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Opinion

No entiende que no entiende

Renata Chapa | Domingo 19 Marzo 2017 | 01:11 hrs
Imaginario colectivo

''Una paráfrasis de Ignacio de Loyola que creo que podría tener un sitio entre las máximas que tratan de la ética del trabajo intelectual: ‘es necesario suponer que todo ser humano debe estar más dispuesto a defender el punto de vista de los otros que a condenarlo. Y si no llega a defenderlo, que pregunte a los otros cómo lo entienden ellos. Y si cree que los otros entienden mal la cuestión, que argumente con amor. Si eso no es suficiente, que busque por todos los medios adecuados comprender bien a los otros y poder así coincidir en lo que su punto de vista tiene de verdadero''.

Gérard Fourez

''Cómo se elabora el conocimiento''

Cerrazón, le llaman; aferramiento, necedad, cuadratura de pensamiento, también. Así algunos llegarán a morir. Convencidos de tener la razón absoluta en tal tema y que el resto del planeta vive equivocado. Congruentes con su filosofía absolutista predican con distintos niveles de altanería, algunos con cinismo de humor fallido y otros hasta dispuestos a lanzar el puño a la primera. Entrados en el calor de su terquedad, lanzan su lema al aire: me vale madre lo que opinen los demás.

Es larga, entonces, la lista de adversarios que acarrea la radical testarudez. A quién le agrada escuchar el tono fascista de esos poseedores de verdades absolutas. Al sabelotodo que pontifica desde su cúpula y que incluso, si es corregido, retoma el señalamiento del otro, pero para repetirlo aderezado ya con su estilo y dando la impresión de que fue de su cuño. No entiende que no entiende.

Si alguien sostiene no haber caído jamás en la obcecación es, también, no entender que no entiende. Defender una postura, una creencia, un dato que es considerado válido es parte de la comunicación. Es pilar de la interlocución y de la logicidad cuando es entablada una conversación. Es parte de la dialéctica. Pero de esto a rechazar por sistema otras voces, incluso la interna cuando advierte la presencia de otra perspectiva “enemiga”, existe una importante diferencia. ¿Por qué, entonces, no entender que no entendemos? Soberbia, egolatría, desinterés, pereza, miedo, quizás, combinados con, evidentemente, desinformación.

Y es que, tal como lo señala Gérard Fourez en “Cómo se elabora el conocimiento” (Ed. Narcea, Madrid, 2008), el ser humano es constructor de conocimiento. Por rimbombante que parezca, todos practicamos a diario la “epistemología”, reparando -- y no-- en la majestuosidad del acto. “Cuando explicamos a los niños cómo observar, cómo probar una proposición, cómo resumir un artículo, hacemos epistemología; verificar si un método es correcto o estudiar la psicología cognitiva es también epistemología. Se podría proponer una larga lista de temas que esta disciplina estudia (y que utilizan otras ramas del saber). La crítica de una información, la puesta al día de presupuestos, la manera en que el saber está dividido en disciplinas, la distinción entre un juicio de valor y una descripción, las aproximaciones interdisciplinarias, el papel de los expertos, la distinción entre la química, la biología y la física, la manera en que una ecuación representa un fenómeno, la manera en que un novelista estructura su obra, la manera en que un crítico de cine resume una película, todo eso se relaciona, de cerca o de lejos, con la epistemología”(p. 10).

El individuo sabe y siente el poder que le confiere ser constructor de conocimientos. Pero igualmente tiende a creer que sólo su voz tiene voto. Unas veces es consciente de su terquedad; otras, pudiera ser la mayoría, habla por hablar. Defiende por defender. Critica por criticar. Adula por adular. Maltrata por maltratar. Convencido de que su lectura del mundo es La Lectura del mundo. No le gusta guardar el sabio y necesario silencio para escuchar y revisar otras percepciones, incluida, como ya fue dicho, la de la otra voz interna que vaticina peligro y recomienda cautela. Como lo más probable es que encuentre en su paso incautos de la información, hierve el sabroso caldo de cultivo para la no contrastación de datos.

Escribe el filósofo y matemático Fourez: “La epistemología se puede estudiar como otra materia escolar, pero también vinculándola con un proyecto de liberación de sí mismo, de los otros y de la sociedad. (…)La reflexión epistemológica puede ayudarnos a comprender esa obra magnífica que son las ciencias haciéndonos, simultáneamente, más lúcidos frente a sus límites y ambigüedades. (…) Las ciencias son una producción histórica construida por humanos y para humanos; contienen posibilidades de liberación, una gran belleza estética, una notable fiabilidad, pero pueden también convertirse en mitos, ser origen de destrucción y factor de desigualdad social” (p. 10). Cuánta acidez puede acarrearnos no entender que no entendemos, que no entienden. Y cuánta paz entender los porqués del no entender que no entendemos, que no entienden, y obrar en respetuosa y fraterna consecuencia. No es fácil porque la víscera, al encenderse, compromete al intelecto. Lo cancela. Se abre paso, entonces, el impulso y defiende. Pelea. Si no obra inteligente cordura en una de las partes, la oportunidad de construir otros conocimientos y evolucionar es desperdiciada. Triunfa lo más burdo que, sin duda, también habita en nosotros: la prehistórica y elemental rudeza.

Una luz más del maestro Fourez, acompañada de la invitación a la lectura de su texto, “Cómo se elabora el conocimiento” que si bien está catalogado dentro de los libros académicos, su estilo expositivo es consecuente con su propuesta didáctica para entendernos y entender a los demás, en la mayor medida posible. “Reconocer la diversidad de los puntos de vista no implica nivelarlos, ni suponer que sean equivalentes. Se trata de saber y reconocer que nuestra visión depende del lugar desde donde miramos y que es propia de cada individuo, incompleta y parcial. Está en relación con lo que nos da sentido (nuestras creencias, nuestros presupuestos, nuestros proyectos, nuestras heridas sicológicas, nuestro medio social, etc.). Está también ligada a nuestro cuerpo, que impone limitaciones a nuestra manera de ver” (p. 17).

La humildad epistemológica, plataforma de la grandeza humana, es clave para desarrollar el entendimiento que marca –rotundamente-- la diferencia en nuestra calidad de vida. Necesita libros. Necesita otras voces. Necesita práctica. Necesita, sobre todo, amor.

@RenataChapa

[email protected]

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