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Opinion

El desplante de Lucha, arrogancia

| Lunes 28 Agosto 2017 | 00:52 hrs

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López Obrador su propio ''coco''

Madero trabaja senaduría VIP

Borrar cualquier rastro de Duarte

 S
e suponía que Julio César tendría su día feliz el viernes pasado, fecha de su informe. Al fin ejercería –una cosa es ser y otra muy diferente ejercer- como presidente del Tribunal de Justicia, como se dijo en columnas anteriores, sería “Presidente por un día”.

Trágame tierra, ni esa concesión, gusto o como usted quiera llamarle le dio Luz Estale Castro, consejera de la Judicatura en cuyo poder han depositado legal y fácticamente la enorme mayoría de atribuciones que antes tenía el Pleno.

Los asistentes al informe de Jiménez Castro miraban con ojos de interrogación que la señora consejera permaneciese sentada en un acto protocolario, cuando el resto del presídium, incluido el gobernador, estaba parado.

Qué sucede con Lucha, se preguntaban. Nadie fuera del primer círculo en Palacio y la Ciudad Judicial supo el motivo del desplante, pero la consecuencia práctica es que “robó” la nota del informe, aguando el día de Jiménez Castro.

Lo correcto ahí sería que hagan a Luz Estela Castro magistrada, la nombren presidente inamovible y coloquen a Gabino Gómez en la judicatura para que no haya problemas de compatibilidades o invasión de facultades.

Es una vergüenza lo que sucede con el Poder judicial de Chihuahua, sometido a una sola voluntad, que no es ni siquiera la del gobernador en turno.

Quienes lo conocen aseguran que el más grande enemigo de Andrés Manuel es López Obrador. Tienen razón, con todo para ganar en el tercer intento la presidencia de la República, por cuestiones de preferencia personal él mismo pone en riesgo su proyecto.

Claudia Sheinbaum recibió la candidatura a la Jefatura de gobierno del D.F. por Morena,  en uno de los procesos más oscuros y antidemocráticos conocidos en la vida partidista del país. El PRI jamás oculta su dedazo, pero la izquierda en torno a López Obrar intenta simularlo en falsas encuestas.

Al sentirse robado, Ricardo Monreal –por cierto compadre de Jorge Esteban Sandoval, uno de los políticos mejor formados de Chihuahua- amenazó con salir de Morena, lo que complicaría al triunfo de Sheinbaum en la Ciudad de México.

Ni Peña Nieto hizo eso a favor de Luis Videgaray en el Estado de México: sabía que la prioridad era la presidencia de la Repúblico y permitió que la candidatura quedase –hace siete años- en Eruviel Ávila, alguien sin ligas estrechas con Atlacomulco.

En estos momentos Monreal es uno de los políticos más importantes del país. Suponga, sólo como ejercicio especulativo, que acepta ir de candidato en la Ciudad de México por una alianza PAN-PRD, varios partidos nanos y fácticamente con el PRI.

Una decisión de esa naturaleza pone en riesgo la victoria de Morena en la capital y merma las posibilidades de López Obrador a la presidencia. Y no es política ficción, nadie sabe lo que hará, pero sí hay certeza de que el PRI, a través de Juan Ramón Marttel, operador de Meade, lo busca desde el jueves pasado. Juan Gabriel, el gran sabio, “pero qué necesidad”

Gustavo Madero hace bien su trabajo, cumple al pie de la letra la comisión de coordinar el esfuerzo del PAN para la Plataforma Electoral de la próxima elección. Hay que reconocerlo y hasta aplaudirlo, es un hombre que conoce bien sus prioridades.

Uno de los primeros encuentros nacionales -con la presencia de Ricardo Anaya, golpeado en los últimos días por la fortuna de su familia política- sobre la Plataforma lo realizó el fin de semana pasado en Chihuahua, intentando retomar el protagonismo nacional que tanto añora.

Quiere ser senador por la vía de la autopista, como llamó Jeffrey Jones y muy probablemente lo consiga. Todo depende de que Anaya se haga con la candidatura azul, pues si por alguna de esas razones extrañas de la política llega Margarita Zavala, que se olvide de ser senador pues no le darían oportunidad ni de jugarla por tierra.

Pero sí trabaja muy bien en su proyecto personal, en el gobierno su oficina está convertida en la mayor plataforma aérea que un gobierno conozca. El señor cobra como secretario a tiempo completo sin devengar, en absoluto, el salario que puntualmente recibe.

Sin embargo en su caso está muy bien, recuerde es de las “buenas familias” y por lo tanto está libre de pecado: cuando salen del sanitario dejan la tasa oliendo a rosas. El gobierno acaba pronto, si veinte años son nada cuatro menos, sin duda la aviaduría descarada de Madero será uno de los costos altos que pague la administración de Corral.

En el nuevo PRI la consigna es clara: borrar todo rastro de César Duarte. En ese contexto encuentra explicación la sustitución de Karina Velázquez, coordinadora de la menguada fracción tricolor hasta el viernes pasado, por Isela Torres, una experimentada diputada que ha tenido el oficio de tomar protagonismo en un Congreso de limitada personalidad.

Omar Bazán, influido y estimulado por sus pastores, tiene prisa por hacer la distinción entre el nuevo PRI y el de César Duarte, al que la gente asoció con prepotencia, abusos de poder y corrupción.

Como estrategia es correcto, tienen la obligación de guardar distancia y lo saben; su problema es trasladar ese mensaje de manera eficiente a la gente, que ve en las siglas de su partido la decadencia política, lo que obviamente los aleja del voto.

Para que sus esfuerzos tengan éxito capaz de reflejarse en las urnas -su objetivo principal-, tienen que enviar señales inequívocas de que el partido ciertamente intenta cambiar. Podrían empezar por condenar explícitamente la corrupción y hacer un mea culpa de los abusos recientes.

¿Lo harán? Difícil, no sólo Duarte es señalado de los calificativos anteriores que lastran al partido: el tema de la corrupción llega hasta lo más alto de los Pinos, es decir al presidente Peña Nieto.

Sobre el cambio de coordinadora, hay que reconocer la actitud conciliadora, al viejo estilo del PRI, observada por Bazán. Entrega la coordinación a Isela Torres, sin pisotear a Karina Velázquez, duartista de la primera hora y eso tiene su valor.

Es de reconocer los modos: Duarte sometía y acosaba a sus detractores hasta el punto de la obsesión; que hoy ofrezcan a Karina Velázquez una salida digna es un hecho refrescante en estos tiempos donde los “fregadazos” dominan la política.

gps@diarioch.com.mx

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