios del centro de Los Ángeles, dos hijas pequeñas y esposa, fue lanzado de un día para otro a este lado de la frontera, con lo que traía puesto, separándolo de su familia.

Aquí a veces me levanta la policía municipal, me lleva a la Agencia 20 del Ministerio Público, ahí no te dan ni de comer, te golpean por nada y te quitan todo lo que traes, está duro”, aseguró.

Atrás quedaron 24 años de historia en Estados Unidos y los recuerdos de sus días felices cuando trabajaba como caddie cargando los palos de golf de importantes personalidades, como la jugadora profesional Paula Creamer, apodada la “Pantera Rosa”, en campos propiedad del presidente Donald Trump, en Palo Verde, California.

“No trabajé para él exclusivamente, pero sí estuve sirviendo en sus campos más de 20 veces y es muy diferente el trato que te da adentro del campo de golf que afuera”, recordó.

Sumido en una grave depresión, “La Ardilla Woods”, como le llamaban sus amigos por el famosos golfista Tiger Woods, dice que tiene temor de acercarse a la zona norte de Tijuana, donde hay refugios para migrantes, apoyados por organizaciones de la sociedad civil, porque la policía hace más redadas por ahí.

Con lágrimas en los ojos, que trata de limpiarse con la manga de su sudadera negra, señala que antes ganaba mil 500 dólares por cuatro horas de trabajo y ahora no tiene nada.

¿Alguna vez dormiste en la calle en Estados Unidos?, se le cuestionó; nunca, es su respuesta. ¿Habías sentido hambre allá? No, ¿Te sientes mexicano? No, afirma de manera tajante.

Juan Carlos es ya parte de la legión de mexicanos indocumentados en su propio país, que como zombies deambulan por las calles de Tijuana, sin saber a dónde ir.

“La verdad me siento extraño aquí, porque no puedo hacer nada, buscas trabajo, ocupas tu identificación; quieres tratar de sacar una credencial y estos mismos policías de aquí no te dejan, siempre te quitan todo, porque todo lo que haces está mal para ellos”, indicó.

Vivir en la calle

De acuerdo a la diputada federal María Luisa Sánchez, quien fungió como regidora de Tijuana de 2010 a 2013, tres de cada 10 deportados terminan como indigentes.

Destacó que estas personas al entrar a México, lo primero que necesitan es ayuda psicológica, porque llegan muy mal y se sienten derrotados.

Claudia Portela, coordinadora del Desayunador del Padre Chava, que brinda alimentos a los migrantes, coincidió en que entre el 30 y 35 por ciento de los repatriados quedan en situación de calle, donde hay adicciones y nunca se recuperan, porque el golpe emocional es muy fuerte.

Hay varias personas que aquí vienen a comer, que te cuentan que les iba muy bien en Estados Unidos, que trabajaban, que podían ayudar incluso a su familia en México, y que de un día a otro se quedaron sin nada, y duele, duele mucho ver estas realidades”, manifestó.

Melba Adriana Olvera Rodríguez, presidenta de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, reconoció que hace falta poner bases más sólidas y mayor presupuesto para una política de inclusión de los mexicanos que regresan todos los días al país.

Sergio Tamai Quintero, director fundador de Ángeles sin Fronteras, expuso que la falta de atención, programas integrales y recursos federales provoca que los deportados terminen sumidos en problemas de drogadicción y alcoholismo.

Explicó que la carencia de oportunidades crea un círculo vicioso, porque no pueden dedicarse a una actividad productiva, ya que al querer ponerse a vender en la calle o limpiar parabrisas, vienen las redadas o los operativos antidrogas contra los consumidores y no contra los distribuidores.

Dijo que, de acuerdo a sus cálculos, alrededor de 900 mil mexicanos deportados viven como indigentes en toda la franja fronteriza, acumulados durante la administración de Barack Obama y lo que va de la de Donald Trump.

Se requiere, agregó, un presupuesto de al menos 4 mil millones de pesos para darles empleo, generar proyectos productivos, otorgarles vivienda y servicios de salud.

“Los deportados están olvidados por el sistema, los deportados representan a los mexicanos que nos mandan más de 25 mil millones de dólares al año y que mantienen pueblos enteros. Es una vergüenza que no podamos atenderlos y darles la mano cuando lo necesitan”, lamentó.

Sin recursos

Un ejemplo del escaso apoyo que hay para este sector vulnerable de la población es el Desayunador del Padre Chava, fundado en 1999, que brinda diariamente comida a un promedio de mil 200 a mil 500 migrantes y deportados, pero que sólo recibe recursos federales para cubrir el ocho por ciento de sus gastos y lo demás lo tiene que conseguir de aportaciones de particulares.

El padre Felipe de Jesús Plascencia, director del Proyecto Salesiano, en Tijuana, advirtió que el gobierno federal tiene que asumir esta responsabilidad, porque el número de indigentes va creciendo en Baja California.

Recordó que, sobre el canal del Río Tijuana, en el llamado Bordo, vivieron hasta 2015 alrededor de 2 mil personas en situación de calle, que alguna vez fueron deportados, con problemas de adicciones al cristal y la heroína, VIH Sida y Hepatitis C, que construyeron “ñongos”: hoyos debajo de la tierra, entre olores fétidos y aguas negras.

“Y la solución que buscaron a ese tipo de experiencia fue el desalojo y lo único que hicieron es una operación cucaracha, porque esparcieron a los indigentes por toda la ciudad”, señaló.

La diputada Gina Cruz Blackledge, excónsul de México en Calexico, lamentó que tampoco en las representaciones del país en EU haya recursos suficientes, como existía antes en una partida especial para pagar pasajes y viáticos a los deportados que quisieran regresar a sus lugares de origen.

“Desgraciadamente, al inicio de esta administración, hace cuatro años y fracción, estos recursos se limitaron y tenemos información de que, inclusive, ese presupuesto que se daba, ya no se otorga”, declaró.

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