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Opinion

Un negocio de 2 mil millones de pesos… anuales

Luis Froylán Castañeda | Domingo 23 Octubre 2016 | 00:38 hrs

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La Política da Weba

El primer responsable del caos en el transporte público tiene nombre y apellido, se llama Juan Blanco, con él empezó la negra historia. En su campaña a la alcaldía prometió un metro para la ciudad, después matizó la oferta a tren ligero y una vez despachando como edil ''cumplió'' su palabra promoviendo un estudio de movilidad urbana. Haaaaaay Juan, tenías que ser, despertaste el apetito de la corrupción.

Reyes Baeza compró la idea de Juan, Chihuahua se rezagaba con relación a otras ciudades y una de sus debilidades era el transporte, necesitaba modernizarlo. Contrataron a “Cal y Mayor”, uno de los despachos más acreditados del mundo en materia de movilidad urbana.

En un tiempo record les presentó un proyecto bien elaborado, sin embargo había un “pero”: las organizaciones gremiales, CTM principalmente, se rehusaban al cambio. Ese detalle no fue ignorado por los especialistas, lo resolvieron proponiendo una empresa donde los socios quedasen fuera de la operación.

El negocio era enorme, calculado en cerca de dos mil millones de pesos al año, con 600 millones en las rutas tradicionales 1,350 en las maquiladoras. El 60 por ciento de los enormes caudales está en manos de la CTM, a través de organizaciones gremiales como Permisionarios, con 228 camiones Sección I, con 70 y tres o cuatro marginales. El resto lo tiene la CNOP, unos 200 camiones agrupados en Sociedad Cooperativa.

Tras las organizaciones hay hombres de carne y hueso. Zapata es dictador vitalicio en la CTM y maneja el transporte por medio de lugartenientes temporales elegidos cada tres años; Rodolfo Ordaz, al que depuso Baeza cuando la famosa requisa, Víctor Mejía que concluyó el mandató de Ordaz, Poncho Villalobos, uno de los históricos, Lupe Molina, Uber Corral, el ingeniero Ramírez, Armando Méndez y el recién reelecto Güero Lozoya.

En lo referente al transporte la CNOP es de membrete, cambian de líder y en la Sociedad Cooperativa no se dan por enterados. Hoy la maneja Juan Gómez, como antes lo hizo Raúl Sánchez y más atrás los hermanos Bejarano.

Ambos grupos son como las mafias sicilianas, repelentes entre sí pero se encuentran en los centavos, nunca tuvieron dificultades para repartirse las mejores rutas entre sus dirigentes.

Así como está de caótico el transporte actualmente, una ruta buena como Riveras de Sacramento, Nombre de Dios Ojo, Tarahumara, Circunvalación II, deja al concesionario unos tres mil pesos diarios, libres de diesel y pagado el chofer.

Durante años se dedicaron al negocio, con aisladas escaramuzas de protesta cada que pretendían aumentar el precio de la tarifa, pero siempre en orden. Se sabían parte del sistema y actuaban en consecuencia, la vaca daba para todos.

Con tales ingresos es fácil entender que no iban a entregar su negocio sólo por que a un gobernador se le ocurrió que debían modernizarse, ellos estaban muy bien con el sistema de morralla, pues las rutas menos rentables dejaban 30 o 40 mil pesos mensuales.

No obstante la decisión estaba tomada, había que modernizarlo. Reyes Baeza nombró a Carlos Carrera negociador de gobierno con las organizaciones y el arquitecto se abocó a la compleja tarea, realizando cientos de reuniones durante dos años, hasta que logró meter los gatos en el costal. De alguna forma sacó el sí definitivo de Zapata y Juan Gómez, para poner en marcha el proyecto modernizador.

Hoy está claro que Zapata cedió a la presión sólo de palabra, esperanzado en que se agotaría el tiempo de Reyes, como ciertamente sucedió. Donde falló su cálculo fue en suponer que César Duarte no lo retomaría, pero el nuevo gobernador lo hizo con toda determinación, apoyado en la convicción de que el poder es para poder.

Así, por que “yo lo digo”, César Duarte hizo suyo el proyecto que para entonces se aviejaba, convencido de que iría donde otros no se habían atrevido. Así lo promocionaron en gobierno sus voceros y él mismo alentaba la versión de que tenía pantalones para someter a las organizaciones.

Entonces Armando Méndez, líder de los Permisionarios, encabezaba el proyecto por la parte cetemista. Y a pesar de todo se puede decir que empezaron bien, siguiendo las recomendaciones de “Cal y Mayor”.

Crearon CTC, empresa en la que todos los concesionarios quedaron de socios, sin tomar parte en la operación del sistema ni el manejo de recursos, motivo de la mayor desconfianza, como en todos los negocios, más en uno con tantos socios paritarios.

¿Quién les garantizaría a los socios que recibirían su parte proporcional? Contra su instinto aceptaron lanzar una licitación pública para instalar y operar el recaudo digitalizado, las famosas tarjetas. Esa licitación la ganó “ACS Technologies”, empresa de capital francés que recibiría el siete por ciento del ingreso.

Hasta ahí todo bien, sin embargo el caos empezó casi de inmediato. Zapata metió la mano y presionó para que los primeros 84 camiones, esos que tanto presumieron y que tendrían hasta internet, los comprasen a la distribuidora local de Mercedes Benz, de Víctor Cruz, con una capacidad de 27 pasajeros, cuando la recomendación era de 60.

La insuficiencia de cupo la solucionaron a la mexicana, en la ruta troncal los camiones circulaban de dos en dos, pero aún así fueron insuficientes. Si usted recuerda uno de los primeros reclamos de la gente fue que no había camiones suficientes.

Los camiones fueron adquiridos a un precio de 2 millones 380 mil pesos, compra en la que los concesionarios desplazados ubican el primer acto de corrupción, pues los habrían adquirido con un sobreprecio de 400 mil pesos ¿Quién se quedó con el sobreprecio y la comisión? Dirigentes que estuvieron de cerca en la operación miran hacia Zapata.

Ponga usted que se trata de una “operación normal” en este querido México de corrupción institucionalizada, sin embargo y a pesar de su escasa capacidad no era determinante para el caos que llegaría al poco tiempo.

Hicieron una tras otra, el segundo gran atraco en la historia de corrupción consistió en retirar la compañía “ACS Technologies”, cubriendo una penalización de tres millones de dólares, pues el contrato se firmó en moneda estadounidense.

Cuando discutieron la forma de retirar a la compañía francesa, un testigo cuenta que César Duarte dijo “yo pago esos tres millones de dólares”. Y los habría pagado, dado que los franceses se fueron con su dinero, decepcionados de hacer trato con mexicanos, su contrato tenía vigencia para ocho años y sólo estuvieron dos meses.

La comisión del recaudo es del siete por ciento, muy apetecible por la gran cantidad que maneja. Empezó recaudando 30 millones de pesos al mes y terminó con más de cuarenta, hasta que todo se descompuso, de modo que los prestadores del servicio recibían alrededor de tres millones al mes.

¿Porqué reventaron a los franceses, pagando la penalización de tres millones? Sólo se puede sospechar que había un interés monetario de César Duarte, pues la empresa sustituta resultó siendo Xerox, que hoy reclama una indemnización de cien millones de pesos por incumplimiento de contrato.

Hasta ahí todavía era salvable el proyecto, pero reventó de plano cuando Armando Méndez dejó el liderazgo de Permisionarios, indispuesto contra Zapata y se hizo cargo el Güero Lozoya.

Lo primero que hizo Lozoya fue liquidar a los profesionales que llegaron a recomendación de “Cal y Mayor”, dos tapatíos y un poblano que manejaban Patios y Talleres y la operatividad en rutas, lo que llaman “chequeo”. Lozoya los cambió para dejar en Patios y Talleres a su hermano José y en el chequeo a su otro hermano, Jesús.

Lo que debería ser una empresa de muchos socios manejada por un equipo de profesionales bien pagados, el Güero Lozoya la convirtió en un negocio familiar apuntalado en una pandilla de incondicionales a su servicio. De esa manera, la nómina original de cincuenta personas, creció hasta cuatrocientas, una por cada concesionario.

Esa pandilla organizó un boicot sostenido durante tres años, hasta reventarlo por completo. La historia está documentada: descomponían camiones, subían pasaje sin pagar, creando sus propias rutas, cero mantenimiento hasta convertir en chatarras todo el parque, incluso los nuevos Mercedes. Terminaron por hacerse de las rutas mas rentables, aumentando ilegalmente a ocho pesos el pasaje. En esas están ahora.

En paralelo un desaseo financiero que espanta. Lozoya jamás presentó un informe financiero, nadie sabe quién opera el Fideicomiso, prestamos sospechosos de Unión Progreso, dinero ilegal de gobierno en pago a concesionarios y choferes para evitar que pararan durante las elecciones, han liquidado y recontratado dos veces a los choferes y les siguen pagando.

Crearon otra empresa en lugar de CTC, la llamaron Operadora Vivebus, separaron las rutas alimentadoras del la troncal, se deben miles de millones de pesos en refacciones, diesel, llantas, salarios, prestaciones, cuotas patronales. El caos y la opacidad personalizados.

Ya ves Juan, tu tienes la culpa por andar prometiendo lo que no se puede cumplir. Desatendiste el sabio consejo de los chinos: ten cuidado con lo que deseas y con lo que prometes.

Lavisiondeluisfroylan.com

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