• Domingo 24 Septiembre 2017
  • 8:07:01
  • Tipo de Cambio $17.25 - $18.05
  • 19°C - 66°F
  1. Domingo 24 Septiembre 2017
  2. 8:07:01
  3. Tipo de Cambio $17.25 - $18.05
  4. 19°C - 66°F
  5. Siguenos en Facebook - eldiariodechihuahua.mx
  6. Siguenos en Twitter - eldiariodechihuahua.mx

Opinion

Ideas pesimistas sobre la corrupción

Daniel García Monroy | Domingo 16 Julio 2017 | 01:03 hrs
Vivimos en un perfecto laboratorio generador de neuróticos corruptos. Demasiada información nos desorienta. Demasiada comida rápida-chatarra nos engorda y enferma. Demasiada violencia nos hace indiferentes al sufrimiento. Demasiados caminos al éxito fácil nos frustran. Demasiadas ofertas de felicidad ficticia nos deprimen. Nos hemos convertido en perdidos pollinos avanzando hipnotizados por la zanahoria de la riqueza material hedonista, colgada enfrente de todos por el publicitario capitalismo salvaje.

Lo más humano se abarata y pierde su valor. Se abarata la educación acortando los tiempos para aprender igual nada. Un solo examen para acreditar nivel básico y bachillerato, (chingao, para qué me pasé 18 años de mi vida en escuelas, perdón). Carreras seudo profesionales brindando certificados “avalados por la SEP”, a cinco horas por semana de “estudio” en seis o cuatro semestres. Desperdiciar tiempo en las aulas con maestros que no enseñan, ya no es necesario para obtener los nuevos títulos nobiliarios de la modernidad ignorante. Con pagar colegiaturas es suficiente. Ya no hay barones, condesas, príncipes; la nueva nobleza que separa entre la masa se nombra ahora: licenciada, master, doctor. Y como en la antigüedad los títulos se compran y se presumen en marcos de oropel, que ocultan la animadversión a la lectura, a la reflexión, al aprendizaje autodidacta diario, que debería ser la educación real en su mejor concepción.

Todos corriendo en una competencia interminable entre semejantes desesperados ¿para ganar qué? La respuesta no es factor, no importa. Lo único es sentirse realizado en la búsqueda de lo material efímero-desquiciante-aburrido, cuando se obtiene y se posee. (Busca el puesto público y su gran salario, más margen de maniobra para negocios ilícitos; que nunca te detenga tu discapacidad para solucionar problemas sociales).

La máxima es que la guerra contra nuestros prójimos no termine hasta que nos lleve al hospital, a la cárcel o al panteón. El desastre de la vanidad-egoísta-avarienta es el triunfo de la voluntad y la fuerza por sobre la razón y el amor. El instinto animal por sobre el pensamiento humano. El tener derrotando vez tras vez al ser.

La moral y la ética están en ruinas -si es que algún día construidas fueron en nuestro país-. La famosa sentencia del filosofo alemán Friedrich Hegel: “El Estado es la realidad de la idea moral”, tiene hoy un reconvertido sentido irrefutable en la trágica verdad del México actual; desangrado, estupefacto y aterrorizado, ante los cientos de muertos y desaparecidos diarios, junto a los miles de delitos ni siquiera denunciados. Porque el aforismo del pensador del siglo XVIII, revela la certeza de que el  Estado mexicano es el terrorífico reflejo de la idea de moral que existe en nuestra sociedad.

Preguntar se debe: ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? ¿Somos corruptos porque nuestros gobernantes han sido corruptos desde antes de ser nación (“hágase, pero no se cumpla”) o nuestras autoridades son corruptas porque los súbditos somos corrompibles?

¿La hipocresía humana frente a la corrupción es inevitable y entonces merecemos el castigo social de lo que nos pasa? ¿Cuántos no nos hubiéramos convertido en el César Duarte prófugo, si ante sí hubiésemos tenido la oportunidad del brutal enriquecimiento criminal del vulgar ladrón y sus cómplices?

En un pasaje de la excelente novela “Germinal” --autoría del escritor francés Emilio Zolá (1840-1902)--, cantina de escenario, un personaje cuenta, burlándose de los comprometidos dirigentes obreros, el monstruoso cambio de dos de sus compañeros sindicalistas, que peleaban solidarios por los derechos de todos sus iguales, pero que al ganar un sorteo con excesivo dinero de premio, abandonaron el movimiento social para convertirse en el mismísimo prototipo de empresario abusador, contra el que lucharon mientras fueron pobres obreros mineros.

¿Será esa la verdad no aceptada de todos los hombres? “¡Yo era comunista… hasta que me saqué la lotería!”, gritaba burlón, sentado junto a dos mujeres en su nuevo ferrari, con boina del Ché de irónico adorno, el protagonista de un comercial de la Lotería Nacional, hace un par de lustros.

Y en la historia de los antiguos guerrilleros y luchadores sociales mexicanos sobrevivientes, muchas trayectorias confirman la regla lacerante del reconocido poeta mexicano José Emilio Pacheco: “Ya somos todo, contra lo que luchábamos cuando teníamos 20 años”. ¿Corrupción? No necesariamente. Historias de vida, diferentes y justificantes. El hombre y su circunstancia, diría el filósofo español Ortega y Gasset. Mientras al remordimiento lo rescata la voz del poeta-cantante-cubano Silvio Rodríguez, “…y quiero que me perdonen por este día los muertos, de mi felicidad”.

Se argumentará con acierto: no todo es corrupción en el gobierno ni todos somos corruptos en la sociedad. De acuerdo. Pero la realidad nos sigue restregando en la cara la desilusión en la confianza al semejante que accede al poder y al presupuesto público en sus manos.

Por las tantas carpetas de investigación abiertas hasta ahora contra funcionarios felones de la pasada administración estatal, necesitamos la fe del patriarca hebreo, Abraham, para decir: “¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá haya 50 justos en la ciudad.” Al final narra el Génesis, que el desesperado Abraham, se dio cuenta que ni 50, ni 45, ni 30, ni 20, ni 10 honestos había en la administración anterior, perdón, en Sodoma y Gomorra. Dios cumplió su castigo de fuego y azufre desde el cielo arrojado, pues sólo hubo tres seres morales salvables, no más. ¿Los habrá en el pasado del tricolor, para preservar y candidatear a un posible Lot priísta y dos mujeres más?  

Se construye hoy el histórico sistema nacional anticorrupción en todo el país. Se buscan mujeres o hombres honrados-íntegros-honestos, que vigilen que nadie con poder robe el dinero de todos. Vaya monumental tarea. Lo grandioso de esos compatriotas comprometidos con la justicia y la verdad, sería que no quisieran separarse, por el dinero de sus enormes sueldos, del pueblo ciudadano común y corriente de donde provienen. Que su aspiración personal no fuese vivir y jugar golf en el campestre de cualquier ciudad.

Que pudieran, junto a sus tareas administrativas de revisión y fiscalización, seguir siendo ciudadanos luchando por un transporte público decente, por agua en las colonias populares, por parques limpios, forestados y con mobiliario utilizable para los niños. Que su lucha contra  la corrupción pudiera también quitarle por lo menos un ladrillo a las paredes del laboratorio productor de neuróticos corruptos. Luchando por la primacía del cuidado de los espacios y servicios comunitarios por los que todos deberíamos trabajar. Pesimismo: ¿nos engaña tal sueño contra el egoísmo? La esperanza vive. Porque la esperanza humana es el mejor reflejo de Dios en su infinitud.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






Estás utilizando AdBlocker D: Quizás te interese este artículo