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Opinion

La vieja Francisca y la leyenda de Atlacomulco

Luis Froylán Castañeda | Domingo 28 Mayo 2017 | 00:50 hrs

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Atlacomulco es uno de los 125 municipios del Estado de México, hoy registra una población que ronda los cien mil habitantes, pero iniciando la década de los cuarentas era un pueblo semiurbano con apenas 20 mil vecinos.

De aquel caserío salió Isidro Fabela para convertirse en uno de los políticos y diplomáticos más importantes del país y gobernar el Estado de México entre 1942 y 1945. De no ser por aquel gobernador heredero de los viejos y corrompidos revolucionarios, pocos fuera de los mexiquenses conocerían la existencia del pueblo.

Hoy en todo el país identifican su nombre, Atlacomulco, con el grupo político más poderoso que haya existido en el país, después de los “sonorenses” que ganaron la Revolución, encabezados por los compadres Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón.

Como toda organización mítica, Atlacomulco tiene su propia leyenda. Cuentan que en 1940, doña Francisca Castro Montiel, vidente del pueblo y ascendiente de Arturo Montiel Rojas, convocó a los notables del municipio para anunciar la más importante de sus visiones.

Reunidos en un solar reveló su profecía: “seis gobernadores saldrán de éste pueblo. Y uno de ese grupo compacto llegará a ser Presidente de la República”. Mágica la reveladora visión ¡Seis gobernadores y un presidente del país surgidos de un pueblo con sólo veinte mil habitantes!. Wow, los notables, emparentados entre sí debieron quedar con la boca abierta.

Es lo que dice la leyenda, sin embargo la verdad se ajusta más a la visión de un político inteligente que supo crear una estructura de poder en torno a su gobierno y hacerla trascender más allá de su mandato, cuyo fin era proteger y acrecentar los intereses políticos y económicos de los aristócratas mexiquenses, amenazados usualmente por los gobiernos centrales. Después la mitificó con la leyenda.

Sin embargo aquella visión se ha cumplido tal y cual trascendió, por eso causa intriga entre quienes la conocen. Originarios del pueblo han sido los gobernadores Isidro Fabela, fundador y primer patriarca del grupo, al que los mexiquenses tienen en tanta reverencia que pusieron su apellido al nombre oficial del pueblo: Atlacomulco de Fabela.

Los otros cinco son Alfredo del Mazo Vélez y Alfredo del Mazo González, padre e hijo, y completan la sexteta Salvador Sánchez Colín, Arturo Montiel y Enrique Peña Nieto. Todos en su momento precandidatos a la presidencia, Alfredo del Mazo estuvo a punto de alcanzarla, pero a la postre le ganó Salinas y Arturo Montiel perdió la interna contra Madrazo.

Otros políticos pertenecientes al grupo han gobernado el Estado de México, sin ser originarios del pueblo: Jorge Jiménez Cantú, Mario Ramón Beteta, Ignacio Pichardo Pagaza, Emilio Chuayffet, César Camacho, Arturo Montiel. Desde Isidro Fabela hasta hoy, es imposible que alguien sea gobernador en ese estado, sin aval de la poderosa cofradía.

Pero ninguno tuvo los alcances de Carlos Hank González, su más destacado líder después de Fabela, impulsor de su época más brillante, creador de modos y estilos de hacer política que trascenderían a todo el país.

Hank González nació en Santiago Tianguistenco, otro modesto pueblo donde su familia vendía dulces de leche, forma en la que se ayudaba en su precaria economía. Muy joven se trasladó de Santiago para estudiar la normal rural en Atlacomulco, donde ejerció de maestro y conoció a Isidro Fabela, cambiando así su vida para siempre.

No fue Presidente de la República sólo por que su padre era un inmigrante alemán, pero consolidó la obra de Fabela hasta crear un emporio económico al amparo del poder político, sintetizado en su frase más célebre: un político pobre es un pobre político. Lo decía alguien que nació y creció acompañado de la pobreza, hasta convertirse en uno de los empresarios más ricos del país.

Con Hank González el grupo maduró y se consolidó como la organización política más poderosa del país, con ramificaciones en todos los estados. Cualquier político mexicano entre los años setentas y noventas quería formar parte de Atlacomulco.

Ni durante la mejor época, de Hank González,  pudieron instalar a uno de los suyos en Los Pinos. Validaron la leyenda cuando Enrique Peña Nieto, heredero de sangre y gentilicio del grupo, llegó a Los Pinos, hace sólo cinco años, cumpliendo la profecía de que “uno del compacto grupo sería presidente de la República”.

A la distancia surgen dudas y temores sobre la revelación de la vieja Francisca. Quizás recibió la visión incompleta o se guardó para sí “la maldición” que conllevan esas revelaciones cuasi místicas, evitando inquietar a sus oyentes con que llegando a la Presidencia el último de los seis, el grupo quedaría disuelto o entraría en decadencia.

Hoy compite por la gubernatura uno de sus herederos de más rancia tradición, Alfredo del Mazo Maza, nieto de Alfredo del Mazo Vélez e hijo de Alfredo del Mazo González, dos de los seis gobernadores originarios del pueblo.

Quizás los tranquilice saber que el tercero de la generación nació en Toluca, no en Atlacomulco y por lo tanto estaría conjurada la supuesta maldición. Pero siendo uno de la más noble cuna, puede válidamente ser incluido entre los seis del grupo compacto.

No hay que ser analista agudo ni conocedor de la historia política en el Estado de México para darse cuenta de los aprietos de Atlacomulco para ganar la elección del próximo domingo.

Tienen para ese propósito la Presidencia de la República a su servicio y llevan de bandera a uno de sus integrantes de sangre más pura, sin embargo la elección está en el aire.

Durante 60 años, tres generaciones, monopolizaron el ejercicio de la política, pusieron, vetaron, elevaron e hicieron caer a decenas de políticos. Sin embargo hoy sufren para colocar en el gobierno a uno de los suyos.

No pronostico la derrota de Alfredo del Mazo, sigue siendo el candidato a vencer, los recursos económicos, políticos y logísticos son inimaginables para darlo por perdido.

Me hace reflexionar que estando en la cima de su poder, el grupo sufra lo indeseable para sostenerlo, siendo que compite contra una modesta “maestrita”, como gusta llamarse a sí misma Delfina Gómez, candidata de Morena al gobierno del Estado de México.

En otras épocas y circunstancias Delfina ni siquiera hubiese soñado en competir, menos contra uno de los “Delmazo”. A lo más estaría feliz con la dirección de una secundaría suburbana. Hoy en cambio su nombre los llena de temor.

Entiendo, no es Delfina la causa de los apuros, el verdadero competidor se llama Andrés Manuel López Obrador, la maestra en todo caso representa su mejor instrumento en la presente coyuntura, para consolidar otro escalón en su larga campaña por la Presidencia de la República.

De la misma manera en que López Obrador es coordinador y apoyo electoral de Delfina, Peña Nieto es de Alfredo del Mazo, desplegando los bastos recursos económicos y humanos del Gobierno Federal a favor de su campaña.

Los candidatos de oposición suelen usar con frecuencia el concepto “Elección de Estado”, para justificar su derrota. Intentan explicar así que el gobierno en turno intervino ilegalmente con todo su poder para definir el rumbo de la elección.

Por lo regular se trata de justificaciones ordinarias y poco creativas de malos perdedores, pero nunca en la historia de las elecciones en cualquier entidad federativa del país, se acomoda mejor el término para definir unos comicios locales.

En esa elección están metidos los mayores intereses políticos del país: Peña Nieto y la estructura del gobierno; el PAN y sus diversas corrientes, cada uno con propósitos personales y únicos; el PRD a través de sus tribus que se acomodan según los vientos predominantes en el momento; los empresariales más fuertes de México; y desde luego el tabasqueño con su naciente estructura de partido.

Todos confluyen en el estado de México y sabemos el motivo: el PRI juega su resto intentando mantener un capital mínimo que le competir por la presidencial en 2018; López Obrador afianzar la supremacía popular que lo hace ser puntero; Margarita Zavala y Felipe Calderón responsabilizar a Ricardo Anaya del fracaso de Josefina Vázquez Mota; y el PRD busca su permanencia como partido con registro.

Sin darse cuenta se mueven en torno a la profecía de la vieja Francisca ¿La convertirán en maldición o los hijos de Atlacomulco recibieron en secreto el conjuro mágico que inmuniza ante derrotas?

Entre conjuros, brujas y profecías se decide la suerte del país. Maldita weba, un volado sale más barato.

Lavisiondechihuahua.com

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