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Opinion

La maldición del menos peor

Luis Froylán Castañeda | Domingo 01 Mayo 2016 | 01:48 hrs

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La Política da Weba

El problema general con que topan los candidatos, de cualquier partido político, al momento de pedir el voto, es de credibilidad. La gente simplemente no les cree ni los buenos días, si dicen que hace calor por el sol abrazador, voltean a la ventana para verificar que ciertamente, hay sol y afuera hace calor.

Lo tienen bien ganado, durante décadas nuestros gobernantes han hecho todo lo posible, y más, por defraudar la confianza ciudadana. Mienten mirando a los ojos, prometen un puente donde no hay río y luego con sorna dicen que también llevarán el río, se aprovechan del cargo para medrar y enriquecerse.

Eso la gente lo observa, sabiendo que para comprar un auto usado necesitan ahorrar un año, mientras el vecino que entró a gobierno compro casa nueva en tres meses y se ufana de sus éxitos pagados con dinero del pueblo. De historias está llena la política mexicana.

Hasta mediados de los ochentas el PRI personalizaba la corrupción, cualquiera de ese partido era llamado corrupto y ni se ofendía. Al contrario, acuñaron frases emblemáticas de la época: “vivir fuera del presupuesto es un error” “un político pobre es un pobre político”. Tenían el monopolio de la corrupción y se ufanaban de ello.

Con Ruffo, Barrio, Fox, Calderón y otros el PAN llegó al poder y con ellos la maldita corrupción adquirió categoría universal, se batieron en ella tan felices como sus odiados priistas. Recuerdo cuando le dije a mi mamá, fundadora del PAN en Jiménez, ahí tiene a su presidente –refiriéndome a los desaciertos de Fox- Si, respondió, ahora por lo menos que roben otros. Y otros fueron los que robaron.

La gente se desilusionó por completo, lo mismo con los gobiernos de izquierda, de modo que resolvieron, prácticos, que todos eran igual. La corrupción se generalizó, no cambió de signo, simplemente le fue atribuida a la política como tal.

Tan hartos están los ciudadanos de sus gobernantes que, desesperados, deciden ponerse en manos de cualquier desconocido, siempre que ese desconocido se asuma como “independiente” y se diga cien por ciento ciudadano.

Véalo usted, un candidato como Enrique Terrazas, atado de pies y manos por sus compromisos económicos, poderosos intereses de su familia, hoy se asume como candidato independiente. ¿Independiente de qué? ¿De los partidos políticos? Lo pongo en duda, pues está fuertemente vinculado con el PAN ¿Del poder en turno? Menos, los mejores clientes de cementos son los gobiernos y para hacer reservas territoriales –su otro gran negocio familiar, necesita la complicidad de funcionarios de gobierno, pues el negocio está en comprar tierra a precio de centavos y venderla en dólares. Las casas son un plus.

Merced a los dueños de la tierra, en Chihuahua cada metro cuadrado cuesta entre cuatro y cinco mil pesos, en cualquier colonia donde esté de moda el desarrollo. No es que los Terrazas las hayan puesto en las nubes, ellos son únicamente parte de los mayores acaparadores de tierra en la ciudad. Dos o tres familias más son socios en esa empresa.

Es difícil pensar en ellos como gente de compromiso ciudadano, los impulsa el interés económico. Vea a Eugenio Baeza, en menos de tres meses hizo más negocios que algunos gobernadores en seis años. Algunos se le frustraron, sí, pero los buscó con determinación.

Chacho Barraza no es diferente, también tiene una historia que contar. Desde que inició la campaña puso su candidatura al lado de los empresarios más desvinculados de Chihuahua, los Almeida, de Inteceramic, sin contar sus compromisos con el gran capital del país. A ellos se debe; a ellos obedece.

¿Cuándo ha visto usted que los Almeida se ocupen de la ciudad? Para ellos, que viven en el extranjero, Chihuahua es únicamente el territorio donde están instaladas algunas de sus varias plantas. Que son millonarios sí, eso en nada beneficia a la gente de Chihuahua, ni la ciudad como tal. Son ajenos a la vida de la ciudad.

Intento imaginar a Chacho gobernando y me pregunto por sus equipo de trabajo ¿Haría lo que intentó Fox, un programa para buscar talentos? Probablemente, pero lo más seguro es que terminaría igual que Fox, llevando a sus cuates al gobierno, para tomarlo como botín de guerra. Pregunten por el Bronco, en Nuevo León.

Desde luego que hay de empresarios a empresarios, no los desautorizo a todos generalizando envuelto en un tufillo comunista. La empresa genera riqueza y la riqueza lleva bienestar a las familias, condición que no les otorga el grado de salvadores independientes. Mis respetos, por ejemplo, a Eloy Vallina, pero muchos de los empresarios chihuahuenses ven a Chihuahua como Angélica Fuentes dijo de sus colegas adinerados en Juárez: Todos le quieren sacar, pero nadie le quiere meter.

Voy a los empresarios porque son los que levantaron la mano intentando capitalizar ese gran descontento ciudadano contra los políticos tradicionales. Salieron al ruedo, a riesgo de la crítica y eso tiene su valor, hay que reconocerlo.

De eso, a que sean la solución tengo mis dudas, para su mala suerte Eugenio los exhibió en los tres días que estuvo a cargo de la presidencia municipal. Su argumento es que no necesitan robar porque ya son ricos, pero en cuanto pueden demuestran que el dinero nunca es suficiente.

Esa desconfianza ciudadana los hace gobernantes en potencia, los convierte en alternativa viable como sustitutos de una clase política corrompida por el poder, se asumen como pretendida respuesta ciudadana, sin que puedan ocultar las orejas de lobo.

¿Son mejor ellos que los políticos tradicionales? Supongo que para el común de la gente la respuesta sería un rotundo NO, seguido de la explicación, pero estamos hartos de la bola de rateros que nos gobiernan, ahora por lo menos que sean otros, como dijo mi señora madre cuando le reclamé los desaciertos de Fox.

Somos un pueblo tan resignado, que nos conformamos con elegir entre los malos y los más malos, entre los corruptos y los más corruptos, sin saber o entender quiénes son unos y quienes otros. A ningunos damos por buenos, pero alguien nos tiene que gobernar. De ese tamaño es nuestra desgracia como ciudadanos.

Habría que poner asteriscos en eso de calificar a los políticos como si todos fuesen iguales, lo mismo que a los independientes, algún justo debe existir en ésta Sodoma nuestra. También hay de políticos a políticos y lo mismo se encuentran buenos y corruptos en el PRI, como en el PAN y en todos los partidos, pongamos a la izquierda para no entrar en detalles de los nanos.

Sin embargo los buenos hay que buscarlos con lupa y los malos se los encuentra usted en cualquier cartel publicitario. Por eso, por los malos o corruptos que hacen mayoría, es que la gente decide mandarlos a todos a la chingada, no repara en sutilezas de éste nos convine, aquel no. Los descalifica parejo.

Los políticos entienden el mensaje ciudadano, serán corruptos no pendejos. Saben del desprestigio que tiene su profesión e intentan disfrazarse de ciudadanos. Llegan al absurdo de hacerse pasar como “cien por ciento ciudadanos” cuando en realidad los hizo candidatos el mismo partido político que ayer postuló a los corruptos. No jodan, en serio.

¿Hacia dónde quiero llegar? Nada lo he dicho en el curso de la redacción, que los dependientes están llenos de compromisos, digan cuales son y cada quién decida si les cree o no, pero que sean sinceros; que hay de políticos a políticos, usted decida en los que quiere creer. Lo que indudable está de Weba, es que las opciones sean tan reducidas, de modo  que sólo nos queda optar por el menos malo.

Lavisiondeluisfroylan.com

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