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Opinion

Claro que existe un proyecto de nación, pero no para los mexicanos

Sergio Alberto Campos Chacón | Martes 10 Enero 2017 | 00:11 hrs
En memoria de los integrantes del Coro del Ejército Rojo y compañía, fallecidos en el accidente aéreo en el Mar Negro, el 25 de diciembre de 2016.

La Reforma Energética se puede revertir y sus efectos el ''gasolinazo'', si las legislaturas de los estados presentaran las iniciativas de reformas a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y leyes en esa materia, pues así lo permite el artículo 71, fracción III, de la propia Constitución Federal.

¿Por qué no se pronunciaron a tiempo?, ¿Por qué hasta hoy no han promovido esas reformas?

Que responda cada diputado local y el partido político al que pertenecen.

El gobernador y el Pleno del Supremo Tribunal de Justicia también tienen facultad de presentar iniciativas de leyes ante el Congreso del Estado, y pueden hacerlo para que la legislatura apruebe la propuesta al Congreso de la Unión y éste revalore y modifique las reformas constitucionales, y leyes secundarias.

Por eso los estados son soberanos, y no entro al debate si el concepto es autónomos o soberanos, cito otra vez, jurídica e históricamente, que primero fueron los estados y después el gobierno federal.

Hace 31 años me decía un ameritado general de división, que me distinguió con su amistad hasta su fallecimiento, que México perdería su soberanía y estaría perdido, cuando otra nación tuviera a su disposición cerrar las llaves de suministro de hidrocarburos o bajar el “knife switch” para cortarnos la electricidad, y que evitar esos extremos era el deber del gobierno y del pueblo mexicano.

Sin embargo, la conclusión es que con esos propósitos, cuidadosamente planeados antes del TLC, ahora agonizan Pemex y la CFE, ambos vinculados al “gasolinazo”.

¿Qué sucedió? Que los gobiernos nacionales paulatinamente se apartaron y abandonaron los principios del Estado Nacional Revolucionario contenidos en la Constitución de 1917, de amplia justicia social, para dejar que las fuerzas económicas productivas fundamentales actuaran libremente, sin la vigilancia y tutela por el Estado de los derechos de las mayorías.

Tal vez si el Gral. Lázaro Cárdenas presidente, hubiera inclinado su interés por el Gral. Francisco J. Mújica y no por el Gral. Manuel Ávila Camacho, como candidato a la presidencia de la república, México habría afianzado aquéllos principios.

Por décadas, la población mexicana dio por hecho, que sus gobiernos federales y estatales no permitirían que la potestad estatal fuera neutralizada y sustituida por grupos financieros directores de producción de bienes y servicios.

Grave equivocación; cierto es que cuestiones como la educación pública, laica, gratuita y obligatoria, servicios de salud, carreteras, presas, canales de irrigación, universidades públicas, la prevalencia del Estado Laico, reparto de tierras y consolidación de Ferrocarriles, Pemex y CFE fueron objeto de singular atención con objetivos a largo plazo para superar carencias, pero pronto resultaron infectadas por el virus de la corrupción económica, política y moral, e impunidad, en expansión mortal.

Era evidente que esos virus impedirían la planeación económica y dirección de producción de esos bienes y servicios para construir un estado mexicano sólido y soberano efectivo a favor de todos, en el que el sector privado vio matices socialistas y opuso sistemáticamente; sólo ellos y para ellos cuanto sea posible obtener, a contra punto de la distribución justa y masiva popular del producto interno bruto.

Los mismos opositores al estado consistente, y que impulsaron la tesis económica liberal, fueron absorbidos por empresas extranjeras poderosísimas, se aliaron o sumaron a ellas, o de plano fenecieron.

Tengamos presente que entre tanto las universidades públicas aplicaron sus recursos en formar profesionistas, en términos generales, para atender a la población, la investigación científica era meramente formal, menos pensar en investigación científica pura o aplicada, esto lo hicieron las universidades e institutos tecnológicos extranjeros, salvo la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional en algunas áreas.

Se traicionó el proyecto de nación social mexicana que registró la Constitución de 1917, y dejó que lo diseñaran desde el exterior transnacionales, gobiernos, organismos, uniones y agencias especializadas en la economía y la política.

Por eso no es de extrañar el “gasolinazo”.

La postura del gobierno de Enrique Peña Nieto es que la orden es caminar no al parejo de la gran economía neoliberal, sino a la zaga y en retazos, ya que no se vislumbra una industria pesada mexicana, investigación científica seria, tecnología de avanzada que compita con los emporios industriales de los países desarrollados; seguimos siendo una nación agrícola casi primaria y altamente manufacturera o maquiladora.

Claro que sí hay un proyecto de nación, pero ya no es nuestro, ni queda en nuestras manos; sus propósitos y destinos los dictan desde afuera, y ello es bien sabido por los empresarios que a tiempo y con visión se asociaron con los consorcios extranjeros, pactaron, se aliaron.

En relación a las respuestas esperadas de la sociedad civil y su futura conducta colectiva en defensa de sus derechos sociales o particulares, cito a Ernesto Villanueva en su artículo “El gasolinazo”: ¿saldrán los mexicanos de su letargo histórico? (Proceso 2017. P. 42): “Los estudios sobre el carácter del mexicano no me ayudan ya a entender por qué somos como somos. Por qué ante el agravo reaccionamos con resignación… La tolerancia social al atraco es tan elástica que revela problemas básicos de cultura cívica. Esa conducta adaptativa parece no corresponderse con los datos objetivos de la realidad… Tal vez, ingenuamente, queremos salvar a una sociedad que no quiere ser salvada ¿Será?”.

Esa reflexión nos vuelve a El Ogro Filantrópico y El Laberinto de la Soledad, de Octavio Paz, a las opiniones de Elena Poniatowska, Denise Dresser o Carlos Monsiváis, y no menos de Catón o el Filósofo de Guemes y tantos más que escriben de la forma de ser del mexicano, su humor negro, la falacia de que se ríe de la muerte y multitud de cosas chuscas, trágicas o dramáticas de los muchos México que existen, para meditar en el desprendimiento colectivo de lo sustancialmente nuestro, y aceptar la permisividad de la invasión cultural y mentalidad psicosocial de lo ajeno.

¿Un pueblo cohesionado e identificado con su historia no traicionada? El ruso, por ejemplo; el cubano, el chino, el vietnamita.

Los rusos llaman a la Segunda Guerra Mundial, la Gran Guerra Patria; murieron 20 millones de rusos; 8 millones soldados, el resto, población civil.

Si hubiera sido México, Antonio López de Santana y otros más actualmente, entregaría media Rusia (cuando menos) a los nazis, pero el dirigente era José Stalin, quien, sin detalles de cómo condujo la defensa y gobierno soviético, organizó a la población civil y el Ejército Rojo, con la mayor disciplina, arrasaron a los nazis y tomaron Berlín el 1 de mayo de 1945.

Sugiero ver, sin prejuicios, en Internet el Desfile de la Victoria del 9 de mayo de 2017, en la Plaza Roja de Moscú; la gran mayoría de los jóvenes y niños rusos, ahora, tienen como ascendiente a un soldado soviético que combatió al nazismo, para ellos guardan respeto, admiración y sienten gran compromiso para con la patria rusa.

Eso une ahora a Rusia, reasumió poder bélico, económico y político, influencia mundial con equilibrio multifacético, cierto que rodeada por la OTAN, y el escrutinio de los Estados Unidos, pero con tal capacidad bélica, estratégica, de movilización táctica y consciencia nacionalista, que el bloque occidental se mantiene neutralizado.

Vladimir Putin es un líder respetado y admitido por el pueblo ruso; opinan los analistas internacionales que es el líder que el imaginario colectivo y de respeto a la historia de Rusia, que la población requería para reafirmar la conciencia comunitaria rusa.

En el curso de la Segunda Guerra Mundial, Mao Tsé Tung, en China, acordó con los Estados Unidos de América y sus aliados y el propio Chiang Kai Shek, su enemigo mortal, unirse para combatir a los japoneses en el Pacífico y liberar a China de la ocupación que Japón inició a mediado de los años treinta.

Chiang Kai Shek se iría a Taiwán, a gobernar hasta su muerte. Y así lo lograron, unidos los contrarios, alcanzaron la victoria contra el fascismo y el nazismo en el mundo.

Estos ejemplos enseñan o describen los motivos que unifican a los pueblos, receptores de esfuerzos colectivos de tal magnitud que se heredan por generaciones, no se rompen, al contrario, consolidan y trascienden, a menos que los gobernantes los traicionen.

Xi Jinping, presidente de la República Popular China, no recibe insultos, gritos de repudio, vulgares e injurias como Enrique Peña Nieto.

¿Sabe usted que China tiene dos millones de soldados?

Sé que es complicado ejercer el poder y el gobierno, por la infinidad de requerimientos de una población, pero si son atendidos de buena fe, con criterios de justicia social, humana y hablar con la verdad y consulta, o se tiene clara y verificable la percepción popular, es factible satisfacer las necesidades nacionales bajo el principio de distribución justa de bienes y servicios; parto del supuesto de la presencia del Estado con perspectiva de respeto a los derechos humanos, permítaseme, derechos humanos eficaces y tangibles a la salud, la educación, la justicia y el trabajo.

No sé con precisión cómo se llevan a cabo las actividades sociales, económicas y políticas en Rusia y China, pero por la presencia mundial inocultable, en todos los ámbitos, me parece que la solidaridad social, humana, laboral, educativa e ideológica, los conserva como pueblos integrados y copartícipes en términos del bien común más elevado.

El asunto pues, del “gasolinazo” seguirá la ruta que se fijó por los dueños de los hidrocarburos a nivel internacional; que Pemex y la CFE se extinguirán, toda vez que así está contemplado en el proyecto de nación que extramuros se tiene perfilado para México.

Sin duda que emergen contradicciones sociales, económicas e incluso ideológicas en los pobladores mexicanos, reclamos, gritos, mentadas de madre y lo que quiera añadir, pero no vislumbro variables al enorme problema colectivo que en lo económico se avecina.

Habrá mesas de trabajo, análisis sociales, y demás, pero lo toral ya se definió y avanza sin retraso.

Enrique Peña Nieto está solo en lo ideológico mexicano en Los Pinos, nada más custodiado por el Estado Mayor Presidencial, pero tiene al apoyo inconmensurable de los beneficiarios mexicanos o no, del proyecto de nación que construyeron para todos nosotros como proveedores.

En ese esquema, la elección presidencial de 2018 será definitiva, en lo definitivo, diría yo, para determinar qué va a ser de México en los años próximos: proveedor de insumos, hidrocarburos, mano de obra barata, pobreza, miseria, autómatas laborales, etc., o haremos un alto en el camino, valorar la situación y retomar veredas nacionalistas y de atención social verificable, justa.

Los legisladores federales y las mismas legislaturas de los estados deben reformar las leyes electorales, en base al artículo 71, fracción III, que mencioné arriba, para que en las campañas se ofrezca a la población electoral un proyecto de nación nuestro, específico, de nación soberana, no mensajes abstractos positivos obvios, no sonrisas del diablo, acciones y actitudes de campaña denigrantes de la inteligencia media, ofensivas.

Y tan se necesitan esas reformas, que los eventos institucionales de los años recientes, dicen que ya no importa la nación con desarrollo social, sólo en apariencia, en el discurso que ya choca, ofende como burla cínica.

Cuántas veces los expertos especialistas electorales, en sus conferencias y sesudas disertaciones avalan el sistema electoral mexicano: ahí está la ley, es igual para todos. Que el pueblo decida en las urnas, es cierto, en lo formal, en lo real, la manipulación, el engaño y la inducción.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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