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Opinion

Un reclamo a Chihuahua

Luis Froylán Castañeda | Domingo 02 Octubre 2016 | 00:43 hrs

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La Política da Weba

Con todo el mérito de Corral, García Chávez y Sergio Valles, sin regatearles absolutamente nada, en el enfrentamiento contra Duarte concedo más valor a Marco Adán Quezada y a Lucía Chavira.

Al final de su mandato, los gobernantes suelen invocar a la historia como la única y más autorizada instancia para valorar y calificar su trabajo. La historia me juzgará, dicen con un dejo de frustración y arrogancia, suponiendo que pasarán la complicada criba del tiempo.

A dos días de abandonar el cargo César Duarte ha resistido la tentación de apelar a la historia para que juzgue su trabajo. Decidió guardar silencio, quizás intuye que lo trataría mal. En el fondo de su corazón sabe que los chihuahuenses se hicieron de una idea negativa y deplorable de su persona y su gobierno.

Prevalece en la sociedad una percepción generalizada de que su administración estuvo dominada por la corrupción, propósitos de enriquecimiento, desprecio a las instituciones, perversidad en su trato contra los adversarios y un toque  de autoritarismo próximo a la dictadura.

Esa percepción no es de un servidor, en su enorme mayoría la gente así lo ve y no solo en la ciudad de Chihuahua, como erróneamente supusieron sus asesores electorales, está extendida en toda la entidad. Así se lo hicieron saber en las urnas, dejando a su candidato con apenas cuatrocientos mil votos, doscientos cincuenta mil menos de lo que esperaba tener.

Desde esa derrota, que los priistas adjudican a Duarte, no a Serrano, el rumor de improperios a su persona aumenta en intensidad. Lo critican sin recato ni rubor en toda mesa de café, barra de cantina, reunión de amigos, encuentro familiar, plática entre esposos, piñata infantil, misa dominical, kermés de la parroquia, bolería, tertulia sabatina, peinador femenino, peluquería de barrio. Hablan de su corrupción y dan gracias por que ya se va.

Si, hoy es fácil descargar contra César Duarte, es un político en desgracia, derrotado y sin el coro que antes lo alababa, ahora entiende que los amigos son del cargo no de la persona, a dos días de entrega el mandato. Burlarse a costa de su persona es la forma en que el pueblo castiga a los gobernantes que a su ver abusaron del poder.

Ya no espanta a nadie, por eso lo despedazan, le perdieron el respeto, pero durante su mandato, en la plenitud de su poder, fueron pocos, contados lo que se atrevieron a desafiarlo. Políticamente fue un gobernador muy poderoso, hizo y deshizo a su antojo.

Cuando el episodio de los funcionarios que caerían como chanates, ofensa pública a sus colaboradores, la mayoría le celebró el dicho como “una ocurrencia” del ranchero ballezano. Los menos callaron y bajaron la cabeza, fingiendo que no pasaba nada.

En la plenitud de su mandato depuso a Vázquez Quintero de la presidencia del Supremo Tribunal de Justicia, para entregarla a José Miguel Salcido Ramírez, al que después relevó degradándolo a Secretario de Educación, para entregar la presidencia a su amigo Gabriel Sepúlveda. También hubo silencio.

Es decir manejaba el Tribunal como una dependencia del Ejecutivo y desde su primer acto con ese poder mostró total falta de respeto. Recuerde cuando “liquidó” a los jueces proscritos del caso Maricela Escobedo o cuando permitió que Marcelo González maltratase al rector Enrique Seáñez tratándolo como si fuese el último de sus subordinados.

Entonces lo festejaban, diciendo que sabía para usar el poder. Eran muy pocos los que elevaban la voz contra sus modos y menos los que hacían algo para detener sus excesos. Empresarios, académicos, comunicadores, obispos y sacerdotes, profesionistas, diputados, políticos del PRI y de otros partidos, voltearon hacia otro lado, fingiendo que todo estaba en su sitio.

De la misma forma en que hoy lo reprende, la sociedad entera guardó silencio durante los tiempos de su gloria.

Hubo algunos, contados, que públicamente disintieron y otros que intentaron contenerlo. Entre ellos hay que apuntar al hoy gobernador electo, Javier Corral, se distinguió entre los legisladores de oposición por esa conducta critica que asumió desde un principio.

El hecho de que fuese senador del PAN no le resta méritos, pocos en su partido y otros que se suponen de oposición alzaron la voz. Al contrario, confraternizaron felizmente con el que hoy condenan. A la postre Corral capitalizó a su favor el encono social contra Duarte. Hoy es el gran ganador.

A pesar de esa lucha tesonera del entonces senador, concedo más mérito a Jaime García Chávez. Enderezar la demanda por el Banco Unión Progreso, sostenerla y llevarla hasta sus últimas consecuencias es digno de reconocimiento. No digo si tiene o no razón, el merito está en atreverse donde otros callaban.

Cuando César estaba en la plenitud de su poder, Jaime sorprendió al gobierno y a medio chihuahua con esa demanda, misma que la PGR sigue investigando y de la que después se colgó Javier Corral y los otros miembros de Unión Ciudadana.

Que lo manipularon alimentando su ego de histórico detractor, que Reyes Baeza le dio los documentos a través Tarango, que lo hace porque siempre ha sido un radical opuesto a todo estado de derecho. Por lo que haya sido, lo hizo y ese gusto nadie se lo quita.

Incluyo también a Sergio Valles, director de un modesto canal local de T.V que se convirtió en uno de los medios más seguidos por los chihuahuenses, precisamente por cubrir profusamente la demanda de García Chávez y ser la voz opositora más consistente contra Duarte.

Podrán decir que se atravesó por que no le quisieron comprar publicidad al precio que fijó, que no le quedaba de otra siendo que su medio agonizaba, que lo hizo confabulado con Javier Corral. Da igual, lo hizo y es lo que vale.

Con todo el mérito que puedan tener Corral, García Chávez y Sergio Valles, sin regatearles absolutamente nada, en el enfrentamiento contra Duarte concedo más valor a Marco Adán Quezada y a Lucía Chavira, menciono a los dos por que son una pareja en todos los aspectos.

Enfrentaron a Duarte siendo que ambos pertenecían al mismo partido, no tenía obligación de ser opositores, pero lo hizo con una determinación admirable hasta el último día de la elección.

No tengo ninguna duda que si Marco hubiese sido candidato por un partido nano o bien independiente, suponiendo que no hubiesen puesto el candidato para frenarlo, ahora sería el gobernador electo y que además era el único de los precandidatos del PRI que pudo ganar la elección.

La gente reprobó el maltrato que recibió de Duarte, al punto de hacerlo un mártir social. De ir a las elecciones con semejantes antecedentes, lo hubiesen recibido con entusiasmo, no tanto por él, sino por castigar al “ogro”.

Duarte se excedió con Marco Adán a tal grado, que no le importó pervertir la mayor tragedia humana ocurrida en Chihuahua, con tal de alargar un proceso penal cuyo fin era inhabilitarlo políticamente. No buscaba cancelar sus aspiraciones políticas, quería destrozarlo.

¿Porqué? No se, hace tiempo pregunté a Marco eso mismo y tampoco supo responder. Supone que por no sumarse a la caravana de aduladores, cuando era presidente municipal. La realidad es que no había un motivo específico para explicar la feroz persecución.

Junto con Marco Adán va el reconocimiento a Eloy García y Teporaca Romero. Siendo diputados locales por el PRI, se enfrentaron al dictador sin esconderse, desde el mismo Congreso del Estado dieron una lucha política contra el gobernador de su propio partido.

Quienes entienden de política saben la enorme dificultad y el valor que se necesita para enfrentarse al gobernador en turno. Ellos lo hicieron y por eso en su partido los consideraban apestados. De diversas maneras fueron más opositores que César Jáuregui, coordinador del PAN, y Hortensia Aragón, del PRD.

Entre los amigos de Marco que dieron la cara a riesgo de indisponerse para siempre con Duarte hay que mencionar también a Heliodoro Araiza. Llevó la defensa jurídica magistralmente, frustrando la inhabilitación que preparaba el Congreso. Se las ganó todas a los abogados de la mayoría priista.

Marco Adán y ellos pueden hoy mirar de frente a la gente y decir que no se doblaron frente al poder de quién hoy es considerado por muchos chihuahuenses el gran corrupto.

Con el enemigo en desgracia, demandado penalmente, derrotado y abatido, su entereza los deja en situación política inmejorable. Ellos actuaron, mientras la mayoría en su partido celebraba o se sumaba al linchamiento. A la distancia, su conducta adquiere gran valor.

Junto a ellos coloco a Víctor Valencia y Jorge Esteban Sandoval, su oposición es menos emblemática, pero tampoco se doblegaron al poderoso. Igual menciono a Reyes Baeza, reviró cuantas veces Duarte intentó asociar a su gobierno con la deuda, pretendiendo responsabilizarlo del actual desastre económico.

Reyes está en otro nivel, es un alto miembro del Gobierno Federal, su calidad de “ex” lo coloca entre los que están más allá del bien y del mal, pero ni eso lo detuvo para revirar con fuerza cada vez que fue requerido.

También se atravesó contra Duarte por la candidatura del PRI, complicando la elección de Serrano y a punto estuvo de arrebatarle esa posición.

Faltaran otros nombres, con el “rey” en la desgracia, cada quién tiene o puede inventar una historia para justificar su conducta en los años oscuros. Imposible citarlos a todos, pero sin sobra de duda los anteriores tienen todo el derecho a reclamar esa gloria social de haberse enfrentado al poderoso. Que nadie se las regatee.

Lavisióndeluisfroylan.com

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