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Opinion

El síndrome de la Penca

Luis Froylán Castañeda | Domingo 18 Septiembre 2016 | 00:13 hrs

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La Política da Weba

En los setentas altos un grupo de investigadores hizo un experimento, en campo, con una familia de chimpancés. Buscaban comprender su comportamiento intentando a su vez explicar ciertas conductas humanas.

Uno de los ejercicios aplicados consistía en dar cada mañana un plátano a los 20 changos que componían la familia –corrección, miembros del objeto de estudio, no me vayan a crucificar los defensores de los animales por llamar chango a las criaturas del señor- hasta generar el hábito en la familia completa, de modo que cada uno fuese por su desayuno.

Así lo hicieron durante días sin que hubiese problemas. Durante las mañanas entregaban su plátano a cada chango, acostumbrándolos a ser pacientes, seguros de que les llegaría su turno.

Reinaba el orden, todo era armonía, pues los inteligentes primates sabían que cada uno tendría su parte, sin hacer absolutamente nada para ganársela. Así permanecieron hasta que los investigadores cambaron las reglas y una mañana en lugar de ofrecer un plátano a cada uno, dejaron la penca completa en medio del grupo.

Lo que vieron a continuación no les sorprendió: la armonía reinante anteriormente se convirtió en caos, peleando unos contra otros por el botín, dispuestos a quedarse con todo sin compartir. Olvidaron al instante los hábitos aprendidos sus primos hermanos mayores. Como era también obvio, el chimpancé mayor monopolizó la penca y comió hasta saciarse, resuelto a dar cuenta del banquete sin compartir.

Antes de julio cinco nadie se reconocía panista, al contrario, ponían las cruces al partido, diciendo que se trataba de una pandilla de vendidos al poder o mojigatos jugando al político honesto. No les veían futuro más que de paleros.

¡Oh cambio repentino! Desde que Javier Corral ganó la gubernatura en Chihuahua vivimos en una sociedad de panistas conversos, acólitos redimidos por la gracia de las urnas, sin más propósito que sentirse parte de los ganadores o asociarse con los hombres del poder.

Hoy en las platicas de café se escuchan el “yo siempre supe que Corral ganaría, es un joven brillante, hará mucho por el estado” “Ojalá que meta a César en prisión, pero quién sabe –lo justifican por adelantado- Peña Nieto lo puede frenar”. “Ahora si tenemos gobernador, eso de los hermanos son puros cuentos, yo los conozco y son muy buenos muchachos”…

Estamos en la temporada alta de Muerto el rey, Viva el rey. Tras el radical giro de la fortuna sólo Fermín Ordóñez, el inocente Carrete y los cinco directores que junto a él rompieron el pendejometro suponiendo que podían voltear la elección de rector en la Uach, son fieles a Duarte. Hay que reconocerles, eso se llama lealtad a toda prueba.

Antes trataban a Marco Adán, Eloy García, Teporaca Romero, Heliodoro Araiza de ingratos y pobres diablos por desafiar a Duarte, hoy por lo bajo empiezan a decir que tenían razón, que los maltrató innecesariamente. Los tiempos cambian.

Mi amigo no es panista nuevo, tampoco priista y mucho menos de Morena. Si por obligación hay que ubicarlo en algún casillero, diría que pertenece a la categoría de “puro cabrón”.

Por herencia paterna era cuate de Manuel Bernardo Aguirre, sin embargo en razón de los caminos retorcidos de la vida, hoy platica de política con Mario Tarango –actualízate hermano- Aún así prefiero mantener su nombre a resguardo, no vayan a indisponerse contra él por la analogía del PAN y los changos.

Además, para citarlo correctamente tendría que regresar en la historia hasta los minoicos, del mítico rey Minos en torno al cual se teje la leyenda del minotauro. Es ir muy atrás en el tiempo y francamente me da weba recuperar la historia.

El caso es que los panistas, lo mismo viejos que nuevos conversos, acólitos y oficiantes, están como los chimpancés de aquella familia: Durante 18 años recibieron conformes y en armonía su plátano, pero cuando la sociedad les puso la penca completa a su disposición, sobrevino el caos y la discordia.

En la pasada elección ganaron el gobierno, las alcaldías mayores incluida la capital, el Congreso, los cabildos, en la Universidad hicieron tablas. El pastel a su disposición es tan grande como el de una quinceañera chipleada por se hija única.

Antes estaban como el huérfano de padre que imploraba a la madre diciendo tengo hambre, tengo sed, tengo frío y el padrastro cruel le respondía, vez, tienes todo y aún así te quejas. Hoy, efectivamente, tienen todo y aún así se despedazan por la dirigencia del partido.

Los grupos se plantan en torno a la presidencia de su partido, cuidando a sus espaldas la penca de plátanos; unos afianzados en gobierno, otros en la alcaldía y el Congreso.

Vistos así están peor que los changuillos del estudio, pues no tienen una sino dos pencas, hay suficiente para todos, aún así pelean sin escatimar insultos, como primates por el único plátano suelto: la presidencia del Partido.

La nomenclatura de la Triple M se consuela diciendo que Javier Corral tendrá un gabinete tan plural, pero tan plural que hasta panistas incluirá. Pretenden explicar que los relega por sus amigos de la izquierda. Tienen razón, la próxima administración no será del PAN, sino enteramente de Corral y eso hace una gran diferencia en forma y fondo.

Por su parte Javier y sus consejeros más exaltados consideran al M3 impuros. Están seguros que cohabitaron con el enemigo, dejándose maicear sin importarles que su acuerpamiento con el poder iba en detrimento del partido.

Entre los maiceados apuntan a Maru Campos,  la que según ellos recibió cantidades ingentes de dinero proveniente de la corrupción representada en César Duarte, mismo origen del dinero que sirvió para hacer la guerra sucia a Corral.

Basado en esos antecedentes, sus diferencias son irreductibles, pues además incluyen entre los maiceados a César Jáuregui y a Mario Vázquez, nada menos que los otros dos pilares del M3.

Supongo que la discusión entre ellos es tan compleja, que pasa por garantizar la reelección –o la candidatura- de Maru Campos, suavizar el celo fiscalizador de Miguel Riggs, instalar a Mario Vázquez en el Congreso, dentro de dos años y en general respetarse los espacios de unos y otros.

Demasiado optimismo si piensan que Javier cederá, su historia acreditada que se trata de una persona de rencores permanentes. Cruz Pérez Cuéllar, hoy fuera del PAN, y Luis Villegas Montes, entre muchos otros, pueden dar testimonio de tal severidad.

Otro de corazón compasivo compartiría con ellos la penca, una vez instalado en el trono olvidaría las ofensas a condición de que le rindiese pleitesía y jurasen por sus muertos más frescos que jamás levantarían su espada contra él. Javier no, nunca perdonó a su querido compadre, Cruz Pérez Cuéllar, menos perdonaría al eje del M3.

Si quieren un acuerdo necesitan entender que solo pueden construirlo bajo los términos del nuevo Tlatoani o arriesgarse a ser blanco de su ira. Además no tienen de otra, pensar que los delegados respetarán su antigua línea para hacer ganar al candidato de su grupo, es como no conocer la debilidad humana, todos quieren estar con el ganador y ese ganador se llama Javier Corral Jurado.

Hagan una vuelta por los comités municipales, verán que de ir a la elección no los trae todos consigo, como suponen. Si Mario Vázquez hiciese una introspección sincera concluiría que dejó más dolientes que agradecidos.

Sin asumirme panista converso, Dios me libre, o revestirme con falsos galones de opositor histórico, yo también tomo mis providencias y me instalo en la dinámica de Viva el Rey.

Empiezo por aclarar que cuando decía que Javier Corral es un engreído sin más futuro político que la tribuna legislativa, cuya soberbia intelectual lo hacía suponer que no lo merecemos, pensando en ser más listo que los demás, hablaba de Corral el senador, jamás diría algo así del Corral gobernador, jamás. Ajá.

Hay diferencias, el senador era un engreído pensando en que el sol salía únicamente para él, un redentor con ínfulas de sabelotodo; el gobernador en cambio un hombre mesurado, bondadoso, de mente preclara y devoto ciudadano.

Ni yo me la creo, Javier es el mismo Javier de siempre, en gobierno hará lo que le venga en gana, sabe que no ganó por su partido, sino que la gente votó por estar opuesto a César Duarte.

Por lo mismo dice y machaca que llega sin compromisos y en ese “sin” incluye a empresarios, a la estructura de su partido, empezando por Mario Vázquez, a periodistas.

Tiene razón, como la mayoría supuso que perdería, se mantuvo al margen de su campaña. Ese pequeñito detalle le permite los desplantes contra sus compañeros que hoy detentan el poder en partido. El M3 lo sabe muy bien, también sabe que ni entregando la presidencia del Partido recibirán el perdón, por ese pintan su raya.

Tampoco es el fin del mundo para ellos, cinco años pasan volando y si hacen las cosas correctamente con Maru Campos, hasta podrían hacer el milagro de arrebatarles gobierno. Recuerden y confíen, unos son los que entran y otros los que salen, la política está llena de redentores en desgracia. Bonito consuelo, dirán, sí, pero no tienen otro.

Lavisiondeluisfroylan.com

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