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Opinion

Secuela del gasolinazo

Armando Sepúlveda Sáenz | Jueves 12 Enero 2017 | 00:25 hrs
PERISCOPIO

Los días transcurridos de enero han puesto en evidencia algunos elementos de la problemática y del contexto del llamado gasolinazo –en realidad, aumento de los precios y tarifas en diversos combustibles y electricidad-, lo que dio lugar a diversas manifestaciones de malestar activo e incluso destructivo en algunos sitios de la república. Los hechos mostraron que existía y existe un exceso de ideología y muy poca información objetiva y relevante sobre las causas y situación que explica la decisión de los incrementos señalados; segundo, el rol tan importante que pueden jugar las  redes sociales en manos de provocadores. Tomadas las acciones de control por la autoridad local, los grupúsculos perdieron su eficacia. Obviamente, no son expresiones espontáneas ni desorganizadas; tercero, la incapacidad de actuación oportuna de las autoridades fue manifiesta; cuarto, los “inconformes” organizados están desorientados en cuanto a información tanto como los manifestantes en redes y los manifestantes en campo; quinto, la administración gubernamental federal aún no atina a desarrollar una campaña de información que responda a las principales interrogantes que surgen de las medidas de aumentos en precios; sexto, los legisladores federales han mostrado una vez más que no cumplen con su función al aprobar las leyes de ingresos ni son capaces de controlar la ejecución de sus decisiones. No es un fenómenos nuevo, esta actitud irresponsable se les reprocha de tiempo atrás; séptimo, el debate apenas inicia. Deberá tomar fuerza con el nuevo periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión, la vuelta de vacaciones del personal del Gobierno Federal y los centros de investigación de las universidades y la recuperación de las actividades normales de las organizaciones de la sociedad civil. Octavo, el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar cocinado por el Gobierno Federal con la participación de las principales fuerzas productivas tiene la posibilidad de evitar en buena medida la anticipación de expectativas inflacionarias.

Se sigue insistiendo en que el motivo principal de las movilizaciones es el incremento de los precios de los combustibles. En el pasado, los incrementos eran verdaderamente espectaculares aunque en la mayoría de los casos eran dosificados a través de un ejercicio fiscal. Pero remontémonos a períodos gubernamentales más recientes en que los aumentos de precios se habían moderado. Con Salinas, la gasolina Nova –la popular- estaba a 50 centavos de los nuevos pesos al comenzar el sexenio y concluyó a 1.30 pesos. El incremento fue equivalente a 160 por ciento. La Nova desapareció a finales de 1997 y la Magna la sustituyó como gasolina popular. Con Zedillo arrancó en 1.35 y terminó en 5.27 pesos por litro. El aumento fue de 290 por ciento. Con Fox, el incremento, durante el sexenio fue de 25.4 por ciento. En el sexenio de Calderón, el incremento fue de 55.5 por ciento y la Magna terminó en 10.80. Considerando los incrementos de enero, en este sexenio se acumula en el precio de la Magna es de 47.9 por ciento. El próximo 4 de febrero se aumentará en 8 por ciento, con lo cual el alza acumulada será equivalente al incremento en el sexenio de Calderón. El gasolinazo es la consigna política que han logrado colocar a través de las redes sociales los instigadores mercenarios y los ingenuos que les hacen el juego propalando todo tipo de mensajes pretendidamente noticiosos o consignas. Los paleros, ingenuos unos, otros no tanto, se  han lanzado a participar en todo tipo de eventos, legales e ilegales, a partir de su sentido malestar por diversas razones que conforma el caldo de cultivo en donde se siembra y exacerban los sentimientos más cavernarios de los inconformes. En esta tarea, los provocadores han tenido un gran éxito. En contrapartida, las autoridades se han visto incapaces de neutralizar a los provocadores con acciones oportunas – desde octubre se aprobó la Ley de Ingresos que contemplaba el alza de precios- por todos los medios de comunicación.

Como lo ha observado en su reciente informe sobre México la Organización Económica para la Cooperación y el Desarrollo Económico, el gobierno se había tardado para terminar con el subsidio a los precios de los combustibles. Esta medida aunque dolorosa en términos de nuestra adicción a los combustibles fósiles y por el menoscabo a nuestro bolsillo, tiene la virtud de reducir un incentivo perverso, que obligará a racionalizar el consumo de combustibles con dos efectos principales: reducir la contaminación o cuando menos aminorar el crecimiento de ésta y liberar recursos para financiar gastos con impacto social y económico.

El siguiente episodio de presión desde la oscuridad que permiten las redes sociales, debe darse con el próximo incremento del 4 de febrero.

A los medios de comunicación les cabe la obligación de informar sistemáticamente sobre los hechos y su contexto y no sólo para dar la nota de los eventos auspiciados por los manipuladores. Tal vez el Gobierno Federal ya haya aprendido para entonces la lección y tenga definidas las medidas de contrainteligencia para neutralizarlos. Y finalmente, que sea capaz de instrumentar medidas efectivas para evitar incrementos injustificables de precios de los bienes de la canasta básica.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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