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Opinion

Azul, el color de la novela es azul

Luis Froylan Castañeda | Domingo 12 Marzo 2017 | 01:30 hrs

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La política da Weba

Mi resto por un amigo

En agosto del 2011 un joven y resuelto diputado, de profundo y vibrante discurso, compareció en el Sexto Congreso Nacional de Organismos Públicos Autónomos, realizado en la bella Mérida.

De vuelta, en su mesa de trabajo, ordenó las ideas y por escrito ratificó su posicionamiento ante los congresistas: ''Me he pronunciado por saldar una deuda que el Congreso de la Unión tiene con la sociedad mexicana en materia de trasparencia y acceso a la información pública: dotar de plena autonomía constitucional al Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales... pues me parece esencial concluir con el ciclo de absoluta independencia de ésta institución con los poderes de la Unión'', firmó en su entrega dominical, Rotafolio.

Pasó el tiempo y sin dejar de postular sus convicciones democráticas y de respeto a las instituciones, particularmente la transparencia, ese joven e impetuoso diputado se hizo senador de la República y después gobernador de Chihuahua.

Se trata de Javier Corral, un político cuajado en la más alta tribuna del país, campeón de los círculos más progresistas y famoso por su capacidad histriónica, se regodea en la retorica. Los intelectuales de izquierda y los comunicadores más próximos a López Obrador lo adoran. Es un panista diferente, de hondas convicciones democráticas y antisistémico, dicen de él sus aduladores.

Su conducta de gobernante es menos glamurosa que su fama de orador sin tacha y demócrata por convicción. No es como se mira al espejo. El 25 de enero pasado César Jáuregui, secretario general de gobierno, citó a su oficina de Palacio a Rodolfo Leyva, presidente del Instituto Chihuahuense de Acceso a la Información, para pedirle expresamente que firmase el nombramiento de Ricardo Gándara como Secretario Ejecutivo del organismo, aclarando que se trataba de una orden del gobernador.

Era el primer final en una larga telenovela que incluye episodios de amistad, poder, rebeldía, sin sabores, venganzas y malquerencias cuyos protagonistas son los personajes más encumbrados del reinante poder azul, los empoderados de éste Nuevo Amanecer que pretenden vendernos como guión de lo social, transparente y democráticamente correcto, siendo incapaces de hacer corresponder sus palabras con los hechos.

Antes de ir a la cita en Secretaria General, Leyva recibió innumerables mensajes y amistosas conminaciones en el mismo sentido; nombrar a Gándara Secretario en Ichitaip. Esos mensajes fueron enviados desde la misma Secretaría de Gobierno, la oficina mayor del PAN y el Congreso local.

Jáuregui, Miguel Latorre y Fernando Álvarez previamente intentaron, sin éxito, hacerlo entrar en razón pidiéndole hasta el hartazgo avenirse a los deseos del gobernador.

¿Porqué la firme negativa de Leyva al nombramiento de Gándara, a sabiendas de que se indisponía con un gobernador y la clase política de su partido? Aquí es dónde empieza la novela.

Ricardo Gándara, esposo de Stefany Olmos, contralora del estado, ambos amigos personales de Javier Corral, compitió para consejero del Instituto de Transparencia, con tan mala fortuna que, por obra del teléfono descompuesto, quedó evaluado en el lugar once, por lo tanto descartado para el cargo, pues la presidenta del Congreso y los coordinadores parlamentarios, entre ellos Latorre del PAN, prometieron públicamente que los comisionados transparentes surgirían de los primeros diez mejor evaluados.

Trágame tierra ¡Cómo que lo dejaron fuera de los diez! ¡Era el destinado a la presidencia! Pues si, quedó marginado y por lo tanto incapaz de competir, en consecuencia había que buscarle otro espacio de privilegio donde desarrollase sus dotes profesionales ¿Cuál? el mejor después de los comisionados, la Secretaría Ejecutiva, oficina por donde pasa toda la información.

Como deseo del gobernador su nombramiento debió transcurrir terso, sin problemas. No obstante se atoró entre la politiquería y los chismes palaciegos ¿Por qué?

Otra aspirante a comisionada, Mónica Sofía Soto, tampoco resultó electa a pesar de que ingresó a la exclusiva lista de los diez ¿Qué relación guarda Mónica Soto con Ricardo Gándara? Pues doña Mónica es comadre y subordinada –Trabaja o trabajaba en la Contraloría- de Stéfany Olmos, Secretaria de la Contraloría y esposa de Gándara.

Desde la Contraloría y en evidente complicidad con la Secretaria, su comadre, presumiblemente estimulada por el esposo de Olmos, Mónica enderezó un recurso legal impugnando el nombramiento de Rodolfo Leyva como presidente del Instituto. Quería bajar a los nuevos comisionados.

O sea, mientras la comadre y subordinada impugnaba al presidente con la complicidad de Gándara, los liderazgos formales del PAN exigían para el esposo de Olmos y amigo entrañable de Corral, el puesto más importante del organismo transparente. No me toquen los cojones, como dicen los españoles, por un lado me mortifican y por otro quieren que les entregue el control del instituto, razonó Leyva.

Pues no y mil veces no, dijo un tozudo e impoluto –así se conduce- Rodolfo Leyva. Mantuvo la negativa frente al mismo gobernador, es famoso el episodio entre él y Corral y al terminar el informe de Julio César Jiménez Castro, como presidente del Tribunal, a finales de enero pasado rompió lanzas.

El efímero diálogo de desencuentro entre él y Corral quedó gravado y circuló en redes:

“Felicidades, gobernador, por su discurso sobra la autonomía de poderes” dijo Leyva saludando a Javier Corral, quién sin darse por aludido soltó el tema de su interés.

“Estoy muy preocupado por ese asunto”

El otro no se inmutó y respondió con un ambiguo “Lo dialogamos”.

Respuesta que desde luego no satisfizo a Corral, así que atacó directo “¿Va a cumplir?” El tuzudo de Leyva salió con otra ambigüedad, ésta legaloide “En la Constitución” dijo sin comprometerse a más. Desconcertado por las irreverente respuestas, Javier preguntó ”¿Qué significa eso?” y por respuesta recibió un lacónico

“Muchas gracias, señor gobernador”.

El episodio en el Centro de Convenciones entre Corral y Leyva fue el segundo final de la confrontación. No había más arriba, lo mismo que dijo a César Jáuregui, Fernando Álvarez Monje y Miguel Latorre, Leyva repitió ante Javier: la constitución, a eso me atengo.

Hay otros ingredientes que sazonan la telenovela. Alejandro Leyva, hermano del “constitucionalista” Rodolfo, sirvió los primeros tres meses en el staff de asesores de María Eugenia Campos. Uno de sus trabajos era redactar discursos de la alcaldesa.

En esas estaba hasta que su hermano contrató a Marina Baca, amiga y confidente de Maru hasta que, por motivos personales, se distanciaron poco antes de que Doña Maru asumiese el cargo de alcaldesa.

La destitución es fulminante, contratas a mi examiga y yo tengo en la nómina a tu hermano, váyanse al diablo los dos, sentenció la al alcaldesa. Y como la hebra se revienta por los más delgado, Alejandro perdió el trabajo, generando una confrontación entre su hermano y la influyente presidenta.

Así es como Rodolfo se indispuso contra los personajes más influyentes en la política doméstica: A Corral lo mandó destemplado y hasta le puso un cuatro, evidenciando sus pretensiones con Gándara, hizo enojar a Maru refugiando a Marina en el Ichitaip y a Jáuregui, Álvarez Monge y Latorre ni en cuenta los tomó. En todo momento ignoró sus ruegos de cumplir con los supuestos compromisos.

Es la desgracia política de un panista que desafió a los personajes mas empoderados de su partido, el jueves pasado los comisionados transparentes lo destituyeron de presidente. Impugnará y todo lo que sigue, pero su realidad política es la de un rebelde sin perspectiva de futuro.

En el fondo es ganador, su conducta desafiante exhibió el rostro dictatorial de un falso defensor de las instituciones y la división de poderes; la hipocresía de un supuesto adalid que postula la transparencia como modo de vida siendo que notablemente opaco.

No es la opinión de un periodista enojado con el actual gobierno al que no le dan dinero. Son hechos, en la primera oportunidad que, como gobernante, tuvo Javier Corral para saldar la deuda con los organismos de transparencia, puso el interés de su amistad por encima de las instituciones.

Con lo sucedido en el Ichitaip el jueves pasado, Javier Corral pierde toda credibilidad, es final final de la telenovela llamada “Poder y Transparencia”, donde los malos se salen con la suya. Si, en este guión el malo es Javier, no por ejercer su poder metaconstitucional, todos los hacen.

El punto es que se promociona como una señorita que llegará virgen al matrimonio, la recatada del barrio que no entrega su tesorito sin llegar al altar, pero recibe a cuanto fulano toca su puerta trasera, cuidando siempre de no revelar su identidad, cubriéndose el rostro como si de esa manera conjurase su indecencia.

Lavisiondechihuahua.com

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