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Opinion

La variable ciudadana

Luis Froylán Castañeda | Domingo 17 Abril 2016 | 01:04 hrs

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La Política da weba

Me quito el sombrero y le hago caravana, dijo un encumbrado panista, si ganan Serrano, Cabada y Maru, con ese resultado la operación de Duarte quedaría para la historia como la mejor en todos sus términos. Debe descubrirse desde ahora, con independencia del resultado, César Duarte jugó magistralmente con la política para dejar a su candidato en condiciones inmejorables de triunfo. Si de pasada se deshace de dos adversarios a futuro, Teto y Marco Adán, sería un plus que ningún otro gobernador ha obtenido en una elección sexenal.

Es el argumento del primer círculo en Palacio, ven a Serrano ganador y un Congreso de mayoría priista, con Lucía Chavira perdida y Teto francamente les vale, César le ha pegado dos veces; hace seis años cuando ambos compitieron por el amor de Reyes, y en diciembre pasado, haciéndole creer que sería el candidato, a sabiendas que bajo la manga tenía la carta de Serrano. No lo consideran un adversario de respeto, si gana bien y si pierde igual.

En cambio Marco Adán enfrentó como nadie en su propio partido a Duarte, se plantó derecho y lo retó a inhabilitarlo, no bajó las manos ni cuando lo vincularon a proceso por el tema del Aeroshow. En todo momento mostró una actitud desafiante que los ortodoxos del PRI desacreditaron como deslealtad e ingratitud. Al único que César descalificó abiertamente para ser candidato fue a Marco, desde la famosa comida de los cinco, en casa de gobierno.

Hasta hoy sigue pendiente el proceso penal y viva la inhabilitación. El choque entre ambos es un capítulo en tregua electoral, pero sigue abierto, hasta la fecha no lo han liberado de ninguna de las acusaciones derivadas por la tragedia del Aeroshow, menos aprobado sus cuentas. Es un pleito que no se resuelve con saludos para la foto ni declaraciones obsequiosas, va en serio no de mentiritas.

Cualquiera que conozca la política lo entiende y sabe que el resultado perfecto para César incluye una derrota del PRI en la ciudad de Chihuahua. También Marco y Lucía están claros, por eso se desmarcan de Palacio, intentando capitalizar a su favor la animadversión ciudadana contra el gobernador, saben de su desgaste en la capital.

Es difícil, la gente informada tiene conocimiento de los desencuentros y entiende el interés del gobernador en la derrota de Lucía, el ciudadano común no, ellos ven al PRI que los une y se acabó. Es el reto de Lucía, capitalizar a su favor esa animadversión, llevando como símbolo de su campaña el logo del PRI. Tamaño reto.

En cuanto al escenario general, las únicas dos variables que escaparon a la influencia de César fue la candidatura de Corral en el PAN y la de Chacho independiente. Con excepción del morenista que sale de todos los escenarios, el resto de los candidatos y partidos están puestos para la victoria de Serrano.

Con Jaime Beltrán del río su alianza está consolidada de tiempo atrás, al quedar corto para el PAN, lo envían al PRD, apoyado en otra complicidad extraña, la de Hortensia Aragón y el PRD que en todas partes va contra el PRI, pero en Chihuahua es uno de sus satélites, como decían los analistas en tiempos del partido hegemónico.

Marginado del PAN por el batidero de los acarreados en la funesta elección interna que dejó a Corral en el senado, Cruz Pérez Cuéllar también es otro instrumento en el esquema general de Palacio. Eligieron correctamente, Cruz sabe hacer campaña, logró desprender del PAN a varios liderazgos regionales. Hace correctamente su trabajo.

Al PT lo alinearon desde México, de irredento obradorista en un santiamén pasó a sumiso apoyador de las políticas gubernamentales, condición impuesta para regresarle el registro perdido. Verde y Panal con su alianza de siempre cierran el cuadro de los partidos puestos al servicio de los intereses en cuyo centro están Serrano y Duarte.

¿Quién, en anteriores procesos,  dejó un escenario político tan envidiable para el candidato del PRI? Nadie, así que los admiradores de Duarte como estratega y operador político no necesitan esperar a que concluyan las campañas para quitarse el sombrero y hacerle caravana, lo pueden hacer desde ahora. Si de pasada pierden Lucía y Teto, sería  un premio extra en reconocimiento a su magistral operación.

Hay asegunes. Un antídoto contra esa operación es que la oposición una fuerzas contra el candidato a vencer, de suerte que a la recta final sólo lleguen dos. Eso lo tiene muy claro Javier Corral, por lo mismo insiste hasta la obsesión en el frente opositor. Dicen los gringos que la política pone a extraños en la cama, es cierto, todo puede suceder, pero las condiciones son desfavorables para una gran alianza anti serranista o anti duartista, si lo quiere poner así.

Uno de los opositores sinceros es Félix Muñoz, de Morena. En asuntos políticos o alianzas estratégicas él no decide nada, como todos en Morena obedecen ciegos a su dictador líder y desde la campaña del “Peligro para México”, López Obrador puso a Chacho en el grupo dela mafia que saquea al país.

Entre ellos la posibilidad de la alianza es equivalente a cero. En cuanto a Javier existe una alternativa mínima, que sus amigos en México convenzan al tabasqueño para que su candidato en Chihuahua decline a su favor. Es muy lejana, pues trastocaría el discurso de que el PRI y el PAN son una y la misma cosa, que López Obrador machaca mañana tarde y noche ¿Cómo explicar una alianza con el PAN? Improbable, pero posible.

Hay un grupo representativo de dueños del pueblo, con presencia en la educación superior del sector privado, que insiste en la unidad de Corral y Chacho. Hicieron una encuesta en la que Chacho salió con el 18 por ciento, Javier con el 20 y Serrano 35. Saben que separados van directo al barranco y unidos tienen una chanza.

El problema para los promotores de esa alianza es que no hallan la forma de que Corral deponga su candidatura en favor del independiente, siendo que está mejor posicionado. Con toda razón Javier insiste en que Chacho decline a su favor  y hasta el momento Chacho mantiene su versión de llegar al día de las elecciones, sólo o acompañado. No se ve declinando en favor de nadie.

El rumbo de la elección cambiaría si Chacho despunta. Dando por buenas la encuestas no publicadas que pagaron los dueños del pueblo (18 Chacho y 20 Corral) ejercicio coincidente con el del Gabinete Estratégico (21 Chacho 22 Corral) crece la opción de una alianza, pues el que despuntaría en un escenario de empate técnico entre los opositores sería el independiente, Javier es difícil que alcance mejores niveles, dado el alto grado de conocimiento que tiene.

Puesto a Chacho delante, el odio de Javier contra Duarte, el sueño enfermizo por meterlo a la cárcel, objetivo de su campaña, lo haría declinar, quienes lo conocen aseguran que se tragaría su orgullo con tal de ver a César empinado con su proyecto político transexenal. Esa es una opción que pudiese complicar la operación política que hizo Duarte, allanando el camino de Serrano.

La otra es más sencilla pero altamente compleja, nadie puede anticipar el rumbo de la variable ciudadana. El PRI basa su triunfo en la enorme capacidad de movilización que tiene, lo que llaman estructura electoral. Ningún otro partido cuenta con los alcances electorales del PRI, su base ha sido suficiente para ganar las últimas elecciones con solvencia, ahí tiene el ocho-uno de las pasadas elecciones federales.

No hay duda, de partido a partido el PRI hace picadillo a todos juntos. Si la elección se define en razón de las estructuras, Serrano y su séquito pueden irse desde ahora a las Vegas y el cinco de Junio en la noche regresar para festejar su triunfo.

El punto aquí es el nivel de participación ciudadana, como dije, una variable incierta. Ponga el número cincuenta como frontera entre un triunfo priista o un triunfo opositor: mientras más abajo está la participación ciudadana del cincuenta por ciento, mayores son las posibilidades de Serrano y a la inversa, una votación que supere ese porcentaje es favorable para la oposición, cualquiera que vaya adelante.

Si la participación ciudadana alcanza niveles del sesenta por ciento o más, no hay estructura u operación política que valgan, por ejemplares y atinadas que sean. En conclusión, la elección es incierta, nadie puede darse por ganado sin que hayan cerrado las urnas. Tanto los acuerdos políticos entre opositores como la participación ciudadana puede decidir e uno y otro sentido el rumbo de la elección.

Lavisiondeluisfroylan.com

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