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Opinion

Buscando a un independiente

Luis Froylán Castañeda | Domingo 10 Abril 2016 | 01:38 hrs

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La Política da Weba

Juventud divino tesoro ¿Dónde estás que no te vea?

Un maestro de la Uach, de los que arrastran el gis a diario, calculó que de los treinta mil alumnos inscritos en los diferentes programas de esta casa de estudio, votarían si acaso cinco mil. Es una suposición basada en la indiferencia que muestran los muchachos hacia la política, pero en la Salle tienen el dato específico: sólo votan uno de cada diez alumnos, en magro diez por ciento de los estudiantes con credencial de elector.

Las observaciones del académico universitario y el dato estadístico de la Salle, proporcionado en privado por el hermano Superior, representan una realidad de la juventud chihuahuense, probablemente mexicana –habría que ir a los datos específicos del país, son muy parecidos- e incluso del mundo. A los universitarios no les interesa la política, ni les va ni les viene. Por lo que a ellos hace los candidatos y sus partidos que se vayan al diablo.

Lo mejor de la juventud está en las universidades, han pasado las diversas etapas hasta convertirse en los privilegiados que accedieron al escalón más alto de la educación, filtro que en México sólo superan el uno por ciento de la población. Hay datos duros donde sólo uno de cada cien niños que ingresan a la primaria alcanza nivel universitario. No se gradúan, ingresan a la universidad, donde la eficiencia terminal les reserva otro bajón.

Si esos jóvenes privilegiados encuentran ocioso votar. ¿Qué sucede con los que se quedaron en el camino, empleados en diversos trabajos manuales como albañiles, jornalistas del campo, maquiladores, burócratas menores, aprendices de mecánicos, fontaneros o correveidiles de cualquier oportunista? Es de suponer que ni por enterados se dan de las campañas.

¿Qué pasa con la juventud mexicana y la política? La respuesta más sencilla y socorrida por sociólogos e investigadores sociales es que ven en partidos y gobernantes una fuente inagotable de corrupción, en la cual no hay nada por hacer, pues asumen que siempre ha sido igual y así sucederá hasta el fin de los tiempos. Para que perder tiempo, si todos son igual de corruptos, concluyen lapidarios.

Esa explicación puede ser parcialmente verdad, pero me parece insuficiente. Dudo que la extendida corrupción en la vida pública sea el único motivo por el cual los jóvenes se alejan de la política, me resisto a pensar que la presente generaciones en edad universitaria sean desentendida sólo porque no les gusta ningún partido.

La rica historia de los movimientos estudiantiles demuestra, clara y definitivamente que los jovenes no son indiferentes a su entorno social. Los movimientos del 68, y no me refiero únicamente al “dos de octubre no se olvida”, ocurridos en diversos países, entre ellos el nuestro y Francia, son inequívocas razones para decir que los estudiantes son sensibles a los problemas sociales. No sólo eso, actúan y en algunos momentos se desbordan sobre la vida pública y la transforman.

Siendo la indiferencia juvenil un asunto temporal, supongo que está más asociada a la ausencia de estímulos que los haga involucrarse, que a la explicación clásica del "todos son iguales de corruptos". Les vale por la simple y sencilla razón de que no conceden importancia a su participación, ignoran el valor de su voto, desaprovechándolo mientras se ufanan de que “nadie les late”.

Durante la elección del 2000, cuando la elección de Vicente Fox, implementé un modo de auscultar, un sondeo informal  que al paso del tiempo el primer círculo conoció como “Urna 920”, por la estación de radio donde trabajaba en esa época, que lo promovió y patrocinó.

Consistía en simular una votación con mampara, nombres de candidatos y logotipos de partido en una especie de boleta electoral, ubicado diariamente en diferentes puntos de la ciudad. Cuando esa urna llegaba a las facultades universitarias, el resultado era abrumadoramente mayoritario para Fox. Evidente que Fox y los candidatos del PAN ganarían la elección, sin embargo entre los estudiantes esa tendencia era apabullante.

Por definición los jóvenes son rebeldes y más los universitarios, reniegan de sus maestros, de sus padres, de la vida injusta y hasta de ellos mismos. Es un proceso de aprendizaje que los enseña a ser adultos, de modo que también reniegan de la política, los políticos, los candidatos y sobre todo de los gobernantes.

Es previsible que de involucrarse en la dinámica electoral lo harían por un cambio ¿Cuál? El que sea con tal de que haya cambio. Supongo que no les importaría si fuese para bien o para mal. En los setentas querían un cambio y tendieron al ofrecido por el comunismo marxista, que al paso del tiempo la historia ubicó como el peor de los sistemas políticos.

A los jóvenes de entonces, sin embargo, no les importaba, la moda era ser socialista y lo asumían con desenfado, postulando su convicción ideológica con la arrogancia y desfachatez que de sus años. Después cambiaron su convicción ideológica por un aumento del 15 por ciento, describe Sabina en una de sus canciones, y en su oficina colocaron un ladrillo del Muro de Berlín.

No digo nada que ignoren ideólogos y estrategas de los candidatos en campaña, en cada cuarto de guerra saben que ganando la juventud ganan la elección, esa fuerza dormida es capaz de transformar una sociedad, con mayor razón una campaña. El asunto es que no entienden la forma de llamar su atención, simplemente no tienen ni la más remota idea de cómo entusiasmarlo.

Enrique Serrano y Jaime Beltrán del Río intentan hacerlo con la oferta fácil: bajemos las cuotas universitarios y aumentemos las becas escolares ¿En verdad suponen que los universitarios les compran la promesa? Si la hicieron es que sí. Inocentes al pensar que de esa manera moverán el voto joven a su favor. Pregunten en cualquier centro educativo superior y encontrarán que esa promesas de campaña no la compra ni el conserje, menos los estudiantes con liderazgo.

Javier Corral no se ha ocupado de ellos, concentrado como está en ganar la elección colocando a César Duarte como el centro de su campaña, con el señalamiento de corrupto mayor que ha desplegado los últimos dos años, primero en el Senado y ahora en oficio de candidato panista empeñado en construir un frente ciudadano de saliva, sólo por el orgullo de hacerle. Es su estrategia y con ella ganará o perderá, no es de los que sabe recomponer, lo demostró hace doce años.

Los otros candidatos en contienda carecen de importancia, hacen su trabajo electoral engordando el caldo del PRI y algunos como Cruz Pérez Cuéllar lo hace bien. Félix Muñoz de Morena, verdadera oposición, ni quién lo tome en cuenta, recogerá los votos duros de López Obrador, uno que otro resentido del PRD y gracias por participar, de regreso al anonimato.

Pero Chacho Barraza desaprovecha la enorme oportunidad de la moda independiente, de la manera más increíble busca el voto haciéndose pasar por más institucional que Serrano y Beltrán del Río, juntos. Los candidatos del PRI y PRD están en la suya, saben dónde está su interés y no se encuentra en la participación ciudadana. Ellos hacen lo correcto.

Al decir que Chacho desaprovecha la oportunidad del independiente, no me refiero a que debe hacerse pasar o intentar convertirse en azote de los corruptos, consuelo de los afligidos y dispensador de las gracias terrenales. Lo que intento decir es que su estrategia de campaña es tan ortodoxa como la de los partidos y eso cancela sus posibilidades.

Quizás ni el mismo Chacho se percate, de bien a bien, de su potencial y cómodamente suponga que al embrujo del concepto independiente los votos caigan sobre él como fruta madura. Si piensa de esa forma está pero bien jodido, para capitalizar la ola independiente necesita parecer independiente, el hábito no hace al monje y aunque la mona se vista de seda mona se queda, pero como es necesario parecer. Para efectos visuales el hábito del monje y la seda de la mona son imprescindibles, sin ellos no existe uno ni el otro.

Pasó la primera semana de campaña y Chacho se perdió en el ensordecedor ruido de sus adversarios de partido, transitando plano, sin ideas, desprovisto de imaginación. Bueno, véalo usted !Su mejor evento fue traer a Pedro Ferríz de Con! por favor, es un periodista de radio sin prestigio en el medio, rematado con sentar a Eugenio Baeza en la mesa principal.

Eso describe con claridad el tamaño de Chacho, está desasociado de los electores, no encuentra su lugar, lo aturden las campañas, luce confundido. Al paso que va no servirá ni para un ejercicio de voto útil, los electores le tomarán la medida y cuando intente reaccionar se habrá dado cuenta llegó el momento de bajar su publicidad pues faltarán tres días para el cinco de junio.

¿Qué ondas con Chacho? decepciona a sus patrocinadores. Da weba.

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