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Opinion

Un espacio al ciudadano

Luis Froylán Castañeda | Domingo 05 Junio 2016 | 00:27 hrs

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Incógnita de la variable independiente

La Política da Weba

Otra vez, como cada seis años, los chihuahuenses estamos frente a las urnas para definir el rumbo inmediato de la entidad. Un sexenio es la unidad de medida en la vida pública y política de nuestro país. Es el tiempo exacto en que los poderes del estado recaen en una sola persona, todo el tiempo durante ese periodo y en todo lugar, si aplicamos el concepto al país. En las entidades federativas la definición necesita una acotación: ''sólo subordinado al poder superior representado por el presidente de la República en turno''.

En palabras llanas pretendo establecer la importancia de la elección, su significado y alcances. Está en juego nada menos que el manejo de 60 mil millones de pesos al año, una parte de la cual los gobernadores disponen de manera discrecional; la influencia determinante en los poderes Judicial y Legislativo; la facultad de nombrar candidatos a presidentes municipales y diputados, imponer rectores…

Un gobernador es el soberano en la vida pública de su entidad, magistrado de la justicia sin toga ni birrete; en su partido dictador sin opositores y temor de la oposición; socio en los negocios de la Iniciativa Privada y distribuidor en los públicos; conciencia ciudadana; arbitro en disputas políticas o sociales; padre dispensador de favores; protector de los desvalidos, guía y consejero de los aspirantes a su cargo; terror de la burocracia y la politiquería.

Además de una alcaldía que vale cinco mil millones de pesos al año, otra dos mil quinientos y 65 más que no dan brillo pero sacan lustre. Aparte de los 33 espacios para diputados, cientos de regidores y 65 síndicos, es lo que está en juego este domingo, como cada domingo que define, para efectos prácticos, el inicio y el fin de otro sexenio.

Puesta así la perspectiva es fácil entender porqué los candidatos se mueven hasta desfallecer con tal de conseguir el objetivo. Son cargos que cambian la vida de las personas y en el caso de los mayores, gobernador y alcaldes de Juárez y Chihuahua, los transforman a ellos, a su entorno próximo y algunas veces a la ciudad o estado que administran.

En cada jornada los actores encuentran la forma de atribuirles el carácter de histórica, siendo que son ciclos repetitivos, incapaces por sí mismos de modificar el rumbo de una sociedad, con algunas excepciones que por lo regular suceden en un lapso de tiempo mayor al sexenio.

Por ejemplo, elecciones históricas en Chihuahua fueron las de 1983, cuando el PRI perdió la columna vertebral del estado; las federales del 85 y locales del 86, manchadas por sospechas fundadas de monumentales fraudes y la del 92, cuando el PAN gana por vez primera y única la gubernatura.

Son un conjunto de elecciones celebradas en el lapso de un sexenio y medio, que cambiaron el rumbo electoral del estado e influyeron de manera determinante a escala nacional. Sin embargo no alteraron el ritmo, como tampoco lo harían más tarde en el país. Los gobernadores panistas, igual que los presidentes de ese partido no hicieron diferencia en la vida pública ni política. Si acaso marcaron pauta en el desarrollo electoral, no más.

Las presentes elecciones, si algún carácter histórico podría darles, es que por vez primera participan candidatos independientes. La figura es interesante desde el punto de vista estrictamente electoral. Ninguno de los independientes rompería moldes en el modo de gobernar, sentados en la silla serían como cualquier otro político emanado de partido.

No obstante, dado el desarrollo del proceso, la variable independiente es muy interesante. El resultado de la elección, dato que conoceremos una vez cerradas las casillas, depende de dos factores; la aceptación de los principales candidatos independientes y el porcentaje de participación ciudadana.

Corral, Teto y Maru Campos hubiesen preferido ir a una elección sin independientes. No es que a ellos les quiten todos los votos, pero sí la mayoría, ponga usted un 70-30. Desde ese punto de vista, aceptado sin discusión por los especialistas de PRI y PAN, los votos independientes mermar a los candidatos del PAN.

La incógnita en la presente elección, con relación a la variable independiente, está en la cantidad de votos que reciban. Ninguno es favorito, Cabada el que más se acerca, pero en ningún caso hay certeza, no puede haberla, de la actitud que los electores adopten una vez en las urnas, especialmente los mejor informados.

Si el resultado de la votación está en línea –más o menos- con las encuestas, la lógica es que Serrano, Lucía y Teto levanten la mano hoy en la tarde. Si la votación de los independientes se deprime, quedando por debajo de las encuestas, los candidatos Corral y Maru tienen una chanza. Vicky Caraveo, de Juárez, no, ella va de tercera en las preferencias. Allá se afianzaría Teto, quién por su parte tiene la amenaza de que está muy parejo con el independiente. Juárez merece atención aparte. Otra vez será.

Para que los independientes ganen, a excepción de Cabada, como ya dije, es necesario que la participación ciudadana exceda porcentajes del 70, como sucedió hace un año en Nuevo León, con el triunfo del Bronco. Aquí entra la otro variable que hace de la presente elección una incertidumbre.

Voy a las últimas seis elecciones locales, dos de las cuales son hermanas de la presente. El 2004 Reyes Baeza ganó con 560 mil votos, contra 411 mil de Javier Corral y 44 por ciento de votación. Seis años después César Duarte firmó 600 mil votos, por 423 de Carlos Borruel y una participación de 41.41 por ciento.

En las alcaldías Juan Blanco ganó a Martha Laguette –en 2004- con 136 mil votos, por 112 mil de Martha y  la votación general fue del 49.3 por ciento. En la intermedia de Reyes, 2007, Carlos Borruel obtuvo 113 mil votos, por 112, 600 de Alejandro Cano, con participación –ojo- de 61.2 por ciento. Tres años después Marco Adán Quezada obtuvo 164 mil votos, record para la ciudad de Chihuahua, contra 106,900 de Toño López. En esa ocasión votó el 48.23 de los electores. En la última elección municipal Javier Garfio obtuvo 108 mil votos, contra 90 mil de Miguel Riggs, únicamente con el 37.8 por ciento de participación.

Observaciones: en las últimas seis elecciones locales para gobernador y alcaldes, la participación electoral ha sido inferior al cincuenta por ciento, la más reciente menor a los 40 puntos y sólo una superior al 60 porciento, cuyo resultado –para efectos estadísticos- dejó un empate entre los dos principales partidos.

Para que Javier Corral y Maru Campos levanten la mano hoy en la tarde, necesitan conjugarse tres factores: Una participación copiosa, arbitrariamente déjela en el máximo de 60 por ciento, que no es garantía, como está demostrado en la elección de Borruel y Cano; un desplome electoral de los candidatos independientes, con relación a lo que dijeron las encuestas, quedando en promedios de cinco por ciento o menos; y un tercero, no citado hasta el momento, el castigo severo contra los gobiernos del PRI.

Conjugados los tres factores anteriores, los candidatos del PAN podrían ganar con relativa holgura; los independientes despedazando las encuestas y que la gente vote por arriba del 70 por ciento, siempre y cuando el voto vaya con castigo a los partidos tradicionales. No es imposible, aunque improbable. Los candidatos del PRI necesitan que la elección vaya como las anteriores, participación abajo del cincuenta, con porcentajes de los independientes como marcaron las encuestas, diez, quince por ciento.

El resultado electoral depende de la gente, desde luego, no hay acarreo que aguante una participación extraordinariamente alta. Pero escéptico del poder ciudadano observo, con los resultados anteriores y las encuestas publicadas en el curso de las campañas, que radica más en los partidos.

La presente elección, excepción hecha de los independientes, no es diferente a otras. Es poca la gente que se levanta a las urnas con el fin de votar por tal o cual candidato, por el simple hecho de que le gustó o desagradó el adversario, por convicción cívica. Es nuestra realidad ciudadana.

Con todo, lo conmino a que se presente este día con su mejor sonrisa en la casilla, entregue su credencial de elector, recoja las cuatro boletas y tache el nombre del candidato que a su juicio es el mejor o el menos malo; o vote pensando en su interés personal, por razones de conveniencia ciudadana, contra el candidato o gobernante que le cae gordo. Si decide quedarse en casa o salir con la familia de paseo, hágalo, está muy en su derecho y mis respetos.

No importan sus motivos, cada uno tendrá el propio para ejercer su derecho ciudadano de la manera en que mejor le parezca. También eso importa e importa mucho, sentirnos dueños de nuestra libertad, libres para tomar nuestra propia decisión, cualquiera que ésta sea, conscientes de nuestras acciones y seguros de lo que hacemos y las consecuencias que ello implica.

Yo por mi parte, y con toda la weba del mundo, saldré a votar. Maldito domingo, y encima ley seca. ¡Mariiiiiiiiiiaaaaaaaa! ¿Ayer se acabó todo?.

lavisiondeluisfroylan.com

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