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Opinion

Alcoholímetro en lugar de fotomultas

| Miércoles 22 Febrero 2017 | 00:29 hrs

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Muy socialités ediles independientes

Dowell, ejemplo extremo de fidelidad

Uach, adopta a un catedrático faltista

 A
sí empezó el ábaco mágico de Jaime Herrera, ideando cualquier forma de hacer crecer los ingresos estatales con cargo al ciudadanos. Cancelado por presión social el negocio de las fotomultas –de cada peso ochenta centavos iban al prestador del servicio, ya sabe usted quién- antes de terminar el primer bimestre del año, Arturo Fuentes Vélez encontró la forma de sustituir esos ingresos con el infalible alcoholímetro.

Lo anunció el gobernador antes de partir a su “valiosísima y muy necesaria para el futuro de Chihuahua” misión China. Corral se puso como ejemplo para justificar la medida, recordando su episodio con el Torito en la ciudad de México, cuando lo detuvieron por conducir en estado de ebriedad, en marzo del 2015.

El famoso alcoholímetro siempre ha sido una medida polémica, pues no inhibe a conductores ebrios, tampoco lo hicieron las fotomultas, pero indudablemente sirve como eficiente y segura medida recaudatoria. Falta que para seguir el ejemplo completo, pongan también su “torito”.

Aumentaron la revalidación vehicular –aunque lo han negado en el discurso oficial con diversos sofismas, en los hechos se fue de 900 a 1,230 pesos- ahora implementan el alcoholímetro. Nada mal para empezar, sólo no se les haga costumbre cargar de impuestos y contribuciones a los propietarios de autos, busquen alternativas creativas y menos coyunturales que graven más a los que más tienen.

Una recomendación ciudadana: Con las placas pintadas del azul panista, eviten cambiarlas cada año, es una molestia y además ni siquiera las entregan a tiempo porque siempre les faltan. Pero si de plano deciden sustituirlas con propósitos de recaudo, se agradecería la sinceridad de comentar los verdaderos motivos para que la gente pague sin necesidad de volverlas a cambiar. Hasta el costo de los metales se ahorran, los propietarios de autos están como los taxistas, no son dueños de las placas, pues cada año deben pagar la renta.

La fidelidad de Memo Dowell a César Duarte pasará como una de las historias políticas más desconcertantes de la era posrevolucionaria y se cuentan en miles. Su conducta revindica un propósito de ir “hasta la ignominia”, siempre que en el viaje lo acompañe el exgobernador cuestionado.

Ahí va el buen Memo, deambulando entre restaurantes, oficinas públicas y organismos electorales cargando al muerto insepulto –los despojos del PRI tras la derrota- confundido como una madre sin resignación ante la desgracia de su hijo, que en lugar de recogerse a vestir luto, presume entre sus parientes y amigos a la desdichada criatura como si estuviese sana y coloradita.

Duarte debe poner un monumento de Dowell en la plaza central de Balleza, con su réplica en el rancho el “Saucito” y otros de la región, citándolo como ejemplo de la mayor fidelidad imaginable a un proyecto desacreditado y un gobernador en desgracia. Es digno de admiración, si la causa fuese otra, el monumento debería estar en la explanada interna del PRI.

Hasta su patente de notario pueden retirarle, pero Memo no se quita, con estoicismo sigue cargando a su criatura, despreocupado de arriesgar patrimonio personal, prestigio profesional y comprometer a su familia. Aguas Memo, recuerda que Corral, Madero y Jáuregui son de rencores permanentes.

El calor de una reunión con los diputados federales de su partido y el coordinador parlamentario, César Camacho, adversario de Duarte, es insuficiente para el apoyo que hoy necesita Dowell. Un “qué se ofrece” nunca está de más, pero encarrerados los de Palacio para quitarle la notaría es otra cosa.

Esos mismos diputados, todos, son beneficiarios de la operación política que, a pedido de Duarte, hizo Dowell a fin de llevarlos a San Lázaro. ¿Dejarán el apoyo en una palmadita de espalda, su apapacho y que les vaya bien? El asunto es que no pueden hacer mucho más. Piensen en el monumento, algunos de esos legisladores lo alientan a seguir paseando el muerto soñando en que un día podría revivir.

Tómense un tiempo para gobernar, abran un espacio en sus agendas para atender los asuntos prioritarios de la ciudad: tapar baches, recoger la basura, contener la violencia, mover a los directores que hagan su trabajo. ¿A qué hora gobiernan el municipio los ediles independientes si permanecen de gira?

En promedio Armando Cabada ha ido más veces a la ciudad de México que Javier Corral, lo cual es mucho decir. Cuando no está en reuniones con el Bronco u otras figuras públicas de la vida nacional, pasea por Juárez en actividades de estricta socialité. Los malos ejemplos cunden, al verlo, Lozoya de Parral también eligió el camino de la faroleada.

Ayer los recibió Miguel Ángel Mancera, el jefe de gobierno del Distrito Federal y probable candidato del PRD, lo que ha quedado del partido después de la inagotable sangría morenista. Los recibieron a mediación de Hortensia Aragón, la más duartista de todos los diputados duartistas.

Cabada tiene un severo problema de inseguridad en Juárez, protegiendo inexplicablemente a Sergio Almaraz y Lozoya no ha logrado asentarse en la oficina, ahora con el riesgo de sufrir el efecto cucaracha, por la incursión de la Policía Estatal en los seis municipios que componen el corredor del crimen.

La campaña pudo llamarse “Fierro contra los maestros fantasmas”, entendiendo por fantasmas a los que sólo van a clases cada inicio de curso y regresan hasta los exámenes finales. Por lo visto el mal endémico de la Facultad de Derecho alcanzó otras unidades académicas, obligando a que la rectoría estimule a los alumnos para denunciar a los maestros faltistas.

También le pudieron poner “Salva el semestre, adopta un maestro faltista”, el caso es contener la epidemia que compromete la calidad académica en la Universidad. Más sencillo, póngales un prefecto –como en bachilleres y secundaria- o checador digital y cada que falten descuéntenles las horas.

Hay algunos verdaderamente alérgicos al gis, quieren tener el estatus de catedráticos universitarios sin pararse jamás en clase. Ojalá el rector Fierro se ponga enérgico en serio, ese mal lo padece la universidad desde los tiempos en que daba clases el maestro Ferro Gay en Filosofía, por cierto uno de los más cumplidos.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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