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Opinion

Lo que no es transparente es opaco: Güemes

| Miércoles 11 Enero 2017 | 00:23 hrs

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El factor Esparza ¿Que hacer con el auditor?

Dowell contra los pocos militantes activos

Recupera gobierno 172 millones de Duarte

A
leccionador y encendido el discurso del gobernador Javier Corral sobre la transparencia, ayer en el salón 25 de Marzo, digno de aplaudir su entusiasmo y contenido teórico.

Bienvenida la rendición de cuentas, es lo que toda la sociedad exige como uno de los instrumentos más eficaces contra una casta gobernante y rapaz cebada en la corrupción que domina el decadente sistema político mexicano.

Entendible que el gobernador ponga énfasis en el tema de los medios, se define a sí mismo como el primer gobernador periodista en la historia de Chihuahua, olvidando a Silvestre Terrazas, editor del “Correo de Chihuahua”.

Nimios los detalles históricos, Corral conoce el medio desde adentro, puede opinar con autoridad. Excelente que abra los contratos con medios, pasados y presentes. Si además agregan un apartado que distinga a las organizaciones periodísticas que llevan décadas ejerciendo el periodismo y las que surgieron al amparo de la corrupción, haría un favor a la sociedad.

Es muy saludable que abran esa información de par en par, de preferencia acompañada de datos que corresponda a la realidad, observación a propósito de información francamente falsa que su vocería hizo circular en medios nacionales. Lo que es y como es.

Sin embargo hasta la escrupulosa veracidad importa poco, preferible el exceso a la mordaza, a final de cuentas la verdad termina imponiéndose. De mayor trascendencia y salud para su administración y satisfacción social, sería que no haga distingos en otras áreas de gobierno. Todas por igual.

En honor a su vocación democrática y transparente, cualquier gobernante que busque credibilidad social debería empezar por su casa, su persona, su oficina. Lo recoge el dicho, el buen juez por su casa empieza.

Para evitar opacidades, siga su política transparente colocando en su página las bitácoras diarias de vuelo, acompañantes, viajes al extranjero, la lista completa de proveedores,  prestadores de servicios, constructoras y sus contratos detallados, porcentajes de comisión de empresa que asigna la publicidad, gastos en seguridad personal, celulares, vestimenta y lo que hoy duele, gasolina, pago en asesores locales y nacionales, presupuesto para medios nacionales, nómina confidencial y partidas secretas.

Los datos anteriores y los de su administración, todos por igual. Ábralos sin restricciones y lo mismo en secretarías, direcciones generales, direcciones, departamentos. Si la administración es una caja de cristal, no puede tener cuadros polarizados nivel cien que no dejen pasar ni los rayos del sol. Lo que no es transparente es opaco, dijo el filósofo de Güemes.

También excelente que los presupuestos en materia de comunicación no sean tomados como “la zanahoria o el garrote” discurso repetitivo del gobernador; zanahoria cuando se portan bien, garrote cuando mal. Y mucho menos que sean usados como culto a la personalidad. En acuerdo total, es lo que pedimos los medios profesionales de la entidad.

Sin embargo el discurso hay que hacerlo coincidir con los hechos; en el primer número de “Cambio 16”, semanario oficial del gobierno, aparece dominando ampliamente la portada un Javier Corral en posición de oración o contenida indignación frente a la placa de Marisela Escobedo, imagen a la que sólo faltaba la aureola de santo. ¿Eso no es culto a la personalidad? Recuperen el número y respóndanse. O su predilección por un canal televisivo local, beneficiado con información de primera mano y publicidad de gobierno.

Sobre democracia y transparencia no se teoriza ni se platica, se practica.

Jesús Esparza se convirtió en tema central de la mayoría legislativa al inicio de año, o mejor dicho desde que el diputado Jorge Soto presentó una denuncia contra el auditor general, amigo personal de Duarte, a finales del año pasado.

El tema no es si sale o permanece, la decisión de pedirle la oficina está tomada. Sin embargo se sabe que el líder de la mayoría panista, Miguel Latorre, no quiere dar un paso en falso que comprometa legalmente el delicado movimiento.

Tiene razón Latorre:  a Esparza le faltan dos años para concluir el cargo y forzarlo en una estrategia apresurada y sin fundamentos legales o acuerdos políticos que lo hagan entregar en buenos términos, el Congreso se arriesga a un periodo de litigio que podría prolongarse más allá del tiempo que le resta.

Jesús es irascible, para trabajar en el sector público tiene la piel más sensible que las asentaderas de un bebé, pero en esta no tiene mucho para dónde hacerse, ya que es uno de los grandes perdedores en la pasada elección.

Una salida pactada sería lo mejor para él. ¿Entenderá que su tiempo concluyó o se aferrará siguiendo indicaciones de su antiguo patrón, como llamaba a César Duarte? En los próximos días o semanas se develará la incógnita, pero Jesús haría bien en retirar sus objetos personales de la oficina que Duarte arrebató, por las malas, a Sérbulo Lerma.

A memo Dowell le gana lo juarense, porque dejarse arrastrar en programas de cháchara política contra miembros activos de su partido, refleja una ausencia de madurez política y sentido de la responsabilidad de partido.

El todavía presidente del PRI no se percata que su tarea como dirigente es contribuir a la unidad del partido, en lugar de condenar o desautorizar a militantes que promueven corrientes críticas al PRI corrupto representado cabalmente y a mucha honra por César Duarte.

El PRI se desmorona como castillo de arena alcanzado por las olas y ellos mismos lo llaman tsunami;  el señor dirigente se da el lujo de insultar y denostar a compañeros de partido, como si en estos momentos estuvieran en jauja.

Inaudito por el momento de crisis que sufren. Dowell sigue cargando sobre su espalda al muerto en descomposición, simulando que huele a rosas. Vaya dirigentes.

En medios nacionales informaron que la PGR regresó a las arcas estatales 172 millones de pesos que presuntamente se habría robado Duarte. Tranquilos, nadie lance vivas, se trata de Javier Duarte, el fugado de Veracruz;  al Duarte de Chihuahua nadie se ha dignado tocarlo ni con la tersura de un citatorio ministerial, el señor sigue campante y sereno viendo como el gasolinazo desvió los reflectores que antes se posaban sobre su rostro. Suertudo, la agenda mediática dio un giro a su favor. ¿Hasta cuando lo arropará la suerte? Esa pregunta deben responderla Corral, César Jáuregui el “exbueno” y Peniche, nadie más.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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