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Opinion

Valiente el mea culpa del presidente

| Martes 19 Julio 2016 | 00:23 hrs

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¿Llega tarde para recuperar la confianza?

Gobernadores ausentes en Palacio Nacional

Corral desesperado por la impugnación

P
asaron años antes de que Enrique Peña Nieto se percatara de su precaria credibilidad y las negativas consecuencias por las sospechas de corrupción, que lo siguen desde el escándalo de la llamada “Casa Blanca”, surgido en noviembre del 2014.

En aquella fecha, Los Pinos desestimó la información e intentó resolverla con inverosímiles versiones de la primera dama y sus cheques de Televisa, exponiéndola al descrédito nacional y alimentando los rumores de corrupción sin límite.

Después sus asesores pretendieron sepultarlo con el nombramiento de Virgilio Andrade, renunciado ayer, en la Secretaría de la Función Pública, cuyo objetivo principal era abrir una investigación sobre el inmueble, investigación que obviamente resultó igual de ridícula que las explicaciones de la señora Rivera.

Quizás a Peña no le informaban sobre sus porcentajes en popularidad, francamente en picada con el treinta por ciento de aprobación, nivel que no ha tenido ningún otro presidente del país, porque hace poco todavía permitió que los senadores de su partido publicaran una iniciativa anticorrupción descontextualizada de los intereses nacionales, rechazando la llamada propuesta tres de tres, que por cierto hasta el final quedó fuera.

No obstante Peña hizo una observación de lo aprobado por el senado, remendándola para darle mayor solidez, hasta que por fin ayer presentaron en Palacio Nacional lo que pomposamente llaman “Sistema Nacional Anticorrupción”, del que el senador panista Roberto Gil Zuarth dijo que “no lo tiene ni Obama”, parafraseando a López Obrador con los aviones presidenciales.

Al fin Peña entendió que debería hacer intentos serios por revertir la caída de su popularidad y reencausar su administración. Para lograrlo necesitaba dar pasos en firme, lo que hizo ayer.

Por eso su esposa Angélica Rivera anunció un acuerdo con el grupo Higa, para levantar la reserva de dominio de la polémica propiedad, que tenía a su favor.

Quizás HIGA le restituyó el dinero como si la hubiese comprado nuevamente, pero el hecho –para efectos públicos- envía una señal sincera sobre la determinación presidencial de recomponer las cosas en el espinoso caso de la corrupción.

Paralelo a la acción de entregar la casa, el presidente se traga su orgullo y pide perdón en público. No hay antecedentes de un hecho de tal naturaleza, recuerde que la cultura, en política mexicana, es que los cocodrilos vuelan, aunque sea bajito, si lo dice el presidente y que las horas se marcan a voluntad presidencial: ¿Qué hora es? La que usted diga, señor presidente.

Por lo mismo tiene valor enorme la pública aceptación de culpabilidad. Con facilidad denuestan a Peña y hasta se burlan de él; pero su declaración de ayer muestra a un presidente valiente. Es muy difícil para cualquiera reconocer errores y admitirlos en público, más cuando quien lo admite es nada menos que el Presidente de la República.

Su discurso no tiene desperdicio: “Este asunto –el de la casa blanca- me reafirmó que los servidores públicos, además de ser responsables de actuar con todo derecho e integridad, somos también responsables de la percepción que generamos con lo que hacemos y en esto reconozco que cometí un error… en carne propia sentí la irritación de los mexicanos. La entiendo perfectamente. Por eso con toda humildad les pido perdón… este error afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza del gobierno… con toda humildad les pido perdón, les reitero mi sincera y profunda disculpa por el agravio y la indignación que les causé”.

El escándalo surgió en noviembre del 2014, casi dos años de tumbos con explicaciones absurdas desgataron al presidente y a su gobierno. Si Peña hubiese hecho lo anterior hace año y medio, él mismo y en consecuencia su partido estarían en mejores condiciones frente a los mexicanos.

¿Es tarde para recuperar la confianza de la gente? Sólo el tiempo lo dirá y las dos elecciones próximas –el estado de México el año que viene y la presidencial del 2018- será su prueba de fuego. Por lo pronto no hay que regatear el valor de su mea culpa, en el fondo y en la forma luce sincera, si un discurso presidencia admite tal calificativo.

Es curioso que los gobernadores no hayan sido invitados al evento, siendo de amplia importancia, pues ahí estuvo reunida la clase política del país, incluido el gabinete legal y ampliado, ministros de la Corte, buena parte de senadores y diputados, además de presidentes de partido, con excepción de Ricardo Anaya, del PAN.

Pero en cuanto a los gobernadores, varios de los cuales necesitan pedir más disculpas que Peña, sólo asistieron Graco Ramírez de Morelos y Gabino Cué, presidente de la CONAGO.

El mensaje que envía hacia las entidades federativas es fuerte, especialmente porque el Presidente y la cúpula de su partido están convencidos de que perdieron las elecciones pasadas a causa de los fuertísimos señalamientos de corrupción de varios mandatarios estatales.

No hay duda, para que el evento de ayer tenga aplicaciones prácticas, será necesario que las acciones de limpieza empiecen en los estados donde sus gobernadores fueron señalados como sujetos proclives a la corrupción. De otra forma las disculpas presidenciales podrán ser muy sinceras, pero huecas en cuanto a resultados.

Javier Corral muestra enfado y desesperación por la impugnación, no porque sospeche que lo enviarán a una segunda elección, sino porque le impide formalizar la relación institucional con el Gobierno Federal y de pasada complica más la de por sí confrontada transición.

Los plazos fatales para que el Tribunal local se pronuncie vencen el 31 de julio, es decir muy pronto habrá una sentencia al respecto y asumiendo que den la razón al PRI, dado el compromiso de los magistrados con el gobierno actual, el caso llegaría al TRIFE, que resolvería, a más tardar, el 15 de septiembre, 20 días antes de que inicie la nueva administración.

Como usted observará, el tramite es para largo: de irse hasta la instancia federal y agotar los tiempos, consumirá prácticamente todo el tiempo de inter-gobierno, generando mayores ausencias y vacíos de poder. Sí, Corral tiene motivos para el enfado, pues no ha podido disfrutar plenamente de su victoria.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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